La letra con sangre entra…

… o ” a hostias” (pre-cristianas, por supuesto)

LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS.

Quien ama a su hijo le castiga a menudo.
Así se alegrará más tarde.
Quien educa a su hijo saca provecho de él
y se siente orgulloso de él entre sus conocidos.
Quien enseña a su hijo da envidia a su enemigo
y está satisfecho de él ante los amigos.
Fallece el padre, y como si no hubiera muerto;
pues deja tras de sí a uno igual a él.
En su vida lo ve y se alegra:
y en su muerte no se entristece.
Contra los enemigos deja un vengador;
y a los amigos, uno que corresponde con gratitud.
Quien consiente a su hijo, vendará sus heridas
y a cada grito suyo, se conmoverán sus entrañas.
Caballo no domado sale indócil,
hijo abandonado a sí mismo sale insolente.
Mima al hijo y te dará sinsabores,
juega con él y te dará tristeza.
No te rías con él, para no acabar llorando
y rechinando los dientes.
No le des licencia en la juventud
ni pases por alto sus desvíos.
Túndele las costillas mientras es niño;
no sea que, indócil, te desobedezca.
Educa a tu hijo, trabájalo bien
para no soportar sus insolencias.

Eclesiástico 30.

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