Venus y Marte.

Este cuadro, obra de Sandro Botticelli, fue pintado hacia 1480-90. Se encuentra alojado en la National Gallery de Londres y es una de las obras mayores del Renacimiento italiano.

“Este cuado es una de las pocas obras profanas a las que Botticelli debe hoy su fama. La forma y el tema hacen pensar que era un panel para un banco o arcón que formaba parte de la decoración de una estancia en una casa florentina con motivo de una boda. Venus, diosa del Amor y la Belleza, vigila mientras su amante, Marte, dios de la Guerra, duerme; ni la concha que soplan en su oreja los traviesos satirillos-mitad niños y mitad cabras- ni las avispas que zumban alrededor, consiguen despertarle. (Estas avispas, vespe en italiano, pueden ser parte de un juego de palabras alusivo a la familia Vespucci, para la que se sabe que trabajó Botticelli). La pintura hace referencia a un antiguo mito, y quizá incluso a pasajes concretos de la literatura clásica, pero el tratamiento de Botticelli debe muy poco al arte antiguo: la armadura, el vestido, las joyas y los peinados, incluso las proporciones de los personajes, se ajustan a la moda contemporánea. También es contemporánea, y motivo de broma en las celebraciones de boda, la idea de que hacer el amor agota al hombre y da fuerzas a la mujer; aunque el mensaje más serio-el amor triunfa sobre todo; haz el amor, no la guerra- es intemporal.

El extraordinario efecto transparente del vestido de Venus se logra gracias a un sombreado tenue, característico de la pintura al temple, aplicado sobre otro sombreado aún más ligero, que sirve para modelar la carne. Una línea negra, firme y sinuosa, define los contornos incluso en las zonas de sombra, y el que Botticelli en esas fechas siga esta manera florentina ya anticuada, parece responder a un deseo consciente de subordinar la realidad al efecto decorativo.”

Erika Langmuir, Guía National Gallery

Uno de los temas recurrentes el el Renacimiento es el de la mitología, y eso no sólo en la pintura sino también en el resto de las artes. Pero el poder de la mitología clásica como imagen artística no se ciñe sólo a este período. Sirva de ejemplo este poema:

A Venus gigantesca.

Cuando cae la mujer que me quiere,
sin sangre ni aliento, tras lúbrico espasmo,
y en mis brazos parece que muere,
sumiéndose estática en hondo marasmo,

me acomete con furia el deseo,
tu imagen evoco, ¡beldad arrogante!,
y apretando los párpados veo
desnudo tu cuerpo, ¡tu cuerpo gigante!

Necesito trepar a tus blancas
caderas, forjadas con bronce y con nervio,
adherirme a tus sólidas ancas,
cual pégase el muérdago al roble soberbio,
enroscasrme a tu cuello triunfante,
hundir la cabeza en el mar de tu pelo,
anegarla en tu aroma embriagante,
soltarte asfixiado, golpearme en el suelo,

y si, diosa, en crueldad infinita
sonriendo te alejas y no me levantas,
…¡perecer como hierba marchita
que al sol ve patir a quemar otras plantas!

Ramiro de Maeztu. Obra literaria olvidada.

Volviendo al cuadro.

Lo mejor: el tema del cuadro, la disposición triangular de los personajes, los colores, las telas, etc.

Lo peor: los satirillos, personajes odiados por mí.

Más en Wikipedia.

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