Quema un libro, quema lo que somos.

– He de marcharme. El sermón ha terminado. Espero haber aclarado conceptos. Lo que importa que recuerdes, Montag, es que tú, yo, y los demás somos los Guardianes de la Felicidad. Nos enfrentamos con la pequeña marea de quienes desean que todos se sientan desdichados con teorías y pensamientos contradictorios. Tenemos nuestros dedos en el dique. Hay que aguantar firme. No permitir que el torrente de melancolía y la funesta Filosofía ahoguen nuestro mundo. Dependemos de ti. No creo que te des cuenta de lo importante que eres para nuestro mundo feliz, tal y como está ahora organizado.
(…)
-¡No es posible garantizar cosas así! Después de todo, cuando tuviésemos todos los libros que necesitásemos, aún insistiríamos en encontrar el precipicio más alto para lanzarnos al vacío. Pero necesitamos un respirador. Necesitamos conocimientos. Ya tal vez dentro de un millar de años, podríamos encontrar barrancos más pequeños desde los que saltar. Los libros están para recordarnos lo tonto y estúpidos que somos. Son la guardia pretoriana del César, susurrando mientras tiene lugar el desfile por la avenida: ‘Recuerda César, que eres mortal’. La mayoría de nosotros no podemos andar corriendo por ahí, hablando con todo el mundo, ni conocer todas las ciudades del mundo, pues carecemos de tiempo, de dinero o de amigos. Lo que usted anda buscando, Montag, está en el mundo, pero el único medio para que una persona corriente vea el noventa y nueve por ciento de ello está en un libro. No pida garantías. Y no espere ser salvado por alguna cosa, persona, máquina o biblioteca. Realice su propia labor salvadora, y si se ahoga, muera, por lo menos, sabiendo que se dirigía hacia la playa
(…)
¿Qué es el fuego? Un misterio. Los científicos hablan mucho de fricción y de moléculas. Pero en realidad no lo saben. Su verdadera belleza es que destruye responsabilidad y consecuencias. Si un problema se hace excesivamente pesado, al fuego con él.

Ray Bradbury, Fahrenheit 451.

La cosa más estúpida: la quema de libros. Con ello no vamos a conseguir “higienizar” el mundo. Lo que conseguimos es matar nuestra naturaleza y la posibilidad de contar con más opiniones aparte de la nuestra. Y como con todo, si no le gusta lo que lee, simplemente no lo lea u opine de manera crítica.

Pedro Berruguete, Santo Domigo y la quema de libros.


François Truffaut, Fahrenheit 451.

Share

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu email nunca será compartido con nadie.Los campos obligatorios están marcados con *