El lado oscuro de Intenet.

(…)

‘We live in a age when private life is being destroyed’, Milan Kundera said in 1985. ‘The police destroy it in communist countries, journalists threaten it in democratic countries, and little by little the people themselves lose their taste for private life and their sense of it. Without secrecy, nothing is possible-not love, not friendship.’

Some of technology’s most furious political and sociological critics focus on the expansion of the work week and the virtual workplace-now everywhere and inescapable, fastened to your belt or pinned to your ear. A decade before they were fully wired, Americans passed the Japanese to become the most overworked workforce in the developed world. Now devices like the BlackBerry chain even managers and high-salaried professionals to a twenty-four-hour clock that figures to burn them out more rapidly than nineteenth-century wage slaves. Wired America doesn’t rest, and who benefits from that? Long before the computer was a twinkle in Thomas Watson‘s eye, John E. Edgerton, president of the National Association of Manufacturers, said something(circa 1925) that enemies of the wired workplace love to note and quote: ‘The emphasis should be put on work-more work and better work. Nothing breeds radicalism more than leisure.’

Of all the artists and thinkers who’ve rejected the cyber-revolution, perhaps the most emphatic was the late American poet, publisher, and photographer Jonathan Williams, who divided his distinctly original life between the North Carolina mountains and the Yorkshire Dales. ‘I have a feeling about the Internet,’ Williams wrote. ‘I think it’s the younger sister of the Gordon Medusa. If you look more than about twice you’re going to get turned into stone or something much worse, more unpleasant.’

For the last word, it seems appropriate to return to those solemn voices from the recent past, from the Maine silence where this meditation began. Marguerite Yourcenar offers her prophercy in the words of the Roman emperor Hadiran(AD 76-138): ‘I doubt if all the philosophy in the world can succeed in suppresing slavery; it will, at most, change the name, I can well imagine forms of servitude worse than our own, because more insidious, whether they transform men into stupid, complacent machines, who believe themselves free just when they are most subjugated, or whether to the exclusion of leisure and pleasures essential to man they develop a passion for work as violent as the passion for war among barbarous races. to such bondage for the human mind and imagination I prefer even our avowed slavery.’ (Memoirs of Hadrian, 1951)

And this is Scott Nearing, from his book Living the Good Life, published in 1970: ‘Machine tools are a novelty, recently introduced into the realm of human experience. There can be no question but the machines have more power than humans. Also there can be no question but that they have watered down or annihilated many of the most ancient, most fascinating and creative human skills, broken up established institutions, pushed masses of «hands» into factories and herded droves of anonymous footloose wanderers from urban slum to urban slum. Only the historian of the future will be able to assess the net effect of the machine age on human character and on man’s joy in being and his will to alive.

Hal Crowter, «One Hundred Fears of Solitude» en Granta, verano 2010.

Insatisfacción.

Pero así, exactamente así, era ella. Nunca he conocido a nadie que se le pareciera, ni en lo mejor ni en lo peor. Y desde siempre, desde que tenía catorce años, que fue cuando yo la conocí, estaba acostumbrada a que los hombres, los chicos entonces, zumbaran a su alrededor. Sin embargo, jamás llegó a estar satisfecha con lo que tenía, ni en aquella época ni después. Era como una condena, como un lastre, como una enfermedad de la que nunca logró curarse. No sabía disfrutar de las cosas, no era capaz de apreciar su valor, de extraer placer o alegría de los objetos, de los lugares, de las personas. Cuando conseguía algo, lo dejaba caer y salía corriendo detrás de un objeto más difícil de alcanzar, y si actuaba así no era porque todo le pareciera indigno de ella, sino más bien por lo contrario. Era una enemiga feroz de sí misma, tenía una personalidad muy autodestructiva.

Almudena Grandes, Los aires difíciles.

Procrastinación, desidia y otros vicios

En su «Memorias de un investigador privado», José Antonio Marina hace un pequeño esbozo de uno de mis más queridos defectos:

La procastinación no es un simple aplazamiento, ni es negarse a hacer una cosa. Es, sin duda, desidia, pero una desidia acompañada de complejas tácticas dilatorias. El procastinador toma la firme decisión de hacer una cosa mañana, decisión que volverá a ser aplazada con la misma resolución al día siguiente. Tiene, pues, una gran fuerza de voluntad para actuar en el futuro, pero una débil voluntad para el presente. Es como si se diera a sí mismo un talón con fecha renovable. Una complaciente voz interior le dice que emergerá de esa noche de prórroga transformado, dotado de energías maravillosas, que harán todo más fácil. ¿Quién puede negar que es mejor acometer una tarea sintiéndose pletórico de fuerzas? El procastinador suele ser un postergador raciocinante, que se da argumentos muy convincentes- para él- que le aconsejan aplazar la acción. Voy a someterle a un test de urgencia para que compruebe si es usted un procastinador:

1. ¿Paga frecuentemente recargos por cheques devueltos, pagos atrasados, recibos o contribuciones pagadas fuera de plazo?
2. ¿Se queda demasiadas veces en la carretera sin gasolina por esperar a repostar en la gasolinera siguiente, que tiene, por ejemplo, mejor iluminación?
3. ¿Sabe que tiene que ordenar su mesa de despacho, pero se dice que es una operación tan importante que conviene esperar al lunes o a las vacaciones para acometerla con la dedicación que merece?
4. Cuando, al fin, se decide a ordenar, ¿se limita a organizar los montones de otra manera?
5. ¿Se le acumula la correspondencia, y toma, por vergüenza, decisiones que dificultan todavía más su puesta al día? Por ejemplo, lo que podía haberse resuelto con una breve nota necesita ahora una carta larga, que se aplaza para el día del cumpleaños del receptor, para así acompañarla de un regalo. Como esta carta tampoco se escribe, decide sustituirla por una visita en la que entregará el regalo personalmente. Pero entonces, le parece lógico esperar a la vuelta de un viaje, para tener el pretexto de haberlo comprado en el extranjero. Etcétera, etcétera, etcétera.
6. ¿Le sucede con frecuencia que aguanta molestias diarias por no arreglar una avería, cambiar de televisor o comprar un destornillador más grande?
7. ¿Suele aplazar una acción porque le falta algún pequeño requisito que en ese momento se le antoja imprescindible? Por ejemplo, sólo tiene un bolígrafo de punta fina cuando a usted le gustan los de punta gruesa. Y está convencido de que con el de punta fina no se le ocurrirá nada. Así que decide aplazar la redacción de la carta hasta que consiga el boli apropiado.
8. ¿Prepara el escenario de la acción con tanta minuciosidad que ya no le queda tiempo para ejecutarla?
9. ¿Piensa que las cosas no hay que hacerlas hasta que se puedan hacer perfectas?

Rita Emmett, en su divertido libro «The Procrastinator’s Handbook», enuncia una irrefutable Ley de Emmett: «El temor a realizar una tarea consume más tiempo y energía que hacer la tarea en sí». Hay que advertir que el verdadero procastinador no dilata su actividad porque sea dolorosa o muy molesta. Suele ser tan sólo un poco más molesta que la que está haciendo en ese momento. Lo curioso es que cuando alguien se libera de ese tipo de adicción al día siguiente, se encuentra realmente bien. Si una persona decide utilizar la primera media hora del trabajo a responder a todas las cartas, conseguirá una envidiable tranquilidad para el resto del día.

Hay otro asunto que facilita el dejar las cosas para otro momento. Tiene que ver con la percepción del tiempo. Los postergadores suelen pensar que hacer algo ocupa más tiempo de lo que en realidad ocupa, que no vale la pena iniciar una cosa si no la va a terminar de un tirón, y que poco tiempo es ningún tiempo. Manejan el tiempo al por mayor y no al menudeo, que es como de hecho lo vivimos (…) hay pequeños retales, huecos de tiempo entre una ocupación y otra (…) que el procastinador despilfarra.

Yo podría contar mil anécdotas de ficciones inventadas(de manera muy racional) con las cuales encontré grandes excusas para evitar hacer cosas de suma importancia. Verdaderos novelones. Un primer paso es actualizar más este blog y a ver si también mis tareas diarias. Me da miedo que ahora salga alguno de esos psicólogos diciendo que esto es una enfermedad que hay que tratar. Con este mundo tan psicoanalizado nunca se sabe. Siempre recuerdo una frase del «Doce monos»: La psicología es la última de las religiones (creo que era así)

Y aquí acaba una entrada que pensaba dejar para mañana…

Nada particular…sólo pereza.

De entre los vicios capitales, la pereza es uno de los que más se dan en mí, sobre todo ahora que ya no me apetece casi nada. Estoy perezosa y viendo cómo va la cosa, mucho más perezosa me siento. Es más, estoy instalada en la pereza desde hace mucho tiempo. Mucho «potencia» pero pocas ganas de pasar al «acto».

Que el mundo va como va, es un hecho irrefutable. No hay ideologías, no hay ganas de cambiar, no hay equilibrio, no hay serenidad, no hay solidaridad, no hay nada… Sólo parafernalia, aburrida demagogia, incultura a raudales… un aburrimiento (-nota mental: no abusar de los puntos suspensivos, me asemeja al escribá-)

Tengo resaca electoral con un mar de por medio. No he votado ni siento pena por no haberlo hecho. Llevo años diciendo que «es un derecho que todos debemos ejercer» y bla bla bla. Me alegraría de que nadie votase o, de hacerlo, todos los votos en blanco a la manera del «Ensayo de la lucidez». Los políticos ya están instalados en su mediocridad, ya saben que somos idiotas, que todo nos vale y nosotros no hacemos nada para cambiarlo. Falta la valentía y la honestidad. Los cojones para cambiar las cosas. Miedo al cambio. Miedo a vivir en plenitud la libertad.

El sistema democrático español es un fracaso palpable desde hace mucho tiempo. Y es que España siempre se ha destacado por sus cambios de marcha bruscos. Nuestros sistemas políticos democráticos siempre se han caracterizado por las prisas, el oportunismo, la falta de sosiego y por no contar con la opinión del pueblo (y de hacerlo, de una lectura «extraña» de los resultados) Nos da pereza enfrentarnos a nuestros propios fantasmas y de hacerlo, lo hacemos a hostias.

La España sigue invertebrada, renqueante y sin saber a dónde va. ¿Preguntémosle al pueblo? ¿Autodeterminaciones? Puede ser. Que opinen y que digan. Tras años de políticas antiterroristas, ahora vuelve a ganar la izquierda abertxale en alcaldías vascas. Que se lo pregunten, que decidan y que dejen de joder. ¿Que no queremos monarquía? Que se pregunte (total nunca nos han preguntado al respecto) Todo se basa en cuotas de poder y da pereza. Las «personas políticas» siguen preocupados en temas importantísimos tú, pero seguimos con precios astronómicos en la vivienda, con derechos sociales más restringidos (no nos valen los de ficción), con una generación más burra e iletrada que la anterior, con una sociedad más radicalizada y violenta, con un océano por medio en cuanto a poder adquisitivo, etc. Pero no es importante. Lo importante no es importante. Lo importante son otras cosas. Lo importante es llamarse liberal o socialista, es llamarse demócrata, es llamarse hombre de estado, es nominar pero sin actuar (-pedazo de bostezo que me acaba de salir-) Políticos que siguen jugando peligrosamente a juegos de niños. ¿Madurez? Perdona que lo dude.

Veo en el balcón de Génova a políticos que manejan los números a su antojo (España sigue a la cola europea en matemáticas). Veo en la sede del contrario las mismas malas maneras. Interpretación. Se trata de interpretar la realidad a nuestro gusto, pero a nuestros gustos más egocentricos.

La gente protesta en voz baja: es que es lo de siempre, es que no hay nada más. Hombre, hay más partidos. El caso es darles oportunidades. Esperanza hay (y en Madrid para un buen rato): hay gente que trabaja en política y hace cosas positivas desde la honradez (sí, aún quedan unos pocos)

Me sigue dando pereza las disputas religiosas. Cada vez más y más rearfimada en mi ateismo. Feliz de ser atea. Me hace apreciar más el mundo en el que vivo, me hace ser menos egoísta. No hay nada más allá. Este es nuestro «paraíso» que poco a poco convertimos más en un «infierno». Leyes civiles sin sectarismo religiosos y con sentido común.

Cuando hacemos ciencia, somos panteístas;
cuando hacemos poesía, panteístas;
cuando moralizamos, monoteístas.

Goethe, Máximas y reflexiones.

Ya no creo en el matrimonio. También me da pereza. Sólo creo en los sentimientos. Si algún día me ato, va a ser con nosotros dos de testigos y sin nadie más por delante. Entonces nadie meterá sus narices morales para juzgar. Y me sentiré más libre. Es más, opto por la discrección. El silencio es oro.

En este capitalismo de ficción, donde no sabes lo que te están inyectando, necesitamos volver a las cosas claras. Yo no quiero una tercera vía, no quiero un Rajoy con piel de cordero, no quiero zapatitos y menos un Sarkoszy con ministros socialistas. Se nos presentan como preocupados por nosotros (carcajada) Tenemos siete vidas como los gatos, vivimos siete vidas porque tenemos siete caras. Cada día actuamos para presentarnos ante nuestra sociedad. Jamás me conocerán los que me creen conocerme. Secretismo. Es una manera de sobrevivir políticamente, pero nos está llevando por mal camino, por muy mal camino. Por lo menos antes sabías a quién votabas, ahora ni eso. Sólo hay espejismos de lo que pueden llegar a ser. Es tan cómodo representar el papel. Y si lo haces bien, te llevas el premio.

Falacias, mentiras, estupideces de los que manejan a estos títeres que somos nosotros.

Vergüenza.

Sí, vergüenza es lo que siento cada vez que veo cómo va la política en España. Vergüenza de los dos partidos, rabia por lo irresponsables que son, enfado por ver la inmadurez de los que se suponen que son los elegidos para gobernar el país. No me entra en la cabeza que gente supuestamente capaz para estar en esos puestos se dediquen a tomarle el pelo al ciudadano. Hombre, no es nada nuevo pero quizás deberíamos volver a mimar un poco la democracia y redescubrir su sentido e importancia. Con el uso, los objetos y las ideas se desgastan. Hace falta una nueva mirada que nos devuelva el interés que teníamos por ellos en un principio. Es que, desde que tengo uso de razón, llevo escuchando los mismos argumentos a unos y a otros: sólo cambian dependiendo de si el partido de turno está o no en el Gobierno. Es lo que pasa al morirse las ideologías, esto, creencias, bueno, lo que sea.

Ayer me habló Zaratustra y me dijo al oído estas palabras (ojo, Nietzsche levanta muchas polémicas dependiendo de lo que saques en limpio tras leer su obra)

El nuevo ídolo.

En otros lugares hay áun pueblos y rebaños, pero no en nuestros países, hermanos, donde lo que hay son Estados ¿Qué es el Estado? Escuchadme, que voy a hablaros de algo que mata a los pueblos. Llaman Estado al más frío de todos los monstruos fríos, al que miente con toda frialdad cuando dice que él es el pueblo. ¡Eso es mentira! Quienes crearon los pueblos poniendo en ellos una fe y un amor fueron creadores que, de este modo, prestaron un servicio a la vida. Pero hay hombres destructivos que ponen trampas para atrapar a la gente y las llaman Estado. Ponen sobre la gente una espada y cien concupiscencias. En los sitios donde aún hay pueblos, no entienden qué es eso del Estado, y lo odian por considerar que tiene mal de ojo y que es un atentado contra las costumbres y las normas. Fijaos en esto: cada pueblo tiene su propio lenguaje para hablar del bien y del mal, que el vecino no entiende; se ha inventado su propio lenguaje relativo a las costumbres y normas. Pero el Estado miente en todos los lenguajes del bien y del mal; todo lo que dice es falso y todo lo que tiene es producto del robo. Todo él es falso; el muy mordaz muerde con dientes robados. Hasta sus entrañas son falsas. Reconoceréis siempre al Estado porque es una torre de Babel del bien y del mal, una confusión de lenguas, lo que indica que es voluntad de muerte y que se entiende muy bien con los que predican la muerte.

Ya os he dicho que nace demasiada gente; pues bien, para los que están de más se ha inventado el Estado. Fijaos cómo atrae a toda esa gente superflua, cómo se la come, cómo la mastica y cómo trata de digerirla. Ruge ese mostruo: «No hay nada en la tierra que esté por encima de mí; yo soy el dedo imperativo de Dios». Y no os creáis que son sólo los que tienen las orejas largas y la vista corta quienes se ponen de rodillas. También a los que tenéis un alma grande, ¡ay!, os susurra sus embustes siniestros. Adivina cuáles son los corazones generosos, propensos a entregarlo todo por amor. También adivina quiénes sois los que habéis vencido al antiguo Dios. La lucha os ha dejado exhaustos,y ese cansancio vuestro está ahora prestando servicio al nuevo ídolo. Este nuevo ídolo trata de rodearse de héroes y de hombres honrados. A ese frío monstruo le encanta calentarse al sol de las buenas conciencias. Está dispuesto a dároslo todo con tal de que le adoréis; de este modo compra el brillo de vuestra virtud y la mirada orgullosa de vuestros ojos. Trata de valerse de vosotros como cebo para pescar a toda esa gente que está de más. Para ello ha ideado un artefacto diábolico,una especie de caballo de Troya mortal, al que ha enjaezado magníficamente con honores propios de un dios. Ha inventado una masacre que quiere hacer pasar por vida y que presta un gran servicio a los que predican la muerte.

Llamo Estado al lugar en donde se envenenan a todos, y sean-buenos o malos-, donde todos buenos y malos se pierden; donde se llama «la vida» al lento suicidio de todos. Fijaos en toda esa gente que está de más. Roban las obras de los inventores y los tesoros de los sabios, y ese robo le llaman cultura. Todo les parece enfermedad y achaque. Fijaos en esa gente que está de más. Amontonan riquezas y, de este modo, se empobrecen. Quieren poder y, por encima de todo, ansían esa palanca del poder que es el dinero. ¡Ellos, que son unos insolventes! ¡Mirad cómo trepan esos ágiles monos! Trepan atropellándose entre sí, y de este modo se hunden en el fango y en las profundidades. Todos tratan de alcanzar el trono; su locura consiste en creer que la felicidad se asienta en el trono; aunque muchas veces es fango lo que hay en el trono, y muchas otras el trono se asienta en el fango. Todos esos locos me parecen unos monos trepadoresy fanáticos. Su ídolo, ese monstruo frío, huele mal, y lo mismo les pasa a todos los que le rinden culto. Hermanos, ¿es que vais a asfixiarios con el aliento que despiden sus hocicos
y sus concupiscencias? Mejor sería que rompiérais los cristales y que saltarais por la ventana hacia el aire libre. ¡Apartaos de ese mal olor, escapad de la idolatría de toda esa gente que está de más!

La tierra sigue a disposición de las almas grandes. Aún hay muchos asientos vacíos para los que están sólos-aislados o en pareja-, en los que sopla la brisa perfumada de mares silenciosos. Aún hay una vida libre a disposición de las almas grandes. Quien posee poco no corre el peligro de que lo posean a él. ¡Alabada sea esa pobreza sencilla! Donde acaba el Estado empieza el hombre, que no está de más, la canción de quien es necesario, la melodía única e insustituible. ¡Mirad, hermanos, allí donde acaba el Estado! ¿Es que no véis el arco iris y los puentes tendidos hacia el superhombre?

Alguna de las ideas me parecen interesantes aunque parezca extraño incluir sus palabras en un blog titutado Ilustración digital. Sé que este filósofo se encuadra dentro de los tres maestros de la sospecha que atacaron el racionalismo en la cultura occidental. Eso no quita que parte de su obra me parezca magistral. Te puede gustar la ópera pero disfrutar al mismo tiempo con la copla española.

Mi querido diccionario dice al respecto (y con ello me refiero al cargo tanto en la oposición como en el Gobierno):

Presidente, s. Figura dominante en un grupito de hombres que son los únicos de los que se sabe con certeza que la inmensa mayoría de sus compatriotas no deseaban que llegaran a la presidencia.

Ah, y que no nos vendan esa bendita preocupación e interés que tienen en sus votantes. Esa película ya no se la traga nadie.

Yo a veces soy educada y escucho las palabras de mis mayores, sobre todo si vienen de personajes como Francisco de Ayala, que por su 101 cumpleaños ha deseado que los políticos vuelvan comportarse racionalmente ya que «puede ser que reviente todo y vayamos al caos«.

I don’t want the truth, I want something I can tell Parliament. James Hacker. Yes Minister.

Intelligence has nothing to do with politics. London Molari.

We need a president who’s fluent in at least one language. Buck Henry

No tengo tanta cultura, esto lo saco de mi librito de citas.