Dictadores.

Dictadores de todos los colores, banderas, ideologías. etc. Genocidios al servicio de todos los gobiernos, unos permitidos, otros ejecutados directamente.

Resulta gracioso ver cómo la gente discute sobre quién fue más dictador: Franco, Mussolini, Hitler, Stalin… Y para ello nos amparamos en la ideología que defendemos, nos cegamos y no dejamos que nuestro bando sea culpable de algo tan salvaje. Es más, el genocidio del otro siempre es salvaje, hiperbólico mientras que el nuestro es de justicia, al servicio de una idea que creemos ser la salvadora de todos los problemas, la solución definitiva.

El siglo XX fue el siglo de la desilusión. Desilusión y muerte de todos los ideales. Una pesadilla de utopías no consumadas, convertidas en distopías. Y esto facilita aún más las democracias con tendencias totalizadoras, de apatía cívica, de muerte social. Democracias que supuestamente comenten esos mismos crímenes ya sea por intereses políticos, ya sea por mirar hacia otro lado.

Todas las discusiones sobre ideologías nazis, fascistas, falangistas, estalinistas, se enmarañan en un monólogo egocéntrico sin fin sobre cuáles de ellas eran más justas socialmente, cuáles eran más equitativas, etc. La verdad es que buscar comunismo en el fascismo y fascismo en el comunismo es una pérdida de tiempo. Es la misma pérdida de tiempo que tratar de ver comunismo en el catolicismo o capitalismo en China. Realmente todas ellas nos muestras un camino fácil hacia la supuesta felicidad social pero lo que hacen es guardarse las espaldas para ganarse adeptos que los sostengan en el poder.

The temptation to compare Hitler and Stalin is a compelling one. They are popularly regarded as twin demons of the twentieth century, responsible for different reasons and in different ways for more violent deaths than other any contemporary men in history. They sit uneasily in comparison with other contemporany dictators or with those in earlier times. To set Stalin and Hitler side by side is to join company with two of the historical giants of the modern age, whose dictatorships met head-to-head in the greatest and costliest of all armed conflicts.

Richard Overy, The Dictators.

Y estos problemas no son cosas del pasado. Sirva de ejemplo el de Darfur.

Criticamos los fanatismos religiosos pero olvidamos los políticos cuando lo que realmente necesitamos es un mundo justo, habitable, compartiendo derechos y deberes, y libre de prejuicios.

Modern politics is a chapter in the history of the religion. The greatest of the revolutionary upheavals that have shaped so much of the history of the past two centuries were episodes in the history of faith-moment in the long dissolutio of Christianity and the rise of modern political religion. the world in which we find ourselves at the start of the new millennium is littered woth the debris of utopian prokects, which though they were framed in secular terms that denied the truth of religion were in fact vehicles for religious myths.

Communism and Nazism claimed the cod- science of historical materialism, in Nazism the farrago of “scientific racism”. These claims were fraudulent but the use of pseudo-science did not stop with the dissolution of the USSR in December 1991. It continued in neo-conservative theories that claimed the world is converging on a single type of government and economic system-universal democracy, or a global free economic system-universal democracy, or a global free market. Despite the fact that it was presented in the trappings of social science, this belief that humanity was on the brink of a new era was only the most recent version of apocalyptic beliefs that go back to he most ancient times.

John Gray(autor interestante aunque criticable en algunos aspectos), Black mass.

Esa idea de la Humanidad que tiene Gray no parece nada nuevo. Pessoa ya habló sobre el tema.

(…)pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie humana, no era más digna de adoración que cualquier otra especie animal. Ese culto a la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me pareció siempre una revivificación de los cultos antiguos, donde los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales(…)no pudiendo tener fe en la abstracción del hombre, nos quedaba, como motivo de tener alma, la contemplación estética de la vida. Y así, ajenos a la solemnidad de todos los mundos, indiferentes a lo divino y menospreciadores de lo humano, nos entregamos fútilmente a la sensación sin propósito, cultivada en un epicureísmo sutilizado, como conviene a nuestros nervios cerebrales.

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego.

Quizá el problema es que como animales culturales pensamos demasiado en la abstracción, en las ideas inamovibles, en los dogmas, sin pararnos en los problemas reales. Cada vez que fallamos socialmente, fracasa nuestra inteligencia.

Y sobre el ser humano como animal, me viene a la cabeza este libro.

Todo lo que hacemos posee una base genética innata, y nuestras actividades tienen algo en común con otras especies. Sin embargo, hemos desarrollado estos patrones animales de forma única, exagerándolos y ampliándolos hasta niveles insospechados, y en otras ocasiones reprimiéndolos con consecuencias perjudiciales.

Las variaciones culturales sobre nuestros aspectos biológicos han sido a menudo tan marcadas e impresionantes que han eclipsado el parecido fundamental de todos los seres humanos. Eso ha conducido a conflictos desastrosos e innecesarios como si cada una de nuestras sociedades perteneciera a una especie diferente, compitiendo a muerte unas con otras(…)

Llevamos sombreros diferentes, pero todos sonreímos del mismo modo; hablamos distintos idiomas, pero todos tienen el mismo origen gramatical; lucimos trajes nupciales diferentes, pero todos nos enamoramos. Pese a las disimilitudes en cuanto al color de la piel, las creeencias religiosas y los ritos sociales, biológicamente somos inceríblemente parecidos.

Desmond Morris, El animal humano.