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	<title>Ilustraci&#243;n digital &#187; Lincoln</title>
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		<title>Parecidos razonables: Lincoln y los vaqueros gays</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2007 01:12:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi padre sol&iacute;a decir que no hay nada igual sino parecido. Parecidos encontramos muchos cada d&iacute;a, ya sea en el f&iacute;sico, en la historia o en lo que nos cuentan (o en libros que recuerdan sospechosamente a otros libros)  Y parecido es lo que encontr&eacute; entre cierta historia no confirmada del presidente estadounidense Lincoln y los famosos vaqueros de <em>Brokeback Mountain</em>.</p>
<p>Ahora mismo estoy leyendo dos libros interesantes: uno sobre gays en la historia y otro sobre econom&iacute;a y desastres financieros.</p>
<p>El primero relata una episodio de la vida de Abraham Lincoln (no confirmado) en el que se habla de una posible relaci&oacute;n homosexual con un tal Joshua Speed. Llamemos a esta historia &#8220;<em>de c&oacute;mo Abraham Lincoln se pas&oacute; cuatro a&ntilde;os durmiendo en la misma cama con un abacero de Springfield</em>&#8220;. Este suceso, rescatado por Larry Kramer, no cuenta con pruebas irrefutables, s&oacute;lo con conjeturas. De hecho, muchos historiadores consideran a Kramer un pseudohistoriador. Dicho se&ntilde;or dice poseer un diario de Speed, en el que se confirma la relaci&oacute;n, pero que no quiere sacar a la luz por motivos de imagen del presidente. Sospechoso.</p>
<p>La historia comienza cuando Abe se traslada al pr&oacute;spero pueblo de Springfield para buscar mayor fortuna como abogado. Recordemos que en ese tiempo, Lincoln pasaba penurias econ&oacute;micas. Ante la dificultad para encontrar un hospedaje econ&oacute;mico, Speed decide ofrecerle su propia casa. Y eso es lo &uacute;nico que sabemos a ciencia cierta: que Lincoln comparti&oacute; cama durante cuatro a&ntilde;os con el abacero.</p>
<p>Dejemos que hable el libro.</p>
<blockquote><p>En un c&aacute;lido atardecer de 1837 un joven viajero polvoriento atraviesa la calle mayor de Springfield, Illinois, cargando dos maletas viejas como &uacute;nico equipaje. Aparenta algo menos de 30 a&ntilde;os, su figura es alta y desgarbada, de largos brazos colgando desde los hombros estrechos hasta las manos grandes y &aacute;speras. Una barba oscura escondo el ment&oacute;n huidizo bajon la boca amplio y los p&oacute;mulos prominentes(&#8230;)</p>
<p>El forast&eacute;ro entra en un comercio de abacer&iacute;a y art&iacute;culos de labranza, para preguntar sobre un sitio barato donde alojarse. Le indican c&oacute;mo llegar a un hotelucho cercano, pero poco despu&eacute;s regresa para explicar que los precios son demasiado altos para su exiguo bolsillo. Permanece all&iacute; de pie, desconcertado, mirando con sus ojos tristes al joven abacero. &Eacute;ste, un muchacho de 23 a&ntilde;os, llamado Joshua Speed, se apiada de su inesperado visitante y le invita a compartir gratis su propio lecho, en la parte alta del local. Abraham Lincoln sube a inspeccionar la cama de su anfitri&oacute;n y decide aceptar el ofrecimiento, con tal de tener d&oacute;nde dormir. Algo debi&oacute; ocurrir aquella noche, porque Abe y Joshua continuaron durmiendo juntos durante los cuatro a&ntilde;os siguientes (&#8230;)</p>
<p>Durante el cuarto a&ntilde;o de &iacute;ntima convivencia, Joshua comenz&oacute; a rumiar la idea de cerrar su tambaleante negocio y regresar junto a su familia, que pose&iacute;a una rica plantaci&oacute;n en Kentucky. Al parecer el plan no inclu&iacute;a a Abe, y no sabemos si &eacute;ste, para seguir a Speed, hubiera abandonado el pr&oacute;spero bufete del que era socio. Lo que s&iacute; sabemos es que en esa misma &eacute;poca Lincoln(&#8230;) comenz&oacute; a salir con una vivaz joven de sociedad llamada Mary Todd. Al poco tiempo ambos se comprometieron(&#8230;) Por fin el reticente novio decidi&oacute; romper el compromiso(&#8230;)</p>
<p>Finalmente Speed volvi&oacute; a casa, y Lincoln cay&oacute; en una fuerte depresi&oacute;n que acab&oacute; minando su salud. Siete meses despu&eacute;s de su partida, Joshua supo de la postraci&oacute;n de su amigo y lo invit&oacute; a la finca familiar en Kentucky, donde fue atendido y mimado hasta recuperarse. Poco despu&eacute;s parti&oacute; en busca de sus altos destinos, pero los dos amigos siguieron vi&eacute;ndose cada tanto y mantuvieron durante d&eacute;cadas una &iacute;ntima y frecuente correspondencia.</p></blockquote>
<p>En relaci&oacute;n al tema de los vaqueros y otros personajes t&iacute;picamente solitarios del universo yanki, el cap&iacute;tulo nos habla de las relaciones entre los pioneros. Sin extrapolar nuestra concepci&oacute;n de la homosexualidad a esta &eacute;poca, s&iacute; es verdad que:</p>
<blockquote><p>Los acad&eacute;micos m&aacute;s liberales aceptan que los rudos pioneros dorm&iacute;an a menudo juntos, que la escasez de mujeres pod&iacute;a motivarles fantas&iacute;as y deseos homoer&oacute;ticos, y que a veces llegaban a aparearse entre ellos (&#8230;.) Kramer responde que de juegos inocentes nada, y que la relaci&oacute;n sexual entre hombres era una conducta consciente y frecuente entre los pioneros del siglo XIX (&iquest;se sigue con la tradici&oacute;n?) En su opini&oacute;n la homosexualidad lleg&oacute; a constituir una verdadera subcultura de frontera, que dio lugar tambi&eacute;n a pingues negocios. Pone como ejemplo los &#8220;campamentos&#8221; que ciertas agencias clandestinas organizaban para grupos de hombres solos. La excusa era el disfrute la naturaleza y la vida al aire libre, una oferta un poco extra&ntilde;a para un p&uacute;blico mayoritariamente rural. Lo cierto es que los excursionitas eran llevados a lugares apartados y solitarios, donde pasaban la noche ocupando las tiendas por parejas(&#8230;) Como prueba de su existencia ley&oacute; en Madison un folleto de la &eacute;poca, en el que un tal Dan el Guapo, de Kansas, invita &#8220;a se&ntilde;ores adeptos&#8221; a una excursi&oacute;n para dormir al aire libre. &#8220;&iquest;Adeptos a qu&eacute;&#8230;?&#8221;</p></blockquote>
<p>&Uacute;ltimamente, el se&ntilde;or Kramer ha defendido que quiz&aacute;s el asesinato de Lincoln estuviese relacionado con homofobia. En fin&#8230; el tiempo dir&aacute; y esperemos que con pruebas.</p>
<p>Entonces parece ser que evidentemente la ecuaci&oacute;n vaqueros, aire libre y EEUU nos da homosexualidad como en la pel&iacute;cula. No en todos los casos pero s&iacute; en algunos.</p>
<p>Es cansina la eterna discusi&oacute;n sobre t&eacute;rminos como homoer&oacute;tico, homosexual, heterosexual, etc. Se trata pura y llanamente de sentimientos, de gente adulta que elige lo que quiere hacer con su vida y que tiene el perfecto derecho de invitar a su cama a quien le d&eacute; la gana. Aunque las teor&iacute;as de Margaret Maed no est&aacute;n muy de moda ahora, s&iacute; convendr&iacute;a volver a revisar sus libros sobre la teor&iacute;a de los g&eacute;neros. Enterramos nuestro derecho a estar con qui&eacute;n queramos entre palabrer&iacute;a y est&uacute;pidas convicciones sociales. Todos los ciudadanos tienen que regirse por unas leyes, pagar los mismos impuestos y respetarse mutuamente para equilibrar las tensiones que ya existen en el mundo. Yo creo en la &#8220;normalidad&#8221; para todos: el derecho a sentirse un ciudadano como otro cualquiera. Eso no significa que me valga todo: la zoofilia y la pederastr&iacute;a no las acepto como pr&aacute;ctica sexuales, sino como aberraciones. No se puede confundir la gimnasia con la magnesia. </p>
<p>A pesar que que usamos el verbo &#8220;ser&#8221; (que indica algo permanente, por ejemplo, soy heterosexual) creo que deber&iacute;amos emplear el &#8220;estar&#8221; (no permanente, por ejemplo, estoy homosexual) ya que ni sabemos lo que haremos ma&ntilde;ana y ni con qui&eacute;n dormiremos. Eso s&iacute;, nos permitimos el lujo de decir &#8220;est&aacute; muerto&#8221;. Por mucha resurrecci&oacute;n que nos prometan, pues va a ser que no.</p>
<p>Me he quedado un poco impactada sobre la posible relaci&oacute;n de otros dos hombres que se supon&iacute;a que viv&iacute;an &#8220;en la frontera&#8221;: Robin Hood y Little John.</p>
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