Interior

(En paz, en paz con la calle y la niebla.
Suya es la guerra.)

Junto a la luz, la tiniebla escogida.
¡La noche es mía!

¿Toda la sombra nació del piano?
Ese eco opaco…

¡Dulces silencios!: a veces se habla
Solo en voz alta.

La soledad, tan aguda, reserva
La biblioteca.

¡Todo extraviado en estantes oscuros!
¡Mío es el mundo!

Jorge Guillén.

La verdad sobre perros y gatos.

(…)

Aurelia: ¿El amor del gato y del perro?

Ramiro: Sí. Porque esos dos encantadores animales domésticos simbolizan los grupos en cuestión y hasta se diría que ambos están en el mundo para ser preferidos respectivamente por los seres que constituyen los dos grupos. El gato es todo egoísmo y frialdad, el perro es todo generosidad y efusión. Y así instintivamente les gustan los gatos a aquellos seres que necesitan amar y les gustan los perros a aquellos seres que necesitan ser amados: y el gato se deja amar de los que le aman y el perro ama a los que piden amor.

Aurelia: ¿Luego para saber si una persona necesita amar o ser amada basta con averiguar si le gustan los perros o prefiere los gatos?

Ramiro: Cabalmente. ¿No es sencillo?

Aurelia: Sencillísimo. Pero ¿y los que no tienen predilección ni por los gatos ni por los perros?

Ramiro: Esas gentes siniestras no necesitan amor ni ser amadas, ni tienen nada que hacer en el mundo de los afectos. Huya usted siempre de esas gentes: son las basuras de la humanidad.

(…)

Enrique Jardiel Poncela, “El amor del gato y del perro”.

Grupos.

Y por medio andan los amigos que, en esa edad en la que no entiendes más moral que la que te dictan tus iguales, se convierten en guardianes de una infelicidad de manera más implacable que la que en un futuro ejercerá la propia familia.

Los amigos, mis amigos de entonces, acomodados en ese gregarismo que lo engullía todo, pareja, barrio y camaradas, y que señalaba cualquier signo de independencia, desde buscar pareja en otro ambiente a centrarse en una ambición personal y no compartida, como un abandono del grupo, como una traición.

Qué difícil era y es traicionar al grupo y qué fácil ser desleal con uno mismo. La deslealtad a uno mismo no se suele advertir en el presente, se camufla de malestar, de ansiedad difusa, porque éstas son sensaciones mucho más fáciles de sobrellevar. Yo nunca acabé de identificar aquello que no era más que una traición a mis deseos.

Elvira Lindo, Lo que me queda por vivir.

Futuro.

(…) and to the best of his knowledge he has no ambitions. No burning ambitions, in any case, no clear idea if what building a plausible future might entail for him. (…) it is this ability to live in the present, to confine himself to the there and now, and although it might not be the most laudable accomplishment one can think of, it has required considerable discipline and self-control for him to achieve it. To have no plans, which is to say, to have no longings or hopes, to be satisfied with your lot, to accept what the world doles out to you from one sunrise to the next-in order to live like that you must want very little, as little as humanly possible.

Paul Auster, “Sunset Park”

Cumpleaños de amor.

¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
—prolongándome, vivo, hacia la muerte—
se pasarán de mano en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.

Ángel González.

Los justos.

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso
ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le
agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto
canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jorge Luis Borges.