Cementerios de Londres X: West Norwood Cemetery I.

Por fin el último de los “siete magníficos“: el cementerio de West Norwood. Y la verdad es que mereció la pena dejar este cementerio para la última visita. Es impresionante, bello, elegante pero salvaje a la vez, bien organizado para la visita, absolutamente victoriano, encantador… vamos, un cementerio difícil de olvidar. No tiene tantas tumbas impactantes como las de Kensal Green o Highgate pero las que hay también son muy bellas, dispuestas como en un museo. A diferencia de otros cementerios, en este perderse por sus calles y meterse entre las tumbas te lleva a descubrir auténticas joyitas del arte funerario. Creo que es uno de los cementerios del que he tomado más fotografías. Tantas que tengo que volver porque se me quedó sin batería la cámara.

Como siempre, repasemos un poco la historia de West Norwood.

Al igual que sus contemporáneos Kensal Green y Highgate al norte del río, es uno de los “Siete Magníficos”, cementerios creados a raíz de la sobrecarga de los cementerios de la ciudad. En conformidad con las aspiraciones de la época, los financieros victorianos del cementerio eligieron un sitio elevado, con la topografía adecuada, que hiciera sentir al público que ese era un lugar en el que uno podía sentirse orgulloso de pasar la eternidad. El 12 de diciembre de 1837 se celebró el primer entierro en este lugar conocido por entonces como South Metropolitan Cemetery.

En 1960 el cementerio se encontraba abandonado y lleno de maleza, razón por la cual el ayuntamiento de Lamberth lo compró. El programa de limpieza del césped llevó a sacar 10.000 monumentos que ahora se encuentran en proceso de restauración y reparación, proceso no exento de problemas. Lon intentos de venta de parte de su tierra se vieron paralizados por el juzgado de la iglesia de Southwark en un juicio en 1994, ya que West Norwood era en su origen un cementerio privado y no municipal. “The Friends of Norwood Cemetery” nos cuentan en su boletín informativo como en septiembre de 2004 la cripta y la lápida del notable escritor y cuentacuentos Douglas William Jerrold (1803-1857) se restauraron.

La primavera y el verano traen consigo una amplia variedad de flora, fauna al paisaje de West Norwood (…)

Al cementerio no le falta interés para el visitante ocasional, con unos 64 monumentos de segunda categoría, algunos de ellos con conexiones históricas fascinantes.

(…)

Otra nación con gran presencia aquí es la alemana, debido principalmente a la iglesia teutona que una vez existió cerca de Forest Hill. Los periodistas y los reporteros tienen una gran deuda con el exquisito barón Julius de Reuter, fundador de la agencia de noticias Reuters, que se traduce aquí en un obelisco de granito rosa. Israel Beer Josapaht de nacimiento, llegó a Inglaterra con 29 años y progresó usando palomas mensajeras para desarrollar un canal de telegrafía a través del Canal de la Mancha en los años sesenta del siglo XIX.

La influencia de algunos de los residentes de Norwood todavía perdura en la vida cotidiana de los londinenses. Un mausoleo de terracota decorada, de cerámica gres de Doulton, acoge a Sir Henry Tate, el tratante de azúcar de Lancaster que en 1897 abrió una galería donde antes estuvo la vieja prisión de Millbank y que ahora se conoce como Tate Britain. Su legado perdura en nuestra vida cotidiana y no sólo a través de la red nacional de galerías Tate sino también en el azúcar Tate and Lyle.

Sir Henry Doulton es otro residente con un mausoleo bien preservado, de cerámica de gres marrón (…)

La inscripción en la lápida cubierta de hierba de James Busby nos cuenta su historia sucintamente. Se cree que fue el primer británico en asentarse en Nueva Zelanda. “Redactó el borrador del Tratado de Waitangi. Introdujo el vino en Australia” (…)

Una tumba sencilla nos acerca a la santa patrona de los cocineros famosos. Isabella Beeton, universalmente conocida como Mrs Beeton, cuyo libro Household Management es el sustento de otros como el de Delia y Nigella. Sus contribuciones mensuales a The Englishwoman’s Domestic Magazine se recopilaron en un libro, usando un formato de receta que es esencialemente el mismo que se usa hoy en día, con ilustraciones e instrucciones simples. Murió tras dar a luz, con 29 años, muy joven para alguien que se asocia con un tema tan de matrona. Empezó a ser realmente conocida cuando su desconsolado marido (enterrado a su lado) Samuel Beeton publicó sus escritos.

La historia de Charles Bravo es una de las más misteriosas de los residentes de West Norwood. Era un abogado cuya muerte con agonía por un envenenamiento en el hotel Bedford, en Balham, se convirtió en el “Misterio Balham” en el libro Classic Crime de William Roughead. Se dice que fue la bella mujer de Bravo la que lo envenenó. Otros piensan que se envenenó a sí mismo mientras buscaba una manera de liquidar a su esposa. El caso sigue sin resolverse y continúa siendo objeto de especulaciones (hay un documental de la BBC del 2004 sobre el asunto).

El estibador pero a la vez boxeador Thomas King nació en Stepney. Mientras trabajaba, la rapidez con la que se deshizo del conocido matón de los astilleros “Brighton Bill” hizo que los promotores de boxeo se fijasen en él y lo apodasen “The Young Sailor”. Su pelea más famosa es la que ganó en 24 asaltos contra el americano John Heenan (de más peso) en 1863.

Por último, no hay que perderse a un hombre que es el responsable indirecto de llenar los cementerios de todo el mundo: Sir Hiram Maxim, el inventor de la ametralladora automática y portátil en 1884. También experimentó con el vuelo propulsado sin ningún éxito, aunque su “Máquina volante cautiva” atrajo a las masas en las ferias británicas.

Darren Beach, London’s Cemeteries.


Más fotos aquí.

Y por cierto… podéis ver una de mis fotos en esta guía de Londres.

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