Microrrelatos

A C., creadora de microrrelatos

El relato corto es uno de mi géneros favoritos: la capacidad de decir lo más importante sin circunloquios y de la forma más breve posible. Un ejemplo de ello son los microrelatos, que condensan en pocas líneas, muchas veces una sola oración, lo que a otros muchos autores les lleva más de 100 páginas. La forma en que se usa el tiempo, el espacio… la creación de sensación, la captación fotográfica de un momento (la magia de encontrar diferentes detalles cada día), la creación muchas veces de verdadera poesía poética, la mezcla de diferentes géneros literarios, etc.

Una interesante antología es la editada por Jose Luís González en “Dos veces cuento. Antología de microrrelatos”. De ella recojo algunos pequeños relatos que me han llamado la atención:

“El grafólogo”. Salvador Elizondo.

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

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“La pesadilla de Peter Pan”. Fernando Iwasaki.

Cada vez que hay luna llena yo cierro las ventanas de casa, porque el padre de Mendoza es el hombre lobo y no quiero que se meta en mi cuarto. En verdad no debería asustarme porque el papá de Salazar es Batman y a esas horas debería estar vigilando las calles, pero mejor cierro la ventana porque Merino dice que su padre es Jocker, ý Jocker se la tiene jurada al papá de Salazar.

Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos, menos mi padre, que insiste en que él sólo vende seguros y que no me crea esas tonterías. Aunque no son tonterías porque el otro día Gómez me dijo que su papá era Tarzán y me enseñó su cuchillo, todo manchado de sangre de leopardo.

A mí me gustaría que mi padre fuese alguien, pero no hay ningún héroe que use corbata y chaqueta a cuadritos. Si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo. Por eso me puse a pensar quién podría ser mi padre.

Un día se quedó leyendo el periódico y lo vi todo flaco y largo en el sofá, con sus bigotes de mosquetero y sus manos pálidas, blancas blancas como el mármol de la mesa. Entonces corrí a la cocina y saqué el hacha de cortar la carne. Por la ventana entraban la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza, pero mi padre ya grita más fuerte y parece un pirata de verdad. Que se cuiden Merino, Salazar y Gómez, porque ahora soy el hijo del Capitán Garfio.

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“Premeditación y alevosía”. Arturo Ledrado.

Cuando salió del bar, llovía copiosamente. Sonrió

Al menos hoy al llegar a casa podrá anotar en su diario dos hechos. El primero- a título informativo-, la sorpresiva lluvia. (Ciertos meteoros dan mucho de sí: los reflejos sobre el asfalto mojado; el ruido de los canalones; las carreras de los transeúntes en busca de un taxi; el mendigo de la Plaza de santa Ana, cubierto con un plástico transparente). Nada como la lluvia para exaltar la metáfora.

La segunda anotación, escrita por supuesto, requerirá para su redacción un tacto especial y no más de cinco o seis palabras. Los detalles habrán de recuperarlos otros. A él le basta con marcar el suceso: “Esta tarde he asesinado a Laura”.

Después, una cena ligera y un libro.

Sonrió mientras bajaba muy despacio la escalera del aparcamiento.

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“Tiempo de amor”. José Javier Alfaro Calvo.
El tiempo no funciona cuando llega el amor.

Mañana te estuve contemplando durante dos horas seguidas.
Ayer me compraré dos ojos de repuesto y así seguir mirándote.

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“Eustace”. Tanith Lee.

Amo a Eustace a pesar de que me lleva cuarenta años, es totalmente mudo y no tiene ningún diente. Me da igual que Eustace esté completamente calvo- excepto los pelos esos que se le ven entre los dedos de los pies-, que cuando ande se le note la joroba y a veces se caiga en medio de la acera. Si cree que tiene que emitir uno de esos cortos sonidos agudos suyos como silbando, o si se le da por mordisquear con su boca sin dientes en el sofá o irse a dormir al jardín, yo lo acepto todo como cosas bastante normales. Porque le amo. A Eustace le amo porque es el único hombre del mundo al que no le importa que yo tenga tres piernas.

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“El presentimiento”. Juan Pedro Aparicio.

La familia rodeaba al moribundo.

El moribundo habló con lentitud:

– Siempre creí que yo no viviría mucho.

Los niños clavaban en él sus conmovidos ojos.

El moribundo continuó tras un suspiro:

– Siempre tuve el presentimiento de que me iba a morir muy pronto.

El reloj del comedor tocó la media y el moribunfo tragó saliva.

– Luego, a medida que he ido viviendo, llegué a creer que mi presentimiento era falso.

El moribundo concluyó juntando las manos:

– Ahora, ya véis: con ochenta y seis años bien cumplidos comprendo que ese presentimiento ha sido la mayor verdad de mi vida.

Como dijo cierto poeta, me siento más orgullosa de mis lecturas que de mis escritos. La musas siempre me fueron adversas pero hoy me voy a atrever a crear dos pequeños microrrelatos.

Ironía.

– ¿Qué te parece si no le comentamos nada de este tema?
– A las amigas nunca se les miente… ¿o sí?

Mi universo.

Mi pequeño universo nació con un pequeño bigbang hasta que el creacionismo demuestre lo contrario. Mi pequeño universo todavía está en expansión, universo infinito, personalidad fragmentada en multiples planetas y en satélites variados. Algunos días se asoma un agujero negro, otros avisto otras galaxias lejanas.

Para acabar, una curiosidad muy inglesa:

“What a funny little man you are”- Telegram from Lord Alfred Douglas to his father, the Marquess of Queensberry, on the latter threatening to disinherit him.