Emociones y sentimientos

En sus emociones los seres humanos son muy parecidos. En los sentimientos ya se diferencian mucho. Y en sus ideas, finalmente, son bastante diferentes. En el largo camino desde el afecto a la idea sensata hay, según parece, una libertad enorme. Los sentimientos se emancipan de la simple excitación de la emoción. Y las ideas emigran de los sentimientos, autómatas, por el mundo. Hasta aquí todo correcto. Pero sorprendentemente la mayoría de las personas se manifiestan muy constantes en sus sentimientos e ideas. Solemos emplear más tiempo en sentir y pensar siempre lo mismo que en sentir y pensar algo nuevo.

Una razón de todo ello podría ser que sólo pocas veces reflexionamos sobre nuestros sentimientos. Por qué los tenemos y por qué sentimos determinadas cosas tal como las sentimos. En ese sentido la persona burguesa trata los sentimientos como su dinero: sobre sentimientos no se habla; se tienen. La tendencia en lis programas de entrevistas de televisión a plantear siempre la misma pregunta: “¿Cómo se sintió cuando…?” lo confirma. Pues si habláramos con naturalidad sobre nuestros sentimientos no sentiríamos curiosidad por esas respuestas. En lugar de ello, sin embargo, los sentimientos son ostensiblemente el último ámbito inexplorado que nos interesa en las personas. Pues con sus ideas ya hemos ajustado cuentas ampliamente; no esperamos muchas novedades.

Richard David Precht, Amor. Un sentimiento desordenado.

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