Tinta e infidelidades.

Ya he acabado de leer el libro “Los nuevos puritanos“. Me ha hecho bastante gracia este fragmento del cuento Tres historias de amor, de Bo Fowler.

La Novia.

Salí con una chica que era un poco extraña, tenía plumillas de estilográfica en lugar de pezones.

Cuando hacíamos el amor, escribía cosas en azul sobre el edredón. La primera noche, escribió El herrero lo moldea y lo trabaja sobre los carbones, le da forma con martillos y lo forja con su fuerte brazo; tiene hambre y su fuerza desfallece, no bebe.

La segunda noche, escribió agua y está débil. El carpintero traza una línea, la marca con un lápiz: le da forma mediante planos y lo marca con un compás; le da forma de un hombre, y con la belleza de un hombre, para morar en una casa. Tala unos cedros; o escoge una encina o un roble y lo deja crecer fuerte entre los árboles.

Yo no supe si lo hacía adrede o no. Ella decía que en absoluto era consciente. Me cuesta una fortuna en lavandería.

En cualquier caso, dejamos de salir juntos cuando ella llegó un día y encontró del bosque; planta un cedro y la lluvia lo alimenta. Luego se convierte en combustible para un hombre; le coge una parte y se calienta, enciende un fuego y hace pan; también hace un dios y lo adora. Quema la mitad de este en el fuego; de la otra mitad come carne, asa carne y se siente satisfecho; también se calienta a sí mismo y dice escrito en mi edredón. En rojo. Lo había escrito su hermana.

Se me vino a la cabeza una historia parecida del Libro de Buen Amor

Del que olvidó la muger te diré la fazaña
si vieres que es burla, dime otra tal mañana;
era don Pitas Pajas un pintor de Bretaña
casose con muger moça, pagábase de compaña.

Ante del mes complido dixo él: Nostra dona
yo volo ir a Flandes, portaré muita dona.
Ella diz: Monseñor, andar en ora bona
non olvidedes vuestra casa, nin la mi persona.

Dixo don Pitas Pajas: ‘Dona de fermosura
yo volo façer en vos una bona figura
porque seades guardada de toda altra locura.
Ella diz: “Monseñor, façed vuestra mesura.”

Pintol’ so el ombligo un pequeño cordero:
fuese don Pitas Pajas a ser novo mercadero,
tardó allá dos años, mucho fue tardinero,
façíasele a la dona un mes año entero.

Como era la moça nuevamente casada
avíe con su marido fecha poca morada,
tomó un entendedor et pobló la posada,
desfízose el cordero, que d’él non finca nada.

Cuando ella oyó que venía el pintor
mucho de priesa embió por el entendedor,
díxole que le pintase como podiese mexor
en aquel lugar mesmo un cordero menor.

Pintole con la gran priesa un eguado carnero
complido de cabeça con todo su apero,
luego en ese día vino el mensajero.
Que ya don Pitas Pajas de esto venía çertero.

Cuando fue el pintor de Frandes venido
fue de la su muger con desdén resçebido
desque en el palaçio con ella estido
la señal que l’ feçiera non la echó en olvido.

Dixo don Pitas Pajas: ‘Madona, si vos plaz’
mostradme la figura e afán buen solaz!’
Diz’ la muger: ‘Monseñor, vos mesmo la catad,
fey y ardidamente todo lo que vollaz.’

Cató don Pitas Pajas el sobre dicho lugar
et vido un grand carnero con armas de prestar.
‘¿Cómo es esto, madona, o cómo pode estar
‘que yo pinté corder, et trobo este manjar?’

Como en este fecho es siempre la muger
sotil e mal sabida, diz’: ‘¿Cómo, monseñor,
en dos años petid corder non se façed carner?
Vos veniésedes templano et trobaríades corder.’