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	<title>Ilustraci&#243;n digital &#187; Reflexiones varias</title>
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		<title>Prólogos.</title>
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		<pubDate>Thu, 03 May 2012 23:27:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa breve]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Chaves Nogales]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo era eso que los sociólogos llaman un &#8220;pequeñoburgués liberal&#8221;, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio – como dicen los marxistas –, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>
Yo era eso que los sociólogos llaman un &#8220;pequeñoburgués liberal&#8221;, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio – como dicen los marxistas –, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionado periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo. Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero, a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, de ciudadano de una república democrática y parlamentaria.</p>
<p>Si, como me ocurría a veces, el capitalismo no prestaba de buen grado sus grandes rotativas y sus toneladas de papel para que yo dijese lo que quería decir, me resignaba a decirlo en el café, en la mesa de redacción o en la humilde tribuna de un ateneo provinciano, sin el temor de que nadie viniese a ponerme la mano en la boca y sin miedo a policías que me encarcelasen, ni a encamisados que me hiciesen purgar atrozmente sus errores. Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistemáticamente a creer en la virtud salutífera de las grandes conmociones y aguardaba trabajando, confiado en el curso fatal de las leyes de la evolución. Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario.</p>
<p>En realidad, y prescindiendo de toda prosopopeya, mi única y humilde verdad, la cosa mínima que yo pretendía sacar adelante, merced a mi artesanía y a través de la anécdota de mis relatos vividos o imaginados, mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad; es decir, una aversión natural al único pecado que para mí existe, el pecado contra la inteligencia, el pecado contra el Espíritu Santo.</p>
<p>Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. Después de tres siglos de barbecho, la tierra feraz de España hizo pavorosamente prolífica la semilla de la estupidez y la crueldad ancestrales. Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.</p>
<p>De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros. Me consta por confidencias fidedignas que, aun antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que había que adoptar contra el posible triunfo de la revolución social, sin perjuicio de que los revolucionarios, anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable.</p>
<p>Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional. Un consejo obrero, formado por delegados de los talleres, desposeyó al propietario de la empresa periodística en que yo trabajaba y se atribuyó sus funciones. Yo, que no había sido en mi vida revolucionario, ni tengo ninguna simpatía por la dictadura del proletariado, me encontré en pleno régimen soviético. Me puse entonces al servicio de los obreros como antes lo había estado a las órdenes del capitalista, es decir, siendo leal con ellos y conmigo mismo. Hice constar mi falta de convicción revolucionaria y mi protesta contra todas las dictaduras, incluso la del proletariado y me comprometí únicamente a defender la causa del pueblo contra el fascismo y los militares sublevados. Me convertí en el &#8220;camarada director&#8221;, y puedo decir que durante los meses de guerra que estuve en Madrid, al frente de un periódico gubernamental que llegó a alcanzar la máxima tirada de la prensa republicana, nadie me molestó por mi falta de espíritu revolucionario, ni por mi condición de &#8220;pequeñoburgués liberal&#8221;, de la que no renegué jamás.</p>
<p>Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos reaccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo.</p>
<p>Hombro a hombro con los revolucionarios, yo, que no lo era, luché contra el fascismo con el arma de mi oficio. No me acusa la conciencia de ninguna apostasía. Cuando no estuve conforme con ellos, me dejaron ir en paz.</p>
<p>Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas.</p>
<p>Los &#8220;espíritus fuertes&#8221; dirán seguramente que esta repugnancia por la humana carnicería es un sentimentalismo anacrónico. Es posible. Pero, sin grandes aspavientos, sin dar a la vida humana más valor del que puede y debe tener en nuestro tiempo, ni a la acción de matar más trascendencia de la que la moral al uso pueda darle, yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo.</p>
<p>Se paga caro, desde luego. El precio, hoy por hoy, es la Patria. Pero, la verdad, entre ser una especie de abisinio desteñido, que es a lo que le condena a uno el general Franco, o un kirguís de Occidente, como quisieran los agentes del bolchevismo, es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo, por la parte habitable de mundo que nos queda, aun a sabiendas de que en esta época de estrechos y egoístas nacionalismos el exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre su existencia. De cualquier modo, soporto mejor la servidumbre en tierra ajena que en mi propia casa. </p>
<p>Cuando el gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia, abandoné yo el mío. Ni una hora antes, ni una hora después. Mi condición de ciudadano de la República Española no me obligaba a más ni a menos. El poder que el gobierno legítimo dejaba abandonado en las trincheras de los arrabales de Madrid lo recogieron los hombres que se quedaron defendiendo heroicamente aquellas trincheras. De ellos, si vencen, o de sus vencedores, si sucumben, es el porvenir de España.</p>
<p>El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual. El hombre fuerte, el caudillo, el triunfador que al final ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes –según la imagen clásica– va a mantener en servidumbre a los celtíberos supervivientes, puede salir indistintamente de uno u otro lado. Desde luego, no será ninguno de los líderes o caudillos que han provocado con su estupidez y su crueldad monstruosas este gran cataclismo de España. A ésos, a todos, absolutamente a todos, los ahoga ya la sangre vertida. No va a salir tampoco de entre nosotros, los que nos hemos apartado con miedo y con asco de la lucha. Mucho menos hay que pensar que las aguas vuelvan a remontar la corriente y sea posible la resurrección de ninguno de los personajes monárquicos o republicanos a quienes mató civilmente la guerra.</p>
<p>El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a esa terrible e ininteligente selección de la guerra que hace sucumbir a los mejores. ¿De derechas? ¿De izquierdas? ¿Rojo? ¿Blanco? Es indiferente. Sea el que fuere, para imponerse, para subsistir, tendrá, como primera providencia, que renegar del ideal que hoy lo tiene clavado en un parapeto, con el fusil echado a la cara, dispuesto a morir y a matar. <strong>Sea quien fuere, será un traidor a la causa que hoy defiende</strong>. Viniendo de un campo o de otro, de uno u otro lado de la trinchera, llegará más tarde o más temprano a la única fórmula concebible de subsistencia, la de organizar un Estado en el que sea posible la humana convivencia entre los ciudadanos de diversas ideas y la normal relación con los demás Estados, que es precisamente a lo que se niegan hoy unánimemente con estupidez y crueldad ilimitadas los que están combatiendo.</p>
<p>No habrá más que una diferencia, un matiz. El de que el nuevo Estado español cuente con la confianza de un grupo de potencias europeas y sea sencillamente tolerado por otro, o viceversa. <strong>No habrá más. Ni colonia fascista ni avanzada del comunismo. Ni tiranía aristocrática ni dictadura del proletariado. En lo interior, un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y a pasar hambre sin rechistar durante veinte años, hasta que hayamos pagado la guerra</strong>. Rojo o blanco, capitán del ejército o comisario político, fascista o comunista, probablemente ninguna de las dos cosas, o ambas a la vez, el cómitre que nos hará remar a latigazos hasta salir de esta galerna ha de ser igualmente cruel e inhumano. En lo Exterior, un Estado fuerte, colocado bajo la protección de unas naciones y la vigilancia de otras. Que sean éstas o aquéllas, esta mínima cosa que se decidirá al fin en torno de una mesa y que dependerá en gran parte de la inteligencia de los negociadores, habrá costado a España más de medio millón de muertos. Podía haber sido más barato.</p>
<p>Cuando llegué a esta conclusión abandoné mi puesto en la lucha. Hombre de un solo oficio, anduve errante por la España gubernamental confundido con aquellas masas de pobres gentes arrancadas de su hogar y su labor por el ventarrón de la guerra. Me expatrié cuando me convencí de que nada que no fuese ayudar a la guerra misma podía hacerse ya en España.</p>
<p>Caí, naturalmente, en un arrabal de París, que es donde caen todos los residuos de la humanidad que la monstruosa edificación de los Estados totalitarios va dejando. Aquí, en este hotelito humilde de un arrabal parisiense, viven mal y esperan a morirse los más diversos especímenes de la vieja Europa: popes rusos, judíos alemanes, revolucionarios italianos&#8230;, gente toda con un aire triste y un carácter agrio que se afana por conseguir lo inasequible: una patria de elección, una nueva ciudadanía. No quiero sumarme a esta legión triste de los &#8220;desarraigados&#8221; y, aunque siente como una afrenta el hecho de ser español, me esfuerzo en mantener una ciudadanía española puramente espiritual, de la que ni blancos ni rojos puedan desposeerme.</p>
<p>Para librarme de esta congoja de la expatriación y ganar mi vida, me he puesto otra vez a escribir y poco a poco he ido tomando el gusto de nuevo a mi viejo oficio de narrador. España y la guerra, tan próximas, tan actuales, tan en carne viva, tienen para mí desde este rincón de París el sentido de una pura evocación. Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera. A veces los personajes que intento manejar a mi albedrío, a fuerza de estar vivos, se alzan contra mí y, arrojando la máscara literaria que yo intento colocarles, se me van de entre las manos, diciendo y haciendo lo que yo, por pudor, no quería que hiciesen ni dijesen.</p>
<p>Y luchando con ellos y conmigo mismo por permanecer distante, ajeno, imparcial, escribo estos relatos de la guerra y de la revolución que presuntuosamente hubiera querido colocar sub specie aeternitatis. No creo haberlo conseguido. </p>
<p>Y quizá sea mejor así.</p>
<p>Mountrouge (Seine), enero-mayo de 1937.</p>
<p>Manuel Chaves Nogales, prólogo de <em>A sangre y fuego.</em></p></blockquote>
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		<title>Responsabilidad</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Mar 2012 00:14:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
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		<category><![CDATA[Urbanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Aurelio Artera]]></category>

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		<description><![CDATA[Así, pues, en una sociedad compleja es fácil sentir disminuida la responsabilidad personal cuando uno mismo no pasa de ser un eslabón intermedio en la cadena de la acción dañina. Cuando se trata de resultados halagüeños, nos atribuimos el mérito de haber cooperado a alcanzarlos. Como esos resultados sean repulsivos o funestos, en cambio, la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Así, pues, en una sociedad compleja es fácil sentir disminuida la responsabilidad personal cuando uno mismo no pasa de ser un eslabón intermedio en la cadena de la acción dañina. Cuando se trata de resultados halagüeños, nos atribuimos el mérito de haber cooperado a alcanzarlos. Como esos resultados sean repulsivos o funestos, en cambio, la tentación es la contraria: nosotros sólo éramos una pieza del engranaje, nuestro quehacer apenas tuvo parte en el desenlace final. <strong>Por ahí se escurre la responsabilidad individual en el seno de un grupo.</strong></p>
<p>Aurelio Arteta, <em>Tantos tontos tópicos</em>.</p></blockquote>
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		<title>Politik</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Mar 2012 16:07:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Pintura]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[Urbanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Ángel]]></category>

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		<description><![CDATA[Y viceversa&#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y viceversa&#8230;</p>
<p><a href="http://ilustracion-digital.net/wp-content/uploads/2012/03/20120303-160544.jpg"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/uploads/2012/03/20120303-160544.jpg" alt="20120303-160544.jpg" class="alignnone size-full" /></a></p>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Fpolitik%2F&amp;title=Politik" id="wpa2a_6"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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		<title>El principio del mal o el arte de la vanidad</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Feb 2012 16:34:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[Urbanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Arthur Schopenhauer]]></category>

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		<description><![CDATA[La dialéctica erística es el arte de disputar, y precisamente el arte de disputar de modo que uno tenga razón; y ello per fas et nefas (con medios lícitos e ilícitos). De hecho, se puede tener objetivamente razón en la cosa misma, pero no tenerla ante los ojos de los presentes e, incluso, ni ante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>La <em>dialéctica erística</em> es el arte de disputar, y precisamente el arte de disputar de modo que uno tenga <em>razón</em>; y ello <em>per fas et nefas </em>(con medios lícitos e ilícitos). De hecho, se puede tener objetivamente razón en la cosa misma, pero no tenerla ante los ojos de los presentes e, incluso, ni ante los propios ojos. Así sucede, por ejemplo, cuando el adversario refuta mi propia prueba y eso se toma como la refutación de la tesis misma; en apoyo de la cual se pueden aducir otras pruebas. En tal caso, naturalmente, la situación, en lo que respecta al adversario, es inversa: aparece teniendo razón aunque objetivamente no la tenga. Por consiguiente, la verdad objetiva de una proposición y la validez de la misma en la aprobación de los contendientes y oyentes son dos cosas distintas. (A esta última se refiere la dialéctica.)</p>
<p>¿De dónde deriva esto? De la maldad natural del género humano. Si esta no existiera, si en nuestro fondo fuésemos honrados, en todo debate intentaríamos que la verdad saliera a la luz, sin preocuparnos de si, de hecho, esta resulta conforme a la opinión que nosotros sostuvimos al principio o a la de otro; lo cual sería indiferente o, en todo caso, de importancia muy secundaria. Sin embargo, esto se convierte en lo principal. Nuestra congénita vanidad, especialmente susceptible en todo lo concerniente a la capacidad intelectual, no quiere aceptar que lo que, en el primer momento sostuvimos como verdadero aparezca falso, y verdadero lo que sostuvo el adversario. Por consiguiente, cada uno debería preocuparse únicamente de formular juicios justos. Y, para ello, debería primero pensar y después hablar. Pero en la mayoría de las personas, a la innata vanidad se une la incontinencia verbal y una innata <em>falta de probidad</em>. Hablan antes de haber pensado y, cuando después se dan cuenta de que su afirmación es falsa y no tienen razón, pretenden que <em>aparezca</em> como si fuese a la inversa. El interés por la verdad, que debería ser el único motivo para sostener lo mantenido como verdadero, cede ahora por completo el paso al interés de la vanidad. Lo verdadero ha de aparecer como falso y lo falso como verdadero.</p>
<p>Arthur Schopenhauer, <em><a href="http://www.medellin.edu.co/sites/Educativo/Repositorio%20de%20Recursos/Schopenhauer_Arthur-Dialectica%20Eristica%20O%20El%20Arte%20De%20Tener%20Razon.pdf">El arte de tener razón</a>.</em></p></blockquote>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Fel-principio-del-mal-o-el-arte-de-la-vanidad%2F&amp;title=El%20principio%20del%20mal%20o%20el%20arte%20de%20la%20vanidad" id="wpa2a_8"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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		<title>YO FUI ESCLAVO DEL TABACO</title>
		<link>http://ilustracion-digital.net/yo-fui-esclavo-del-tabaco/</link>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 23:02:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[Terenci Moix]]></category>

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		<description><![CDATA[He estado a punto de morir con la gentil colaboración de Tabacalera española. Puedo hacer esta afirmación con absoluta certeza porque he sido fiel a sus productos nacionales desde 1957. El consumo salvaje de las marcas Celtas y Ducados me permite afirmar que los asesinos hablan mi idioma. Cuando he residido en el extranjero han [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>He estado a punto de morir con la gentil colaboración de Tabacalera española. Puedo hacer esta afirmación con absoluta certeza porque he sido fiel a sus productos nacionales desde 1957. El consumo salvaje de las marcas Celtas y Ducados me permite afirmar que los asesinos hablan mi idioma. Cuando he residido en el extranjero han sido Gitanes y Gauloises, con la aportación decididamente cutre de los Nazionali cuando viví en Roma. Y todos en cantidades tan ingentes que justifican el título de este artículo, al estilo de “Yo fui una madre soltera” o “Yo fui un Frankenstein adolescente”. O, siguiendo con el cine: “Me llamo Lillian Roth y soy una alcohólica”. Así, pues, confesión pura y dura.</p>
<p>Descartando los factores obvios sobre los que inciden razonablemente todos los escritos contra el tabaco, sí quisiera esgrimir mis derechos al récord del tabaquismo; y, puesto que me había sido diagnosticado un enfisema pulmonar en grado avanzado, mis aspiraciones al Guinness de la estupidez.</p>
<p>Estamos hablando, naturalmente, de una compulsión, pero en lenguaje llano puedo llamarlo obsesión, delirio y hasta locura. Sólo con epítetos un tanto desorbitados puedo calificar a los alucinantes momentos en que intenté desengancharme. Y esto en una época en que el enfisema ya había convertido mi caso en cuestión de vida o muerte. Vértigos, estados de histeria, alucinaciones, agresividad, eran algunos peldaños que me hacían subir directamente a la desesperación. Tales reacciones me hacían ver que casi cuarenta años de tabaquismo habían hecho su efecto. No era una constatación demasiado útil. El reconocimiento de un fallo y su enmienda no siempre van juntos; sobre todo cuando la adicción es tan traidora como para aportar a cada causa su justificación; sus coartadas a menudo múltiples. La primera de ellas : “Si no dejo el tabaco es porque no quiero. Y, después de todo, siempre hay tiempo para hacerlo”.</p>
<p>Pero el tiempo transcurre, las facultades menguan, la basura va invadiendo los pulmones, al final los devora y la dependencia crece hasta convertirse en una esclavitud. Lo más lógico es reconocer de una vez que me he convertido en una piltrafa, pero los Ducados pueden más. Pertenezco a la clase de fumadores que quieren dejarlo&#8230; sin quererlo dejar.</p>
<p>Con mi enfisema debidamente diagnosticado continué consumiendo el veneno y reduciendo mi calidad de vida al mínimo, por no decir a la nada absoluta. Nunca faltaron excusas. ¿Cómo iba a escribir una sola página sin mis aliados, los cigarrillos? Pero los Ducados no me han convertido en Joyce. ¿Cómo hacer el amor sin aspirar, después, una calada, como hacían las heroínas de la Nouvelle vague? pero no se me presentó la oportunidad, porque gracias al tabaquismo entré directamente en la impotencia sexual, con el consiguiente deterioro de mis relaciones de pareja.</p>
<p>En tales circunstancias no podía recurrir a las frases estilo “virgencita mía, ¡qué cruz me has mandado!”; y no podía porque la cruz me la busqué yo, aunque no sin ayuda. A los dieciséis años recurrí al cigarrillo como tantos otros: no para hacerme el macho –comprenderán que esto siempre me importó un pito–, sino como forma de distinción social, aprendida en la moda y, desde luego, en los dioses del cine; pero las tabacaleras todavía no me alertaban con esa astuta advertencia que adornaría las cajetillas muchos años después, cuando ya era demasiado tarde: “El tabaco perjudica seriamente la salud”. </p>
<p>Santo aviso, pero ambiguo. El tabaco entraría a formar parte de las múltiples cosas que pueden dañar la salud en mayor o menor grado, pero nunca en anuncios o cajetillas, he leído que los cigarrillos CREAN ADICCIÓN. Y es aquí donde los fumadores perjudicados estamos en el derecho de exigir responsabilidad y de acusar a las tabacaleras de criminales.</p>
<p>Porque no es cierto, como han escrito recientemente algunos compañeros, que el fumador pueda dejar de fumar de la noche a la mañana; no es cierto que se trate de un simple problema de albedrío. La adicción es la trampa mortal. Y lo es en un grado que no he conocido en cosa alguna.</p>
<p>Los Ducados han permanecido a mi lado, año tras año, día a día, minuto a minuto. ¿De qué poderosa materia estaban hechos esos diablillos como para irme convenciendo de que eran amiguetes cuando, de hecho, eran mojones en mi camino hacia el desastre?</p>
<p>Mientras me convertían en adicto, en obseso, en esclavo, me hacían creer que me estaban ayudando. Pero, ¿y qué? Los problemas, cualesquiera que fuesen, seguían existiendo aunque los disfrazase tras una cortina de humo. Más aún, generaban un nuevo problema que no era sino el reconocimiento de mi irresponsabilidad. Si no fumaba caía en la desesperación, si fumaba me desesperaba por ceder. Y a fe que intenté dejarlo por todos los medios aconsejados: libros de ayuda, acupuntura, ondas electromagnéticas, parches de nicotina, pastillas, boquillas&#8230; Sólo que faltaba lo más importante: la decisión verdadera, asumida, de querer dejarlo realmente. Los cojones que Tabacalera me había arrebatado.</p>
<p>Mientras, el enfisema seguía su curso. Y el tabaco también. Una pintoresca pulmonía doble vino a completar el cuadro. Y a mayor peligro, más tabaco.</p>
<p>Enlazo con el principio: he visto a la Muerte cara a cara. No era como la de Ingmar Bergman, negra, ni como la de Woody Allen, blanca. Era azul, como un paquete de Ducados, y cada vez que en la clínica me agujereaban venas y arterias para introducirme sueros  o sondas, imaginaba que me estaban incrustando cigarrillos. Después de todo es lo que había estado haciendo yo mismo durante 40 años. En esta excursión a las fronteras del Más Allá descubrí el único final de la abominación, que no es otro que romper con ella a rajatabla. Con ayudas pertinentes, llámense parches, pastillas, comidas –nunca saboreadas antes-, horas de sueño, lo que sea pero siempre como elección inevitable.</p>
<p>Me siento muy orgulloso de mí mismo, pero al mismo tiempo me tengo por estúpido por no haberlo dejado antes. Y es que el deterioro ha sido inexorable. Por más que haga a partir de ahora, seguiré viviendo con mis facultades  considerablemente disminuidas. Ninguna reforma conseguirá devolverme el trozo de pulmón que me falta, por no hablar de deficiencias cardiovasculares, sexuales y algunas bendiciones más. Mi falta de voluntad me ha convertido en un medio hombre. Y todo gracias a Tabacalera Española, que me presentó a mis asesinos cuando tenía la tierna edad de dieciséis años y no estaba en condiciones de reconocer los variopintos disfraces de la Muerte.</p>
<p>Terenci Moix.</p></blockquote>
<p>Gran columna del bueno de Terenci. Una pena lo que vino después aunque se agradece su conmovedora sinceridad.</p>
<p>Sí, volvemos a intentarlo.</p>
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		<title>Louis Armstrong</title>
		<link>http://ilustracion-digital.net/louis-armstrong/</link>
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		<pubDate>Sat, 07 Jan 2012 13:03:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[Urbanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Elvira Lindo]]></category>
		<category><![CDATA[Jazz]]></category>
		<category><![CDATA[Louis Amstrong]]></category>

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		<description><![CDATA[Dejamos atrás la calle del artista. Esperábamos algo tan acogedor y tan modesto, pero no ha dejado de asombrarnos que fuera tan acogedor y tan modesto. El impacto de respirar la humilde intimidad de alguien del que ya nadie niega su grandeza, ni artística ni humana. Pero en este caso no hay cursilería ni sentimentalismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Dejamos atrás la calle del artista.</p>
<p>Esperábamos algo tan acogedor y tan modesto, pero no ha dejado de asombrarnos que fuera tan acogedor y tan modesto. El impacto de respirar la humilde intimidad de alguien del que ya nadie niega su grandeza, ni artística ni humana. Pero en este caso no hay cursilería ni sentimentalismo en la emoción. No hay manera de vincular la procelosa vida de Amstrong con la nuestra. No podemos imaginar cómo alguien que creció en el lumpen, que vivió de la caridad o que padeció la humillación del racismo pudo encarar la vida con tanta alegría. Era un ser tocado por la gracia, un elegido. Podría haber sido un delincuente, podría haber sido un cabrón, podría haber sido un desgraciado. Pero fue un hombre de buen corazón y generoso.</p>
<p>Su museo está donde tiene que estar, en Corona. Cuando pintaron el exterior de su casa se empeño en pintar también la de los vecinos porque le daba apuro que su casa pudiera resultar ostentosa.</p>
<p>Elvira Lindo, <em>Lugares que no quiero compartir con nadie.</em></p></blockquote>
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		<title>Duquesitas</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 00:09:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[François-René de Chateaubriand]]></category>

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		<description><![CDATA[La aristocracia tiene tres edades sucesivas; la de las superioridades, la de los privilegios y la de las vanidades; sale de la primera para degenerar en la segunda y extinguirse en la última. François-René de Chateaubriand, Memorias de ultratumba.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ilustracion-digital.net/wp-content/uploads/2011/10/duquesita.jpg"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/uploads/2011/10/duquesita-300x226.jpg" alt="" title="duquesita" width="300" height="226" class="aligncenter size-medium wp-image-2473" /></a></p>
<p><a href="http://ilustracion-digital.net/wp-content/uploads/2011/10/boda-duquesa-alba-jesus-aguirre.jpg"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/uploads/2011/10/boda-duquesa-alba-jesus-aguirre-300x254.jpg" alt="" title="boda-duquesa-alba-jesus-aguirre" width="300" height="254" class="aligncenter size-medium wp-image-2475" /></a></p>
<p><a href="http://ilustracion-digital.net/wp-content/uploads/2011/10/duquesa-de-alba-alfonso-diez-boda-4.jpeg"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/uploads/2011/10/duquesa-de-alba-alfonso-diez-boda-4-300x150.jpg" alt="" title="duquesa-de-alba-alfonso-diez-boda-4" width="300" height="150" class="aligncenter size-medium wp-image-2476" /></a></p>
<blockquote><p>La aristocracia tiene tres edades sucesivas; la de las superioridades, la de los privilegios y la de las vanidades; sale de la primera para degenerar en la segunda y extinguirse en la última. </p>
<p>François-René de Chateaubriand, <em>Memorias de ultratumba</em>.</p></blockquote>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Fduquesitas%2F&amp;title=Duquesitas" id="wpa2a_14"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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		<title>La zorra y el racimo de uvas</title>
		<link>http://ilustracion-digital.net/la-zorra-y-el-racimo-de-uvas/</link>
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		<pubDate>Sat, 22 Oct 2011 08:37:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[Esopo]]></category>

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		<description><![CDATA[Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca. Mas no pidiendo alcanzarlos, a pesar de sus esfuerzos, se alejó diciéndose: -¡Ni me agradan, están tan verdes! Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca.</p>
<p>Mas no pidiendo alcanzarlos, a pesar de sus esfuerzos, se alejó diciéndose:</p>
<p>-¡Ni me agradan, están tan verdes!</p>
<p><strong>Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de alcanzar.</strong></p>
<p><em>Fábulas</em>, Esopo.</p></blockquote>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Fla-zorra-y-el-racimo-de-uvas%2F&amp;title=La%20zorra%20y%20el%20racimo%20de%20uvas" id="wpa2a_16"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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		<title>Death penalty</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 15:26:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Prensa]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[Urbanidad]]></category>
		<category><![CDATA[12 Angry Men]]></category>

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		<description><![CDATA[Juror 8: You want to see this boy die because you personally want it, not because of the facts! You&#8217;re a sadist! El precepto de la duda razonable -fundamental para un veredicto de culpabilidad- ha quedado violado esta noche, cuando se quitó, de forma legal, la vida a un hombre sobre el que siete testigos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Juror 8: You want to see this boy die because you personally want it, not because of the facts! You&#8217;re a sadist!</p></blockquote>
<p><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/yyPmkfcLBqo" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<blockquote><p>El precepto de la duda razonable -fundamental para un veredicto de culpabilidad- ha quedado violado esta noche, cuando se quitó, de forma legal, la vida a un hombre sobre el que siete testigos, no uno ni dos, siete, se han retractado sobre la acusación que hicieron en un primer momento. Demasiadas dudas para practicar tan definitiva -sin vuelta atrás- decisión: matar a un ser humano. Más en <a href="http://www.elpais.com/articulo/internacional/hice/Siento/mucho/perdida/mate/padre/hermano/hijo/elpepuint/20110922elpepuint_4/Tes">El País</a>.</p></blockquote>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Fdeath-penalty%2F&amp;title=Death%20penalty" id="wpa2a_18"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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		<title>Ateísmo y moral</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Sep 2011 00:18:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[Slavoj Žižek]]></category>

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		<description><![CDATA[In the course of the Crusade of King St Louis, Yves le Breton reported how he once encountered an old woman who wandered down the street with a dish full of fire in her right hand and a bowl full of water in her left hand. Asked what she was doing, she answered that with [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>In the course of the Crusade of King St Louis, Yves le Breton reported how he once encountered an old woman who wandered down the street with a dish full of fire in her right hand and a bowl full of water in her left hand. Asked what she was doing, she answered that with the fire she would burn up Paradise until nothing remained of it, and with the water she would put out the fires of Hell until nothing remained of them, &#8216;Because I want no one to do good in order to receive the reward of Paradise, or from fear of Hell; but solely out of love for God.&#8217; The only thing to add to this is: so why not to erase God himself and just do good for the sake of it? No wonder that, today, this properly Christian ethical stance survives mostly in atheism.</p>
<p>Fundamentalism do(what they perceive as) good deeds in order to fulfil God&#8217;s will and to deserve salvation; atheists do them simply because it is the right thing to do. Is this also not our most elementary experience of morality? When I do a good deed, I do not do it with a view to gaining God&#8217;s favour, I do it because I cannot do otherwise- if I were not to do it, I would not be able to look at myself in the mirror. <strong>A moral deed is by definition its own reward. The eighteenth-century philosopher David Hume, a believer, made this point in a very poignant way when wrote that the only way to show a true respect for God is to act morally while ignoring God&#8217;s existence</strong>.</p>
<p><em>Violence</em>, Slavoj Žižek.</p></blockquote>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Fateismo-y-moral%2F&amp;title=Ate%C3%ADsmo%20y%20moral" id="wpa2a_20"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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