Dos tipos de fracaso.

George Grosz, “Metrópolis”

Era de distinto orden, empero, nuestro fracaso. El mío obedecía a voluntarismo, al estricto sometimiento a los imperativos de la épica de la inconstancia, a mucha lucidez tozuda, patética a estas alturas del partido, medio viejo ya. El suyo era radiante, un fracaso épico en sí mismo, el del rico, el del listo, el de quien ha llegado a ser lo que no le tocaba gracias al difícil mecanismo de, sencillamente, dejarse vivir.

Rafael Sender, “El muerto que fuma“.

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