Dios belicoso.

Dios de las venganzas, Yahveh,
Dios de las venganzas, manifiéstate.
Levántate, el que gobiernas en la
tierra,
da su merecido a los soberbios.

¿Hasta cuándo los impíos, oh Señor,
hasta cuándo los impíos triunfarán?
Van, con lenguas arrogantes, provocando
y jactándose todos los fautores de
maldad.
A tu pueblo, Señor, están pisando,
humillando tu heredad.
Asesinan viuda y extranjero
y al huérfano dan muerte,
diciéndose: “Yahveh no lo verá,
el Dios de Jacob no se da cuenta”(…)
Él conoce los planes de los hombres,
que en verdad son vanidad (…)

Salmo 94.

Es curiosa la forma selectiva con la que las religiones leen sus propios textos sagrados.

Épocas.

“Todo tiene su momento y, cada cosa, su tiempo bajo el cielo:

Hay tiempo de nacer
y tiempo de morir.
Hay tiempo de plantar
y tiempo de arrancar lo plantado.
Hay tiempo de matar
y tiempo de sanar.
Hay tiempo de destruir
y tiempo de edificar.
Hay tiempo de llorar
y tiempo de reír.
Hay tiempo de gemir
y tiempo de bailar.
Hay tiempo de esparcir piedras
y tiempo de recogerlas.
Hay tiempo de abrazarse
y tiempo de desprenderse del abrazo.
Hay tiempo de buscar
y tiempo de perder.
Hay tiempo de guardar
y tiempo de desechar.
Hay tiempo de rasgar
y tiempo de coser.
Hay tiempo de callar
y tiempo de hablar.
Hay tiempo de amar
y tiempo de aborrecer.
Hay tiempo de guerra
y tiempo de paz.

¿Qué provecho saca de su obra el que en ella se fatiga?

Eclesiastés 3, 1-9.