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	<title>Ilustraci&#243;n digital &#187; Literatura</title>
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		<title>Prólogos.</title>
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		<pubDate>Thu, 03 May 2012 23:27:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa breve]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Chaves Nogales]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo era eso que los sociólogos llaman un &#8220;pequeñoburgués liberal&#8221;, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio – como dicen los marxistas –, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>
Yo era eso que los sociólogos llaman un &#8220;pequeñoburgués liberal&#8221;, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio – como dicen los marxistas –, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionado periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo. Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero, a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, de ciudadano de una república democrática y parlamentaria.</p>
<p>Si, como me ocurría a veces, el capitalismo no prestaba de buen grado sus grandes rotativas y sus toneladas de papel para que yo dijese lo que quería decir, me resignaba a decirlo en el café, en la mesa de redacción o en la humilde tribuna de un ateneo provinciano, sin el temor de que nadie viniese a ponerme la mano en la boca y sin miedo a policías que me encarcelasen, ni a encamisados que me hiciesen purgar atrozmente sus errores. Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistemáticamente a creer en la virtud salutífera de las grandes conmociones y aguardaba trabajando, confiado en el curso fatal de las leyes de la evolución. Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario.</p>
<p>En realidad, y prescindiendo de toda prosopopeya, mi única y humilde verdad, la cosa mínima que yo pretendía sacar adelante, merced a mi artesanía y a través de la anécdota de mis relatos vividos o imaginados, mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad; es decir, una aversión natural al único pecado que para mí existe, el pecado contra la inteligencia, el pecado contra el Espíritu Santo.</p>
<p>Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. Después de tres siglos de barbecho, la tierra feraz de España hizo pavorosamente prolífica la semilla de la estupidez y la crueldad ancestrales. Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.</p>
<p>De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros. Me consta por confidencias fidedignas que, aun antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que había que adoptar contra el posible triunfo de la revolución social, sin perjuicio de que los revolucionarios, anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable.</p>
<p>Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional. Un consejo obrero, formado por delegados de los talleres, desposeyó al propietario de la empresa periodística en que yo trabajaba y se atribuyó sus funciones. Yo, que no había sido en mi vida revolucionario, ni tengo ninguna simpatía por la dictadura del proletariado, me encontré en pleno régimen soviético. Me puse entonces al servicio de los obreros como antes lo había estado a las órdenes del capitalista, es decir, siendo leal con ellos y conmigo mismo. Hice constar mi falta de convicción revolucionaria y mi protesta contra todas las dictaduras, incluso la del proletariado y me comprometí únicamente a defender la causa del pueblo contra el fascismo y los militares sublevados. Me convertí en el &#8220;camarada director&#8221;, y puedo decir que durante los meses de guerra que estuve en Madrid, al frente de un periódico gubernamental que llegó a alcanzar la máxima tirada de la prensa republicana, nadie me molestó por mi falta de espíritu revolucionario, ni por mi condición de &#8220;pequeñoburgués liberal&#8221;, de la que no renegué jamás.</p>
<p>Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos reaccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo.</p>
<p>Hombro a hombro con los revolucionarios, yo, que no lo era, luché contra el fascismo con el arma de mi oficio. No me acusa la conciencia de ninguna apostasía. Cuando no estuve conforme con ellos, me dejaron ir en paz.</p>
<p>Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas.</p>
<p>Los &#8220;espíritus fuertes&#8221; dirán seguramente que esta repugnancia por la humana carnicería es un sentimentalismo anacrónico. Es posible. Pero, sin grandes aspavientos, sin dar a la vida humana más valor del que puede y debe tener en nuestro tiempo, ni a la acción de matar más trascendencia de la que la moral al uso pueda darle, yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo.</p>
<p>Se paga caro, desde luego. El precio, hoy por hoy, es la Patria. Pero, la verdad, entre ser una especie de abisinio desteñido, que es a lo que le condena a uno el general Franco, o un kirguís de Occidente, como quisieran los agentes del bolchevismo, es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo, por la parte habitable de mundo que nos queda, aun a sabiendas de que en esta época de estrechos y egoístas nacionalismos el exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre su existencia. De cualquier modo, soporto mejor la servidumbre en tierra ajena que en mi propia casa. </p>
<p>Cuando el gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia, abandoné yo el mío. Ni una hora antes, ni una hora después. Mi condición de ciudadano de la República Española no me obligaba a más ni a menos. El poder que el gobierno legítimo dejaba abandonado en las trincheras de los arrabales de Madrid lo recogieron los hombres que se quedaron defendiendo heroicamente aquellas trincheras. De ellos, si vencen, o de sus vencedores, si sucumben, es el porvenir de España.</p>
<p>El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual. El hombre fuerte, el caudillo, el triunfador que al final ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes –según la imagen clásica– va a mantener en servidumbre a los celtíberos supervivientes, puede salir indistintamente de uno u otro lado. Desde luego, no será ninguno de los líderes o caudillos que han provocado con su estupidez y su crueldad monstruosas este gran cataclismo de España. A ésos, a todos, absolutamente a todos, los ahoga ya la sangre vertida. No va a salir tampoco de entre nosotros, los que nos hemos apartado con miedo y con asco de la lucha. Mucho menos hay que pensar que las aguas vuelvan a remontar la corriente y sea posible la resurrección de ninguno de los personajes monárquicos o republicanos a quienes mató civilmente la guerra.</p>
<p>El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a esa terrible e ininteligente selección de la guerra que hace sucumbir a los mejores. ¿De derechas? ¿De izquierdas? ¿Rojo? ¿Blanco? Es indiferente. Sea el que fuere, para imponerse, para subsistir, tendrá, como primera providencia, que renegar del ideal que hoy lo tiene clavado en un parapeto, con el fusil echado a la cara, dispuesto a morir y a matar. <strong>Sea quien fuere, será un traidor a la causa que hoy defiende</strong>. Viniendo de un campo o de otro, de uno u otro lado de la trinchera, llegará más tarde o más temprano a la única fórmula concebible de subsistencia, la de organizar un Estado en el que sea posible la humana convivencia entre los ciudadanos de diversas ideas y la normal relación con los demás Estados, que es precisamente a lo que se niegan hoy unánimemente con estupidez y crueldad ilimitadas los que están combatiendo.</p>
<p>No habrá más que una diferencia, un matiz. El de que el nuevo Estado español cuente con la confianza de un grupo de potencias europeas y sea sencillamente tolerado por otro, o viceversa. <strong>No habrá más. Ni colonia fascista ni avanzada del comunismo. Ni tiranía aristocrática ni dictadura del proletariado. En lo interior, un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y a pasar hambre sin rechistar durante veinte años, hasta que hayamos pagado la guerra</strong>. Rojo o blanco, capitán del ejército o comisario político, fascista o comunista, probablemente ninguna de las dos cosas, o ambas a la vez, el cómitre que nos hará remar a latigazos hasta salir de esta galerna ha de ser igualmente cruel e inhumano. En lo Exterior, un Estado fuerte, colocado bajo la protección de unas naciones y la vigilancia de otras. Que sean éstas o aquéllas, esta mínima cosa que se decidirá al fin en torno de una mesa y que dependerá en gran parte de la inteligencia de los negociadores, habrá costado a España más de medio millón de muertos. Podía haber sido más barato.</p>
<p>Cuando llegué a esta conclusión abandoné mi puesto en la lucha. Hombre de un solo oficio, anduve errante por la España gubernamental confundido con aquellas masas de pobres gentes arrancadas de su hogar y su labor por el ventarrón de la guerra. Me expatrié cuando me convencí de que nada que no fuese ayudar a la guerra misma podía hacerse ya en España.</p>
<p>Caí, naturalmente, en un arrabal de París, que es donde caen todos los residuos de la humanidad que la monstruosa edificación de los Estados totalitarios va dejando. Aquí, en este hotelito humilde de un arrabal parisiense, viven mal y esperan a morirse los más diversos especímenes de la vieja Europa: popes rusos, judíos alemanes, revolucionarios italianos&#8230;, gente toda con un aire triste y un carácter agrio que se afana por conseguir lo inasequible: una patria de elección, una nueva ciudadanía. No quiero sumarme a esta legión triste de los &#8220;desarraigados&#8221; y, aunque siente como una afrenta el hecho de ser español, me esfuerzo en mantener una ciudadanía española puramente espiritual, de la que ni blancos ni rojos puedan desposeerme.</p>
<p>Para librarme de esta congoja de la expatriación y ganar mi vida, me he puesto otra vez a escribir y poco a poco he ido tomando el gusto de nuevo a mi viejo oficio de narrador. España y la guerra, tan próximas, tan actuales, tan en carne viva, tienen para mí desde este rincón de París el sentido de una pura evocación. Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera. A veces los personajes que intento manejar a mi albedrío, a fuerza de estar vivos, se alzan contra mí y, arrojando la máscara literaria que yo intento colocarles, se me van de entre las manos, diciendo y haciendo lo que yo, por pudor, no quería que hiciesen ni dijesen.</p>
<p>Y luchando con ellos y conmigo mismo por permanecer distante, ajeno, imparcial, escribo estos relatos de la guerra y de la revolución que presuntuosamente hubiera querido colocar sub specie aeternitatis. No creo haberlo conseguido. </p>
<p>Y quizá sea mejor así.</p>
<p>Mountrouge (Seine), enero-mayo de 1937.</p>
<p>Manuel Chaves Nogales, prólogo de <em>A sangre y fuego.</em></p></blockquote>
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		<title>Your birthday has come and gone</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 00:30:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Paul Auster]]></category>

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		<description><![CDATA[Your birthday has come and gone. Sixty-four years old now, inching ever close to senior citizenship, to the days of Medicare and Social Security benefits, to a time when more and more of your friends will have left you. So many of them are gone already-but just wait for the deluge that is coming. Much [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Your birthday has come and gone. Sixty-four years old now, inching ever close to senior citizenship, to the days of Medicare and Social Security benefits, to a time when more and more of your friends will have left you. So many of them are gone already-but just wait for the deluge that is coming. Much to your relief, the event passed without incident or commotion, you calmly took it in your stride, a small dinner with friends in Brooklyn, and the impossibe age you have now reached seldom entered your thoughts. February third, just one day after your mother&#8217;s birthday, who went in labour with you on the morning she turned twenty-two, nineteen days before it was supposed to happen, and when the doctor pulled you out of her drugged body with a pair of forceps, it was twenty minutes past midnight, less than half an hour after her birthday had ended. You therefore always celebrated your birthdays together, and even now, almost nine years after her death, you inevitably think about her whenever the clock turns from the second of February to the third. What an unlikely present you must have been that night sixty-four years ago: a baby boy for her birhtday, a birthday to celebrate her birth. </p>
<p>(&#8230;)</p>
<p><a href="http://www.lavanguardia.com/libros/20120201/54246597616/mapa-de-lectura-de-paul-auster.html">Paul Auster</a>, extracto de sus memorias <em><a href="http://www.amazon.es/gp/product/B006WBE7UU/ref=as_li_ss_tl?ie=UTF8&#038;tag=lavanguacom-21&#038;linkCode=as2&#038;camp=3626&#038;creative=24822&#038;creativeASIN=B006WBE7UU">Winter Journal</a></em> para <a href="http://www.granta.com/Archive/Granta-117-Horror">GRANTA 117, Horror</a>.</p></blockquote>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Fyour-birthday-has-come-and-gone%2F&amp;title=Your%20birthday%20has%20come%20and%20gone" id="wpa2a_4"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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		<title>Comienzos con garra II</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jan 2012 00:21:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Marías]]></category>

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		<description><![CDATA[Dos de los tres han muerto desde que me fui de Oxford, y eso me hace pensar, supersticiosamente, que quizá esperaron a que yo llegara y consumiera mi tiempo allí para darme ocasión de conocerlos y para que ahora pueda hablar de ellos. Puede, por tanto, que-siempre supersticiosamente-esté obligado a hablar de ellos. No murieron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Dos de los tres han muerto desde que me fui de Oxford, y eso me hace pensar, supersticiosamente, que quizá esperaron a que yo llegara y consumiera mi tiempo allí para darme ocasión de conocerlos y para que ahora pueda hablar de ellos. Puede, por tanto, que-siempre supersticiosamente-esté obligado a hablar de ellos. No murieron hasta que yo dejé de tratarlos. De haber seguido en sus vidas y en Oxford(de haber seguido en sus vidas cotidianamente), tal vez aún estuvieran vivos. Este pensamiento no es sólo supersticioso, es también vanidoso.</p>
<p><a href="http://www.javiermarias.es">Javier Marías</a>, <em><a href="http://www.amazon.es/Todas-Biblioteca-Javier-Marias-ebook/dp/B00634M9TM">Todas las almas</a></em>.</p></blockquote>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Fcomienzos-con-garra-ii%2F&amp;title=Comienzos%20con%20garra%20II" id="wpa2a_6"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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		<title>Louis Armstrong</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jan 2012 13:03:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
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		<category><![CDATA[Reflexiones varias]]></category>
		<category><![CDATA[Urbanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Elvira Lindo]]></category>
		<category><![CDATA[Jazz]]></category>
		<category><![CDATA[Louis Amstrong]]></category>

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		<description><![CDATA[Dejamos atrás la calle del artista. Esperábamos algo tan acogedor y tan modesto, pero no ha dejado de asombrarnos que fuera tan acogedor y tan modesto. El impacto de respirar la humilde intimidad de alguien del que ya nadie niega su grandeza, ni artística ni humana. Pero en este caso no hay cursilería ni sentimentalismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Dejamos atrás la calle del artista.</p>
<p>Esperábamos algo tan acogedor y tan modesto, pero no ha dejado de asombrarnos que fuera tan acogedor y tan modesto. El impacto de respirar la humilde intimidad de alguien del que ya nadie niega su grandeza, ni artística ni humana. Pero en este caso no hay cursilería ni sentimentalismo en la emoción. No hay manera de vincular la procelosa vida de Amstrong con la nuestra. No podemos imaginar cómo alguien que creció en el lumpen, que vivió de la caridad o que padeció la humillación del racismo pudo encarar la vida con tanta alegría. Era un ser tocado por la gracia, un elegido. Podría haber sido un delincuente, podría haber sido un cabrón, podría haber sido un desgraciado. Pero fue un hombre de buen corazón y generoso.</p>
<p>Su museo está donde tiene que estar, en Corona. Cuando pintaron el exterior de su casa se empeño en pintar también la de los vecinos porque le daba apuro que su casa pudiera resultar ostentosa.</p>
<p>Elvira Lindo, <em>Lugares que no quiero compartir con nadie.</em></p></blockquote>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Flouis-armstrong%2F&amp;title=Louis%20Armstrong" id="wpa2a_8"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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		<title>Silencios incómodos</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jan 2012 13:14:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Ameixeiras]]></category>

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		<description><![CDATA[Denomínanse &#8220;silencios incómodos&#8221; a eses momentos de impasse nos que, tentando divertirse en grupo, ninguén fala porque non ten nada que dicir relacionado coas outras persoas. Se escasea a confianza entre os actantes reunidos, cualquera silencio que se prolongue máis alá de tres segundos incorpóranos inmediatamente a un estadio de incomodidade que, as cousas como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Denomínanse &#8220;silencios incómodos&#8221; a eses momentos de <em>impasse</em> nos que, tentando divertirse en grupo, ninguén fala porque non ten nada que dicir relacionado coas outras persoas. Se escasea a confianza entre os actantes reunidos, cualquera silencio que se prolongue máis alá de tres segundos incorpóranos inmediatamente a un estadio de incomodidade que, as cousas como son, debe paliarse soltando algunha prosmada, un estúpido recurso que inexplicablemente goza de moita mellor prensa que estar calado con valor e intelixencia, sopesando a calidade dalgún enxeño futuro que dedicarlle aos interlocutores.</p>
<p>Diego Ameixeiras, <em>Tres segundos de memoria</em>.</p>
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		<title>Cidades</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Jan 2012 17:41:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Ameixeiras]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta mañá, durante o longo traxecto que percorrín para chegar á casa, contei ata cinco persoas falando soas pola rúa, sen máis interlocutor que os seus propios pensamentos privados fluíndo en voz alta, sen pudor ningún. Desafortunadamente, creo que adoita ser bastante habitual que suceda iso nas grandes cidades, onde seica sufrimos todos unha enorme [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Esta mañá, durante o longo traxecto que percorrín para chegar á casa, contei ata cinco persoas falando soas pola rúa, sen máis interlocutor que os seus propios pensamentos privados fluíndo en voz alta, sen pudor ningún. Desafortunadamente, creo que adoita ser bastante habitual que suceda iso nas grandes cidades, onde seica sufrimos todos unha enorme incomunicación motivada polo exceso de desconfianza que nos demostramos uns cos outros. Non queremos que nos fagan dano e por iso só nos facémos dano a nós mesmos, no canto de compartir torturas psicolóxicas en forma de amante formal ou parella ruín, que hai de todo e para escoller se un desexa variedade e múltiples formas de risco.</p>
<p>(&#8230;)</p>
<p>Pouco máis tarde, premín o botón para solicitara parada do autobús e decateime de que, durante o traxecto no que reparara naquelas cinco persoas establecendo conversas imaxinarias, ninguén dixera nin unha soa palabra no interior do vehículo. Nin unha soa, e iso que ía ateigado dunha variada freiguesía de viaxeiros de todas as idades. Cadaquén viaxaba totalmente concentrado nos seus pensamentos, dirimindo entrequencias propias. Só se escoitaba a xorda carraspeira do motor e o timbre apercibindo ao buseiro para deter o vehículo nas paradas solicitadas. Ninguén abría a boca para pronunciarse, só formigueaban nas súas batimboras interiores con cara de ciruxáns insatisfeitos.</p>
<p>Diego Ameixeiras, <em>Tres segundos de memoria</em>.</p></blockquote>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Fcidades%2F&amp;title=Cidades" id="wpa2a_12"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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		<title>La vida moderna</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 15:19:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Jardiel Poncela]]></category>

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		<description><![CDATA[Al día siguiente. A las nueve de la mañana: ZAMBOMBO.-(Al criado de Paco Arencibia.) Vengo a ver al señor. EL CRIADO.-¿Al señor Arencibia? ZAMBOMBO.-Sí. EL CRIADO.-Pues lo siento de veras, caballero, pero el señor está descansando. A las diez: ZAMBOMBO.-¿Puedo ver al señor? EL CRIADO.-Todavía descansa, caballero. A las once: ZAMBOMBO.-¿Se ha levantado ya el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Al día siguiente. A las nueve de la mañana:</p>
<p>ZAMBOMBO.-(Al criado de Paco Arencibia.) Vengo a ver al señor.<br />
EL CRIADO.-¿Al señor Arencibia?<br />
ZAMBOMBO.-Sí.<br />
EL CRIADO.-Pues lo siento de veras, caballero, pero el señor está descansando.</p>
<p>A las diez:</p>
<p>ZAMBOMBO.-¿Puedo ver al señor?<br />
EL CRIADO.-Todavía descansa, caballero.</p>
<p>A las once:</p>
<p>ZAMBOMBO.-¿Se ha levantado ya el señor?<br />
EL CRIADO.-No, caballero. Está durmiendo aún.</p>
<p>A las doce:</p>
<p>ZAMBOMBO.-¿El señor?<br />
EL CRIADO.-Duerme todavía. Le he llamado dos veces y me ha dicho que me fuera a vender dátiles.</p>
<p>A la una:</p>
<p>ZAMBOMBO.-¿Pero es posible que no se haya levantado aún el señor?<br />
EL CRIADO.-Es posible, caballero. Parece mentira que eso pueda ocurrir, pero desgraciadamente ocurre.</p>
<p>A la una y media:</p>
<p>ZAMBOMBO.-¿Todavía?<br />
 EL CRIADO.-Aún.</p>
<p>A las dos:</p>
<p>ZAMBOMBO.-¿Aún?<br />
EL CRIADO.-Todavía.</p>
<p>A las dos y media:</p>
<p>ZAMBOMBO.-¿Sigue durmiendo?<br />
EL CRIADO.-Pase usted al salón. Está levantándose.</p>
<p>De dos y media a tres y media:</p>
<p>Impaciente espera de Zambombo en el salón particular de Paco Arencibia.</p>
<p>A las tres y media:</p>
<p>Paco Arencibia surgió en la puerta del saloncito y avanzó sonriente hacia su visitante. Vestía un traje morado-abate, abrigo de paño gris empeletado; en la mano izquierda, un sombrero del color del traje y unos guantes livianos, y su mano derecha jugueteaba con la cadenita de platino blancuzco de un monóculo oval.</p>
<p>-Perdone la larga espera, caballero. Nada me cuesta tanto trabajo como madrugar. La persona de mi mayor afecto no tiene nada que hacer, si quiere granjearse mi odio, más que despertarme temprano. Esta es la razón por la cual aborrezco a mi ayuda de cámara. Supongo que a usted le sucederá lo que a mí. Pero no hablemos de mí&#8230; El tiempo de usted es precioso y el mío encantador, aunque yo no hago nada en todo el día, aparte-claro está-de aburrirme. No obstante, la vida moderna nos obliga a hacerlo todo de prisa, incluso aburrirnos. La vida moderna&#8230; ¡Qué cosa, la vida moderna! Pero, ¿con quién tengo el honor de hablar, caballero?</p>
<p>Enrique Jardiel Poncela,<em> Amor se escribe sin hache</em>.</p></blockquote>
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		<title>Divagaciones</title>
		<link>http://ilustracion-digital.net/divagaciones/</link>
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		<pubDate>Sun, 27 Nov 2011 13:47:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Marías]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8216;Cualquier relación entre las personas es siempre un cúmulo de problemas, de forcejeos, también de ofensas y humillaciones&#8217;, pensé. &#8216;Todo el mundo obliga a todo el mundo&#8217;, pensé. &#8216;Este individuo Bill ya ha obligado a Berta, y Berta está tratando de obligarme a mí, Bill ha forcejeado, también la ha ofendido y ya la ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>&#8216;Cualquier relación entre las personas es siempre un cúmulo de problemas, de forcejeos, también de ofensas y humillaciones&#8217;, pensé. &#8216;Todo el mundo obliga a todo el mundo&#8217;, pensé. &#8216;Este individuo Bill ya ha obligado a Berta, y Berta está tratando de obligarme a mí, Bill ha forcejeado, también la ha ofendido y ya la ha humillado antes de conocerse, quizá ella no se da cuenta o en el fondo no le importa, vive instalada en eso, Berta forcejea conmigo para convencerme, como Miriam con Guillermo para que se case con ella, y quizá Guillermo con su mujer española para que por fin se muera, forcejea para su muerte. Yo he forcejeado y obligado a Luisa, o fue Luisa a mí, no está claro, contra quién forcejearía mi padre, o quién lo ofendería y lo obligaría, o cómo ocurrió que en su vida hay dos muertes, quizá forcejeó para alguna, no quiero saberlo, el mundo es plácido cuando no se sabe, no sería mejor que nos estuviéramos todos quietos. Pero aunque nos estemos quietos hay problemas y forcejeos y humillaciones y ofensas, y también obligaciones, a veces nos obligamos a nosotros mismos, sentido del deber se llama, quizá mi deber es ayudar a Berta en lo que me pida, hay que dar importancia a lo que la tiene para los amigos, si me niego a ayudarla la ofenderé, y la humillaré, toda negativa es siempre una ofensa y un forcejeo, y es verdad que la he visto desnuda, peto eso fue hace mucho tiempo, lo sé pero no lo recuerdo, han pasado quince años y ella es mayor y cojea, era joven entonces y no había sufrido accidentes y sus piernas eran iguales, por qué habrá tenido que recurrir a eso, nunca mencionábamos nuestro pasado tan mínimo, mínimo en sí y frente al presente tan largo, yo también era joven, aquello ocurrió y a la vez no ha ocurrido, al igual que todo, por qué hacer ni no hacer, por qué decir sí o no,  por qué fatigarse con un quizá o un tal vez, por qué decir, por qué callar, por qué negarse, por qué saber nada si nada de lo que sucede sucede, porque nada sucede sin interrupción, nada perdura ni persevera ni se recuerda incesantemente, lo que se da es idéntico a lo que no se da, lo que descartamos o dejamos pasar idéntico a lo que tomamos y asimos, lo que experimentamos idéntico a lo que no probamos, volcamos toda nuestra inteligencia y nuestros sentidos y nuestro afán en la tarea de discernir lo que será novelado, o ya lo está, y por eso estamos llenos de arrepentimientos y de ocasiones perdidas, de confirmaciones y reafirmaciones y ocasiones aprovechadas, cuando lo cierto es que nada se afirma y todo se va perdiendo. O acaso es que nunca hay nada.&#8217;</p>
<p>Javier Marías, <em>Corazón tan blanco</em>. </p></blockquote>
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		<title>Comienzos con garra</title>
		<link>http://ilustracion-digital.net/comienzos-con-garra/</link>
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		<pubDate>Fri, 18 Nov 2011 11:27:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Marías]]></category>

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		<description><![CDATA[No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó enseguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que le siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro, sin saber todavía qué hacer con él. Llevaba la servilleta en la mano, y no la soltó hasta que al cabo de un rato reparó en el sostén tirado sobre el bidet, y entonces lo cubrió con el paño que tenía a mano o tenía en la mano y sus labios habían manchado, como si le diera más vergüenza la visión de la prenda íntima que la del cuerpo derribado y semidesnudo con el que la prenda había estado en contacto hasta hacía muy poco: el cuerpo sentado a la mesa o alejándose por el pasillo o también de pie. Antes, con gesto automático, el padre había cerrado el grifo del lavabo, el del agua fría, que estaba abierto con mucha presión. La hija había estado llorando mientras se ponía ante el espejo, se abría la blusa, se quitaba el sostén y se buscaba el corazón(&#8230;)</p>
<p>Javier Marías, <em>Corazón tan blanco.</em></p></blockquote>
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		<title>Consecuencias</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Nov 2011 17:45:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ilustración digital</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Geoffrey de Monmouth]]></category>

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		<description><![CDATA[Una sola cosa debe pedirse, y es la licencia para partir, si deseáis lograr, vosotros y vuestros descendientes, una paz eterna. Pues si le concedéis la vida a Pandraso a cambio de una parte de Grecia y permanecéis entre los Dánaos, nunca disfrutareis de una paz duradera mientras los hermanos, hijos y nietos de aquellos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Una sola cosa debe pedirse, y es la licencia para partir, si deseáis lograr, vosotros y vuestros descendientes, una paz eterna. Pues si le concedéis la vida a Pandraso a cambio de una parte de Grecia y permanecéis entre los Dánaos, nunca disfrutareis de una paz duradera mientras los hermanos, hijos y nietos de aquellos a los que infligisteis la matanza de ayer sean vuestros vecinos o anden mezclados con vosotros. No llegarán nunca a olvidar la muerte de sus parientes y, en consecuencia, os guardarán un odio eterno, aprovechando cualquier bagatela para tomar venganza.</p>
<p>Geoffrey de Monmouth, <em>Historia de los reyes de Britania</em>.</p></blockquote>
<p><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Filustracion-digital.net%2Fconsecuencias%2F&amp;title=Consecuencias" id="wpa2a_20"><img src="http://ilustracion-digital.net/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share"/></a></p>]]></content:encoded>
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