La vida moderna

Al día siguiente. A las nueve de la mañana:

ZAMBOMBO.-(Al criado de Paco Arencibia.) Vengo a ver al señor.
EL CRIADO.-¿Al señor Arencibia?
ZAMBOMBO.-Sí.
EL CRIADO.-Pues lo siento de veras, caballero, pero el señor está descansando.

A las diez:

ZAMBOMBO.-¿Puedo ver al señor?
EL CRIADO.-Todavía descansa, caballero.

A las once:

ZAMBOMBO.-¿Se ha levantado ya el señor?
EL CRIADO.-No, caballero. Está durmiendo aún.

A las doce:

ZAMBOMBO.-¿El señor?
EL CRIADO.-Duerme todavía. Le he llamado dos veces y me ha dicho que me fuera a vender dátiles.

A la una:

ZAMBOMBO.-¿Pero es posible que no se haya levantado aún el señor?
EL CRIADO.-Es posible, caballero. Parece mentira que eso pueda ocurrir, pero desgraciadamente ocurre.

A la una y media:

ZAMBOMBO.-¿Todavía?
 EL CRIADO.-Aún.

A las dos:

ZAMBOMBO.-¿Aún?
EL CRIADO.-Todavía.

A las dos y media:

ZAMBOMBO.-¿Sigue durmiendo?
EL CRIADO.-Pase usted al salón. Está levantándose.

De dos y media a tres y media:

Impaciente espera de Zambombo en el salón particular de Paco Arencibia.

A las tres y media:

Paco Arencibia surgió en la puerta del saloncito y avanzó sonriente hacia su visitante. Vestía un traje morado-abate, abrigo de paño gris empeletado; en la mano izquierda, un sombrero del color del traje y unos guantes livianos, y su mano derecha jugueteaba con la cadenita de platino blancuzco de un monóculo oval.

-Perdone la larga espera, caballero. Nada me cuesta tanto trabajo como madrugar. La persona de mi mayor afecto no tiene nada que hacer, si quiere granjearse mi odio, más que despertarme temprano. Esta es la razón por la cual aborrezco a mi ayuda de cámara. Supongo que a usted le sucederá lo que a mí. Pero no hablemos de mí… El tiempo de usted es precioso y el mío encantador, aunque yo no hago nada en todo el día, aparte-claro está-de aburrirme. No obstante, la vida moderna nos obliga a hacerlo todo de prisa, incluso aburrirnos. La vida moderna… ¡Qué cosa, la vida moderna! Pero, ¿con quién tengo el honor de hablar, caballero?

Enrique Jardiel Poncela, Amor se escribe sin hache.

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