Cementerios de Londres VII: Abney Park Cemetery.

Este cementerio se encuentra situado en Stoke Newington High Street y forma parte de los Siete Cementerios. Como en otros camposantos, es también un parque y cuenta con todas las características típicas de la arquitectura funeraria victoriana: presencia de elementos egipcios, góticos, anclas, urnas, cruces de todo tipo, esculturas de ángeles, de animales, etc.

Abney Park Cemetery. La residencia de Sir Thomas Abney, un destacado “inconformista” de la época y Lord Mayor de Londres de 1700 a 1701, se encontraba situada allí. Durante 30 años Isaac Watts, compositor de himnos, vivió en esa casa. Podemos encontrar un monumento dedicado a Watts, obra de E.H. Bayly, en el lugar donde se encontraba dicha vivienda. Watts está enterrado en Bunhill Fields. El cementerio, de 30 acres, fue inaugurado por el Lord Mayor en 1840, siendo su propietaria la Compañía de Abney Park Cemetery. Dicha compañía se negó a consagrar la tierra, con lo que el 30 por ciento de sus enterramientos corresponde a “heterodoxos”, pasando así a ser el heredero de Bunhill Park. William Hosking diseñó la entrada y las puertas de estilo egipcio y la capilla de estilo gótico. El cementerio cuenta con gran variedad de árboles y arbustos (…) Están enterrados ahí William Hone, librero y escritor (1842); James Braidwood, jefe de la Brigada de incendios de Londres (1912) y William Booth, fundador del Ejército de Salvación (1912). El ayuntamiento de Hackney compró el cementerio en 1978, ya que éste se encontraba muy desatendido y deteriorado a causa de los vándalos.

The London Encyclopaedia.

“Diseño inteligente” frente a “azar”.

Amigos y sus creaciones literarias.

Como esta bitácora no está en las listas de las más leídas y gracias a eso podemos considerarla un cuaderno personal para minorías, vamos a animarnos a publicar poesías de amigos (por supuesto tratados injustamente por la vida y por las editoriales busca-nombres), puesto que la poesía es también un género muy minoritario en el mundillo de las “letras” y no desentona con lo antes expuesto.

Para inaugurar la sección, comenzaremos con una selección de poesías de Pablo González Menéndez, amigo y compañero de infortunios. Los poemas forman parte de su poemario inédito (la culpa es de las ya mencionadas editoriales) “El extraño aprendiz”.

LA VUELTA.

Si solo el terco deseo de dormir
le mantenía entonces con vida
y aquella esperanza ciega
de no sentir
trataba de dar sentido al caos
y si las sombras todo lo inundaban
de muerte
 
de poco servía aquella insistencia
en no aceptar lo consciente:
que el fracaso era solo una estación
en el camino de regreso.
 
Después de todo,
aquello era la vida nada más.

DUERMEVELA.

Condenado al recuerdo,
reflejo de quien se supo tardío,
tachaba los días venideros
armándose de posibles pretextos
por si el futuro llegaba
y lo encontraba solo una vez más.

CUANDO CAE LA NOCHE.

Cuando cae la noche mira las luces
de un edificio muerto en la distancia
a través de su ventana de tristeza.
Nada le retiene en ninguna parte
y nadie le reclama en ningún lugar.
Ha llegado hasta allí con la certeza
de un dedo aplastador en su espalda.
 
Se pregunta si en aquel edificio
habrá otro que le observa y envidia
 
su ubicación.

LA ÚLTIMA TENTACIÓN.

Vi cómo la cuenta de tu vida
era una hoja en blanco
en el centro de tu espalda.
Allí te abracé fuerte
y por un segundo
vi cómo la cuenta de mi vida
era una línea roja
a la altura de tu pecho.

GÉNESIS.

No es anunciado por un ángel
ni el mérito de la novedad
le consagra a su llegada.
Ajeno al desconcierto de los tiempos,
satisfecho en su columpio mientras
sus pies empujan nubes negras.

Antes de cerrar esta entrada, me gustaría recordar a mis amigos literatos a tiempo parcial que aquí tienen su sitio para mostrar su arte si así lo desean.

Pastafarismo y arte.

Acabo de encontrar la primera pintura religiosa sobre el pastafarismo.

La Gran Guerra.

Hoy es 11 de noviembre y se cumplen noventa años del final de la Primera Guerra Mundial, famosa por sus trincheras-infierno y por el avance que supuso para la cirugía plástica.

En un interesante documental, emitido hace unos minutos en la BBC4, se hizo balance del último día de la guerra y de la gran estupidez que de por sí encierra un conflicto armado. Aún a sabiendas de que la guerra estaba finiquitada y de que el armisticio tendría efecto a las 11.00 horas, muchos oficiales de los aliados (especialmente norteamericanos) decidieron cubrirse de más mierda mandando a sus hombres al campo sin más motivo aparente que el de la vanagloria personal y la idiotez más grotesca. Oficialmente, el último soldado caído en acto de servicio fue el estadounidense Henry Gunter (de origen germano y un poco acomplejado por ello) abatido a las 10.59, un minuto exacto antes de que los soldados alemanes abandonases sus armas.

George Grosz. Pandämonium. 1919.

A veces a uno le gustaría ver que estos problemas se resuelven a la manera de los Horacios pero con los dirigentes que los crean.

De creacionistas…

Acabo de venir de comprarme un libro al que le tenía echado el ojo desde hace un tiempo. Concretamente, éste:

Pero el libro venía con sorpresa: un panfleto que alguien, fanático él, había deslizado entre sus páginas para tratar de adoctrinar al pecador que osara celebrar el II centenario del nacimiento de Darwin con la lectura de un libro sobre esa doctrina de dudoso gusto, que echa aguas por todas partes y que contradice las ideas del único libro que importa.

He aquí un ejemplo de uno de estos panfletos incendiarios.

Para ponernos en contexto, es necesario reseñar que el autor de The Ancestor’s tale es Richard Dawkins, afamado biólogo y ateo beligerante. En el Reino Unido hay una guerra abierta entre los ateos y estos grupos de fanáticos religiosos que igual te reparten su propaganda, como se ponen a berrear sus ideas por toda la ciudad o empapelan los autobuses con publicidad engañosa. Y la cosa se agrava puesto que Dawkins es ultradefensor de la teoría de la evolución. Vamos, un polemista en toda regla.

En estos tiempos de creacionismo in crescendo y de salidas del armario del tipo “de prada”, la gente se pregunta si es posible que estas teorías calen en la sociedad española. Algunos esgrimen que estas ideas tienen más cabida en el mundo protestante y no en el católico, que acepta más el evolucionismo … aunque no hace mucho tiempo pensaban lo siguiente:

En España, amigos del diseño inteligente, la gente ya quedó espantada de males después de educarse con el nacionalcatolicismo. En sus famosas lecturas, el hecho de no compartir tu muñeca con tu prima Pepi te podía acarrear muerte (en el mayor de los casos) e infierno (en todos los casos).

Y yo me digo todos los días que si todo se rige por ese diseño, menuda puta gracia que tuvo el diseñador.

Remember, remember the Fifth of November.

Insatisfacción.

Pero así, exactamente así, era ella. Nunca he conocido a nadie que se le pareciera, ni en lo mejor ni en lo peor. Y desde siempre, desde que tenía catorce años, que fue cuando yo la conocí, estaba acostumbrada a que los hombres, los chicos entonces, zumbaran a su alrededor. Sin embargo, jamás llegó a estar satisfecha con lo que tenía, ni en aquella época ni después. Era como una condena, como un lastre, como una enfermedad de la que nunca logró curarse. No sabía disfrutar de las cosas, no era capaz de apreciar su valor, de extraer placer o alegría de los objetos, de los lugares, de las personas. Cuando conseguía algo, lo dejaba caer y salía corriendo detrás de un objeto más difícil de alcanzar, y si actuaba así no era porque todo le pareciera indigno de ella, sino más bien por lo contrario. Era una enemiga feroz de sí misma, tenía una personalidad muy autodestructiva.

Almudena Grandes, Los aires difíciles.

Grandioso Forges.

…are my hopes since hope is gone…

Sin duda, una de mis canciones isabelinas preferidas de uno de mis compositores isabelinos (en pugna con William Byrd) favorito: el gran John Dowland. Gran interpretación de Andreas Scholl.

Flow, my tears, fall from your springs!
Exiled for ever, let me mourn;
Where night’s black bird her sad infamy sings,
There let me live forlorn.
Down vain lights, shine you no more!
No nights are dark enough for those
That in despair their lost fortunes deplore.
Light doth but shame disclose.
Never may my woes be relieved,
Since pity is fled;
And tears and sighs and groans my weary days
Of all joys have deprived.
From the highest spire of contentment
My fortune is thrown;
And fear and grief and pain for my deserts
Are my hopes, since hope is gone.
Hark! you shadows that in darkness dwell,
Learn to contemn light
Happy, happy they that in hell
Feel not the world’s despite.

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