El matrimonio.

En el primer capítulo de la fabulosa novela “Mujeres enamoradas”, las dos hermanas protagonistas tienen una conversación sobre el matrimonio fuera de todo lo “correcto”, según el pensamiento de su época.

Gudrun dijo:

– Úrsula, ¿tienes verdaderas ganas de casarte?

Úrsula dejó el bordado en su regazo y alzó la vista. La expresión de su cara era serena y meditativa. Replicó:

– No lo sé. Depende de lo que hayas querido decir.

Gudrun quedó levemente sorprendida y miró durante unos instantes a su hermana. Con ironía repuso:

– Bueno… por lo general, casarse sólo significa una cosa. De todos modos, ¿no crees que estarías- en este punto, la expresión de Gudrun se hizo levemente sombría-en mejor situación que en la que estás?

Una sombra cruzó la cara de Úrsula:

– Quizá. Pero tampoco lo sé con certeza.

Una vez más, Gudrun guardó un breve silencio, algo irritada. Quería concretar más. Preguntó:

– ¿No crees que estar casada representa siempre una experiencia?

-¿Y tú crees que estar casada representa siempre una experiencia?

Fríamente, Gudrun contestó:

– Forzosamente, en algún aspecto u otro. Quizás sea una experiencia desagradable, pero experiencia al fin.

– No lo creo así. Lo más probable es que el matrimonio signifique el final de las experiencias.

Gudrun, sentada, inmóvil, meditó estas palabras, y dijo:

– Claro, siempre hay que tener en cuenta esa posibilidad
(…)

-¿Tomarías en consideración una buena oferta matrimonial?

Úrsula repuso:

– He rechazado varias.

Gudrun se sonrojó intensamente:

-¡No me digas! Pero ¿ha habido alguna que realmente mereciera tenerse en cuenta? ¿De veras?

– Unas mil al año, y se trataba de un muchacho realmente encantador. Le tenía una simpatía enorme.

– Increíble. ¿Y no sentiste una tentación tremenda de decirle que sí?

Úrsula contestó:

– De una manera abstracta, sí; pero en concreto no. Cuando llega el momento de adoptar la decisión, ni tentaciones se sienten. Si tuviera tentaciones, me casaría con la velocidad del rayo. Ocurre que sólo tengo tentaciones de no casarme

(…)

– Sí, eso parece cuando se piensa en ello así, en abstracto. Pero imagínatelo en la realidad, imagina a un hombre al que conozcas, regresando a casa todas las noches, diciéndote ‘Hola’, y dándote un beso…

Hubo una pausa que fue como un vacío. Después, con voz ahogada, Gudrun dijo:

– Sí, es imposible. El hombre es la causa de que sea imposible.

D.H. Lawrence, Mujeres enamoradas.

D.H. Lawrence es uno de los maestros de la novela del siglo XX. Sus novelas se caracterizan por la profundidad psicológica de sus personajes, por la rica descripción de las emociones humanas y los sentimientos cotidianos. En su época, sus novelas fueron objeto de gran polémica debido al interés que el autor otorgaba a la sexualidad. Más en Wikipedia.

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