De nicotina y otros demonios

Esta realidad no es del todo conocida. El fumador cree que fuma porque le “gusta”, “quiere”, le “da placer” o “no puede dejar”. Muchos ni se atreven a considerar la posibilidad  de abandonar el cigarrillo porque tienen miedo, o están convencidos de que no van a poder lograrlo. Como intentaron varias veces y reincidieron, se sienten incapaces, en inferioridad de condiciones. Están equivocados. Son adictos a la nicotina y hasta el momento no han conseguido superarlo.

El camino que hay que recorrer es casi inverso:

1. Primero hay que enfrentar el temor al fracaso y aceptar que lo que le pasa a cada uno es muy parecido a lo que les sucede a los demás. Desnudar sentimientos y fantasmas para reconocer las limitaciones propias y empezar a prepararse mentalmente para deja de fumar sin sufrir.

2. Asumir y tomar conciencia de que la verdadera enfermedad es la adicción: nadie es culpable de ser adicto y cualquiera se puede recuperar con ayuda.

3. Informarse sobre los mecanismos de la adicción, ese enemigo íntimo. El síndrome de abstinencia que provoca la falta de cigarrillo se puede contrarrestar con medicación específica. Entre los siete y los diez días después de haber dejado el cigarrillo, los neurorreceptores que piden nicotina se “archivan” y dejan de reclamar la droga. Esto reduce notablemente lis síntomas y el aspecto fisiológico de la adicción queda totalmente controlado. Desaparece el “hambre” de nicotina.

4. Informarse sobre las ventajas de encarar un tratamiento para dejar de fumar.

5. Tomar la decisión y dejar efectivamente. Luego, comenzar a comprobar los beneficios, tanto a nivel físico como emocional.

6. Mantenerse siempre alerta, en guardia, para evitar reincidencias. Esto es algo más que estar atentos o “recordar” permanentemente que no se fuma. Implica la “construcción” de un estado de alerta constante para evitar recaídas.

La decisión de dejar de fumar tiene que ser meditada y razonada; lo primero que interviene es el conocimiento: qué tengo, cuál es mi vinculo actual con el cigarrillo, para qué lo usé en in principio, para qué me sirve hoy.

Carola Sainz y Susana Reiznik, El placer de no fumar…nunca más.