Cuestión de punto de vista.

Con un poquito, cambia nuestra forma de entender las cosas.

«En diciembre de 1994 se descubrieron en Francia las pinturas rupestres de Chauvet (Ardèche), que permitieron censar 441 figuras, las más antiguas de las cuales datan de hace unos 32.000 años. Son, junto con las de la cueva Fumane, al noroeste de Verona, pintadas en ocre rojo, las más antiguas halladas hasta hoy. En ambas aparecen algunas figuras monstruosas, que combinan partes de diversos animales, evidenciando que la bipolaridad mimético- quimérica apareció muy tempranamente en el arte figurativo. Además, la presencia de los mismos monstruos icónicos en las cuevas de Chauvet y de Verona indica probablemente la existencia de un mito zoomorfo común anterior a la separación de ambos grupos humanos, producida tal vez hace unos 40.000 años. La abundante figuración animal es coherente, por otra parte, con la práctica de la caza y con el pensamiento totémico de nuestros antepasados. Y respeto a las figuras monstruosas, el profesor Christopher Chippindale, de la Universidad de Cambridge, tras analizar cinco mil imágenes ruprestes halladas en España, Francia y en rocas de Australia y Suráfrica, ha afirmado que la leyenda del hombre-lobo nació en el paleolítico, producto de la imaginación y los miedos arcaicos de nuestros antepasados. Pero Michael Guarnieri, neurocirujano del Johns Hopkins Hospital de Baltimore, ha observado juiciosamente que para pintar las paredes interiores de las cuevas era necesario encender fuego, lo que supone emisiones de monóxido de carbono que producen alucinaciones. Esta hipótesis resulta interesante, por cuanto permitiría asociar esta actividad artística a los éxtasis chamánicos.»

Román Gubern, Patologías de la imagen.

Is it just me or is everything shit?

Tengo entre manos otro libro de los que me encuentro por casualidad. Se trata de una enciclopedia para la vida moderna (más para la inglesa pero aplicable al mundo en toda su extensión). Sus autores son Steve Lowe y Alan McArthur: «this is their first book (writing, not reading)«, se indica en la contraportada.

De todo lo que llevo leído, me quedo con tres entradas.

ADULT EDITIONS OF CHILDREN’S BOOKS.

If you follow the adventures of a public school conjurator, even though you are a)notionally a grown adult, and b)have probably been to university or at least to «big school», why attempt to conceal the fact behind a different cover, as if fellow passengers will assume after a casual glance that you’re actually reading Thomas Mann in the original German?

Just because the train on the front is black and white rather than bright red, it doesn’t suddenly become a harrowing Booker prize-winner called Harry Potter abd the Genocide in Rwanda.

How do the dinner party conversations go?

«What are you reading at the moment?

It is called The Very Hungry Caterpillar. It’s about a caterpillar who gets very hungry-he just has to keep on eating stuff.

I’ve read it. Marvellous.

Oh, don’t tell me how it ends!

No, I wouldn’t. But it’s… well, it’s pretty moving. Oh look, I’m hogging all the Hula Hoops…»

BABY NAME BOOKS.

Nobody has ever found a good name in a baby name book because most of the entries are things like Hadrian, Dylis, Mortimer and Blinky. Oh yes, and Adolf.

The Collins Gem version genuinely points out under the entry Adolf/Adolph that «Adolph and the latinised form of the name Adolphus have never been common names in this country and received a futher setback with the rise of Adolph Hitler»

Setback? I’ll say.

BOOKS ON CD (except for the blind people… o el estudiante de idiomas)

I may not know much, but I do know this: books is for reading.

Being read is one of the key characteristics of your actualbook. If you don’t like reading, you’re just not the sort of person who wants to get involved with books. And this isn’t rocket science: I learnt it in infants’ school.

The second most insane example of the audio book is the complete Ulysses by James Joyce. Now, this is by no means an easy book. It is a very long book- with long words in it and, famously, a really, really fucking long sentence. Not being a book type, you may decide it’s not for you. Fair enough. But what sort of freak who doesn’t wish to read Ulysses buys the Naxos 22 CD set of someone else reading it for them? You can’t be arsed to read it, but you can be arsed to listen to 22 CDs? Freak.

But the first most insane example is Finnegan’s Wake (also by Naxos), a book that even people eho really like reading get frightened of. Indeed, people who really like reading so much they do precious little else, who like it so much the did Doueble English Literature With Extra Reading at university just so they could do a shitload of reading, have been known to run off down the street when someone produces a copy of Finnegan’s Wake, shouting «Stay back! That’s too much reading!» For this reason, I firmly believe that all the Finnegan’s Wake CDs are actually blank.

A mí me molestan también este tipo de libros cuando salen como churros y se convierten en un tópico más. ¿Alguien me puede engrosar la lista confesando sus fobias?

Tinta e infidelidades.

Ya he acabado de leer el libro «Los nuevos puritanos«. Me ha hecho bastante gracia este fragmento del cuento Tres historias de amor, de Bo Fowler.

La Novia.

Salí con una chica que era un poco extraña, tenía plumillas de estilográfica en lugar de pezones.

Cuando hacíamos el amor, escribía cosas en azul sobre el edredón. La primera noche, escribió El herrero lo moldea y lo trabaja sobre los carbones, le da forma con martillos y lo forja con su fuerte brazo; tiene hambre y su fuerza desfallece, no bebe.

La segunda noche, escribió agua y está débil. El carpintero traza una línea, la marca con un lápiz: le da forma mediante planos y lo marca con un compás; le da forma de un hombre, y con la belleza de un hombre, para morar en una casa. Tala unos cedros; o escoge una encina o un roble y lo deja crecer fuerte entre los árboles.

Yo no supe si lo hacía adrede o no. Ella decía que en absoluto era consciente. Me cuesta una fortuna en lavandería.

En cualquier caso, dejamos de salir juntos cuando ella llegó un día y encontró del bosque; planta un cedro y la lluvia lo alimenta. Luego se convierte en combustible para un hombre; le coge una parte y se calienta, enciende un fuego y hace pan; también hace un dios y lo adora. Quema la mitad de este en el fuego; de la otra mitad come carne, asa carne y se siente satisfecho; también se calienta a sí mismo y dice escrito en mi edredón. En rojo. Lo había escrito su hermana.

Se me vino a la cabeza una historia parecida del Libro de Buen Amor

Del que olvidó la muger te diré la fazaña
si vieres que es burla, dime otra tal mañana;
era don Pitas Pajas un pintor de Bretaña
casose con muger moça, pagábase de compaña.

Ante del mes complido dixo él: Nostra dona
yo volo ir a Flandes, portaré muita dona.
Ella diz: Monseñor, andar en ora bona
non olvidedes vuestra casa, nin la mi persona.

Dixo don Pitas Pajas: ‘Dona de fermosura
yo volo façer en vos una bona figura
porque seades guardada de toda altra locura.
Ella diz: «Monseñor, façed vuestra mesura.»

Pintol’ so el ombligo un pequeño cordero:
fuese don Pitas Pajas a ser novo mercadero,
tardó allá dos años, mucho fue tardinero,
façíasele a la dona un mes año entero.

Como era la moça nuevamente casada
avíe con su marido fecha poca morada,
tomó un entendedor et pobló la posada,
desfízose el cordero, que d’él non finca nada.

Cuando ella oyó que venía el pintor
mucho de priesa embió por el entendedor,
díxole que le pintase como podiese mexor
en aquel lugar mesmo un cordero menor.

Pintole con la gran priesa un eguado carnero
complido de cabeça con todo su apero,
luego en ese día vino el mensajero.
Que ya don Pitas Pajas de esto venía çertero.

Cuando fue el pintor de Frandes venido
fue de la su muger con desdén resçebido
desque en el palaçio con ella estido
la señal que l’ feçiera non la echó en olvido.

Dixo don Pitas Pajas: ‘Madona, si vos plaz’
mostradme la figura e afán buen solaz!’
Diz’ la muger: ‘Monseñor, vos mesmo la catad,
fey y ardidamente todo lo que vollaz.’

Cató don Pitas Pajas el sobre dicho lugar
et vido un grand carnero con armas de prestar.
‘¿Cómo es esto, madona, o cómo pode estar
‘que yo pinté corder, et trobo este manjar?’

Como en este fecho es siempre la muger
sotil e mal sabida, diz’: ‘¿Cómo, monseñor,
en dos años petid corder non se façed carner?
Vos veniésedes templano et trobaríades corder.’

Puritanismo

Pues no y no porque no me tiente el tema. Esta entrada no va puritanos y economía. Va de «Los nuevos puritanos«, un libro que adopté el sábado pasado. El pobrecito estaba de oferta y nadie le hacía caso. Como mi sensibilidad hacia los libros es mayor que hacia las personas, decidí que ya era hora de que el pobre librito tuviese un hogar y le busqué un hueco en mi estantería.

He de confesar que sólo ver la palabra «puritanos» algo se encendió en mi cabeza. Pero el libro realmente es un experiemento literario fruto de un grupo de narradores ingleses que hasta han confeccionado un manifiesto y todo (sí, del tipo Dogma).

El manifiesto dice lo siguiente:

MANIFIESTO DE LOS NUEVOS PURITANOS.

1. Ante todo narradores, nuestro estilo es el narrativo.
2. Somos escritores de prosa y reconocemos que esta es la forma dominante de expresión. Por ello evitamos la poesía y la libertad poética en todas sus formas.
3. Pese a que reconocemos el valor del género de la ficción, sea clásico o moderno, siempre nos dirigiremos hacia horizontes nuevos, destruyendo las expectativas del género existente.
4. Creemos en la simplicidad del texto y prometemos evitar todos los recursos estilísticos: retórica, incisos del autor.
5. En nombre de la claridad, reconocemos la importancia de la linealidad temporal y evitamos las escenas restrospectivas, las narrativas temporales duales y los presagios.
6. Creemos en la pureza gramatical y evitamos toda puntuación elaborada.
7. Reconocemos que los trabajos publicados son también documentos históricos. Como fragmentos de la época, todos nuestros textos están fechados y transcurren en la actualidad. Todos los productos, lugares, artistas y objetos que aparecen son reales.
8. En nuestra calidad de representantes fieles del presente, nuestros textos evitarán toda especulación improbable o incognoscible sobre el pasado o el futuro.
9. Somos moralistas, por consiguiente todos los textos presentan una realidad ética reconocible.
10. Sin embargo, nuestro objetivo es la integridad de expresión, por encima y más allá de cualquier compromiso con la forma.

El experimento parace interesante y, de los cuentos, la mayoría son bastantes interesantes. 10 mandamientos como los de la ley de Dios. Siempre me causan gracias estos manifiestos, con ínfulas de integrismo literario. «Topificar» para después (y actualmente más rápido que nunca) «destopificar». En la introducción los autores (embriagados por la fuerza de su creación) hacen un repaso de la narrativa de los últimos años.

Ahora el manifiesto DOGMA:

El voto de Castidad: Juro que me someteré a las reglas siguientes, establecidas y confirmadas por:

1. El rodaje debe realizarse en exteriores. Accesorios y decorados no pueden ser introducidos (si un accesorio en concreto es necesario para la historia, será preciso elegir uno de los exteriores en los que se encuentre este accesorio).
2. El sonido no debe ser producido separado de las imágenes y viceversa. (No se puede utilizar música, salvo si está presente en la escena en la que se rueda).
3. La cámara debe sostenerse en la mano. Cualquier movimiento -o inmovilidad- conseguido con la mano están autorizados.
4. La película tiene que ser en color. La iluminación especial no es aceptada. (Si hay poca luz, la escena debe ser cortada, o bien se puede montar sólo una luz sobre la cámara).
5. Los trucajes y filtros están prohibidos.
6. La película no debe contener ninguna acción superficial. (Muertos, armas, etc., en ningún caso).
7. Los cambios temporales y geográficos están prohibidos. (Es decir, que la película sucede aquí y ahora).
8. Las películas de género no son válidas.
9. El formato de la película debe ser en 35 mm.
10. El director no debe aparecer en los créditos.

¡Además, juro que como director me abstendré de todo gusto personal! Ya no soy un artista. Juro que me abstendré de crear una obra, porque considero que el instante es mucho más importante que la totalidad. Mi fin supremo será hacer que la verdad salga de mis personajes y del cuadro de la acción. Juro hacer esto por todos los medios posibles y al precio del buen gusto y de todo tipo de consideraciones estéticas.

Así pronuncio mi voto de castidad.

Copenhague, Lunes 13 de marzo de 1995.

En nombre de Dogme 95,

Éste me parece incluso más dogmático con lo de la castidad…o irónico según como se mire. Los dos son bastante similares.

Microrrelatos

A C., creadora de microrrelatos

El relato corto es uno de mi géneros favoritos: la capacidad de decir lo más importante sin circunloquios y de la forma más breve posible. Un ejemplo de ello son los microrelatos, que condensan en pocas líneas, muchas veces una sola oración, lo que a otros muchos autores les lleva más de 100 páginas. La forma en que se usa el tiempo, el espacio… la creación de sensación, la captación fotográfica de un momento (la magia de encontrar diferentes detalles cada día), la creación muchas veces de verdadera poesía poética, la mezcla de diferentes géneros literarios, etc.

Una interesante antología es la editada por Jose Luís González en «Dos veces cuento. Antología de microrrelatos». De ella recojo algunos pequeños relatos que me han llamado la atención:

«El grafólogo». Salvador Elizondo.

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

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«La pesadilla de Peter Pan». Fernando Iwasaki.

Cada vez que hay luna llena yo cierro las ventanas de casa, porque el padre de Mendoza es el hombre lobo y no quiero que se meta en mi cuarto. En verdad no debería asustarme porque el papá de Salazar es Batman y a esas horas debería estar vigilando las calles, pero mejor cierro la ventana porque Merino dice que su padre es Jocker, ý Jocker se la tiene jurada al papá de Salazar.

Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos, menos mi padre, que insiste en que él sólo vende seguros y que no me crea esas tonterías. Aunque no son tonterías porque el otro día Gómez me dijo que su papá era Tarzán y me enseñó su cuchillo, todo manchado de sangre de leopardo.

A mí me gustaría que mi padre fuese alguien, pero no hay ningún héroe que use corbata y chaqueta a cuadritos. Si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo. Por eso me puse a pensar quién podría ser mi padre.

Un día se quedó leyendo el periódico y lo vi todo flaco y largo en el sofá, con sus bigotes de mosquetero y sus manos pálidas, blancas blancas como el mármol de la mesa. Entonces corrí a la cocina y saqué el hacha de cortar la carne. Por la ventana entraban la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza, pero mi padre ya grita más fuerte y parece un pirata de verdad. Que se cuiden Merino, Salazar y Gómez, porque ahora soy el hijo del Capitán Garfio.

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«Premeditación y alevosía». Arturo Ledrado.

Cuando salió del bar, llovía copiosamente. Sonrió

Al menos hoy al llegar a casa podrá anotar en su diario dos hechos. El primero- a título informativo-, la sorpresiva lluvia. (Ciertos meteoros dan mucho de sí: los reflejos sobre el asfalto mojado; el ruido de los canalones; las carreras de los transeúntes en busca de un taxi; el mendigo de la Plaza de santa Ana, cubierto con un plástico transparente). Nada como la lluvia para exaltar la metáfora.

La segunda anotación, escrita por supuesto, requerirá para su redacción un tacto especial y no más de cinco o seis palabras. Los detalles habrán de recuperarlos otros. A él le basta con marcar el suceso: «Esta tarde he asesinado a Laura».

Después, una cena ligera y un libro.

Sonrió mientras bajaba muy despacio la escalera del aparcamiento.

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«Tiempo de amor». José Javier Alfaro Calvo.
El tiempo no funciona cuando llega el amor.

Mañana te estuve contemplando durante dos horas seguidas.
Ayer me compraré dos ojos de repuesto y así seguir mirándote.

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«Eustace». Tanith Lee.

Amo a Eustace a pesar de que me lleva cuarenta años, es totalmente mudo y no tiene ningún diente. Me da igual que Eustace esté completamente calvo- excepto los pelos esos que se le ven entre los dedos de los pies-, que cuando ande se le note la joroba y a veces se caiga en medio de la acera. Si cree que tiene que emitir uno de esos cortos sonidos agudos suyos como silbando, o si se le da por mordisquear con su boca sin dientes en el sofá o irse a dormir al jardín, yo lo acepto todo como cosas bastante normales. Porque le amo. A Eustace le amo porque es el único hombre del mundo al que no le importa que yo tenga tres piernas.

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«El presentimiento». Juan Pedro Aparicio.

La familia rodeaba al moribundo.

El moribundo habló con lentitud:

– Siempre creí que yo no viviría mucho.

Los niños clavaban en él sus conmovidos ojos.

El moribundo continuó tras un suspiro:

– Siempre tuve el presentimiento de que me iba a morir muy pronto.

El reloj del comedor tocó la media y el moribunfo tragó saliva.

– Luego, a medida que he ido viviendo, llegué a creer que mi presentimiento era falso.

El moribundo concluyó juntando las manos:

– Ahora, ya véis: con ochenta y seis años bien cumplidos comprendo que ese presentimiento ha sido la mayor verdad de mi vida.

Como dijo cierto poeta, me siento más orgullosa de mis lecturas que de mis escritos. La musas siempre me fueron adversas pero hoy me voy a atrever a crear dos pequeños microrrelatos.

Ironía.

– ¿Qué te parece si no le comentamos nada de este tema?
– A las amigas nunca se les miente… ¿o sí?

Mi universo.

Mi pequeño universo nació con un pequeño bigbang hasta que el creacionismo demuestre lo contrario. Mi pequeño universo todavía está en expansión, universo infinito, personalidad fragmentada en multiples planetas y en satélites variados. Algunos días se asoma un agujero negro, otros avisto otras galaxias lejanas.

Para acabar, una curiosidad muy inglesa:

«What a funny little man you are»- Telegram from Lord Alfred Douglas to his father, the Marquess of Queensberry, on the latter threatening to disinherit him.

El perdedor radical.

Ese es el título de un pequeño ensayo «sobre los hombres del terror». A su autor, el alemán Hans Magnus Enzensberger, lo había descubierto con su «El hundimiento del Titanic» aunque para mucha gente es el autor de aquel librito sobre matemática, «El diablo de los números» (especie de «Mundo de Sofía» para los negados para las ciencias como yo)

Por la extensión del libro sabemos que no nos vamos a encontrar con un estudio sucinto sobre el tema de la violencia radical. El libro nos da una serie de pistas sobre su «origen», pistas de las que muchos nos hemos dado ya cuenta.

Aunque gran parte de la obra gira en torno a la violencia de los radicales islámicos, no se olvida el autor de los grupos autodenominados revolucionarios (también conocidos como gánsteres de barrio)

«De momento, los colectivos de perdedores que actúan a escala mundial constituyen una minoría, aunque pueden contar con canales de financiación y suministradores de armas internacionales. Abundan, por contra, los grupos que privatizan el hecho bélico y cuyos jefes reciben el nombre de señores de la guerra o líderes guerrilleros. Sus autodenominadas milicias y bandas paramilitares gustan de guarnecerse con el título de «organización de liberación» u otros atributos revolucionarios. Hay medios de comunicación que les llaman «rebeldes», un eufemismo que debe de halagarles. Sendero Luminoso, MLC, RCD (…) ETA (…), «izquierdistas», «derechistas» o lobos de la misma camada. La mayoría de estas cuadrillas armadas se aseguran la subsistencia a base de robos, secuestros o tráfico de drogas. Se definen a sí mismos como ejércitos, hacen alarde de brigadas y comandos, procuran darse importancia con comunicados burocráticos y grandilocuentes cartas de reivindicación y presumen de ser los representantes de no se sabe qué masas. Perdedores radicales, están convencidos de la falta de valor de su propia vida, por lo que tampoco les importa la vida de los demás; todo respeto a la supervivencia les es ajeno. Les da absolutamente igual que sus víctimas sean sus adversarios, partidarios o personas imparciales. Secuestran y asesinan con predilección a gentes que tratan de paliar la miseria en la zona que ellos aterrorizan, fusilan a colaboradores y médicos (…) les cuesta distinguir ente mutilación y automutilación

En el caso español, los susodichos (aparte de perdedores radicales, idiotas radicales y tercos radicales) muestran una gran falta de inteligencia. Pretenden dar argumentos lógicos, históricos o lo que sea a su lucha, pero no es más que la anulación de la razón: la sinrazón constante, el vicio de no pensar, la manía de no reflexionar. Muchas veces es mejor no poner en duda tu mundo y así vivir cómodamente en ese universo «perfecto. Quien tenga las cosas claras en este mundo que levante la mano y nos permita conocer a los demás su secreto. Lo único que debe ser permanente es una ética universal que nos permita vivir tranquilamente, sin tiranos (sean de corriente política o religiosa) que pretendan «orientar» nuestra vida siempre según sus intereses.

Sobre el terrorismo islámico critica su dependencia hacia ese Occidente que tanto odia. La decadencia de la cultura islámica y su hundimiento en un pozo de pobreza y atraso cultural radicaliza las posiciones de muchos que, en vez de buscar el origen de sus problemas dentro de su cultura, pretenden colgarle el muerto a los demás eternamente. Ese sentimiento lo hemos experimentado todos en nuestra vida: tener un problema, encontrarse fracasado y siempre usar coletilla de que «es que quizás sea por culpa del otro…» Uno se para a pensar, reflexiona e intenta encontrar su parte de culpa. Muchos no, muchos pretenden evitarse esa autoevaluación y miran a los demás. La posición cómoda, la salida más fácil. Ejemplo no nos falta también en nuestra cultura: tras el 11-M no se reflexionó sobre el problema sino que se intentó atajarlo por la vía fácil y del propio interés económico (y por supuesto con la ayuda de lo «políticamente correcto»)

«Al islamismo no le interesa buscar soluciones al dilema del mundo árabe; se limita a la negación. Se trata de un movimiento apolítico en sentido estrcito, puesto que no plantea ningún tipo de reclamaciones negociables (¡terrible!) Desea, en términos explícitos, que la mayoría de los habitantes del planeta, conformada por infieles y renegados, se rinda o sea exterminada«

Como siempre en estos casos, lo peor es el aprovechamiento que está haciendo la política actual para reconvertir la sociedad en un estado policial. Sin ir más lejos, donde yo vivo los atentados son otra excusa para cargarse algún derecho civil. En EEUU los presos son torturados, encerrados si juicios y las escuchas a los ciudadanos se duplican cada día (igual también se pasan por esta bitócaro. Por si acaso, les mandamos un «hola»)

Este mundo sigue yendo por sus derroteros de autodestrucción y salvajismo. Prefiero no dejarme llevar por esa corriente (aunque todos tenemos nuestros días de violentillos) y tomar aire antes de soltar burradas por la boca.

Librerías de segunda mano.

Lo que más me gusta de Londres y, en general, de las grandes ciudades es la cantidad de librerías de segunda mano que te puedes encontrar. No hay nada más relajante que pasarse un buen rato dentro de ellas, sin las prisas que te imponen las grandes superficies siempre con el dependiente detrás ofreciéndose a buscar lo que tú ya sabes que estás buscando. Cuando una persona ya tiene experiencia comprando libros, sólo el placer de rebuscar por las estanterías sin que lo molesten es suficiente. Lo mejor, es que te puedes encontrar rarezas, ediciones muy buenas de esos libros que te has leído en otras no tan buenas, aquel libro que siempre te interesó pero estaba descatalogado… Las librerías de hoy, por desgracia y debido a la gran cantidad de títulos que se publican al día, carecen de fondo. Sólo algunas pocas lo mantienen aunque entiendo que es bastante difícil dejar espacio para ello. Sabemos que el saber sí ocupa lugar, espacio físico, sobre todo cuando tienes las estanterías llenas y no entra nada más.

En Notting Hill hay una (aunque no es mi favorita) que tiene en el sótano gran cantidad de volúmenes a menos de 50 peniques. Puedes encontar, aunque no siempre, libros en español, italiano o francés (hay otros idiomas pero no tengo nociones básicas de ellos) Hoy me he comprado 15 por 3 libras, lo cual no está mal para lo caro que es esta ciudad.

Me encantan cuando las estanterías están repletas y son muy altas. Descubrir nuevos libros fuera de los círculos comerciales no tiene precio. La selección de hoy incluye libros en español y muchos en francés e italiano. Ya que estoy aprendiendo esas lenguas, siempre es bueno leer algún libro para aprender aún más. Y adoro los libros que contienen anotaciones porque esa es la manía que tengo yo también. Es interesante conocer qué le llamó la atención al antiguo lector del libro.

A pesar de que tiendas como Waterstones intenten parecerse a las viejas librerías, nunca llegarán a tener el encanto de aquellas.

Buena educación.

Para mí la buena educación comienza cuando la gente se escucha y debate, no discute compulsivamente por llevar la razón.

Este fin de semana me han pasado un librito (para americanos) sobre bueno modales. Lo que me llamó la atención fue una selección de reglas de comportamiento en la sociedad victoriana (lo que uno no podía hacer)

1. No se ría de forma estrepitosa.
2. No lea cuando otros estén hablando.
3. No lea en voz alta si no se lo han pedido.
4. No hable cuando otros lean.
5. No escupa el tabaco o el chicle.
6. No se corte la uñas cuando esté acompañado.
7. No abandone la iglesia antes de que acabe el oficio.
8. No se ría o se dedique al cuchicheo en la casa de Dios.
9. No mire fijamente a un invitado.
10. No deje sin asiento a un invitado.
11. Respete a sus mayores.
12. No corrija a sus padres o mayores.
13. No acepte un regalo sin agradecerlo.
14. No sea el héroe de su propia historia.
15. No se ría de los errores de los demás.
16. No haga bromas sobre los que le acompañan.
17. No empiece a comer tan pronto como se siente a la mesa.
18. Escuche lo que le están diciendo.
19. No hable mientras alguien esté cantando o tocando un instrumento (estaría insultando a esa persona)

Uno de los capítulos recoge una serie de consejos sobre los países que se pueden visitar, sobre su cultura y maneas. Sobre España, me parece que se han quedado un poco atrasados y más, si tenemos en cuenta, que España tiene como patriminio la blasfemia. Yo la practico mucho en mis ratos libres.

España es un país muy religioso y muchos de sus habitantes se pueden sentir ofendidos si toma el nombre de Dios en vano.

Yo aún estoy esperando conseguir el tan ansiado Manual de urbanidad para señoritas de Pierre Loüys.

Ambrose Bierce

Que Ambrose Bierce es un buen escritor, ya lo sabía yo hace tiempo. Que es un maestro, quedó confirmado hace tres dí­as después de leer su relato «El clan de los parricidas«. Hacía meses que no me enganchaba tanto un cuento (sobre todo de terror) Si os interesa, podéis encontrarlo en Felices pesadillas. Los mejores relatos de terror aparecidos en Valdemar (1987-2003)». «El clan de los parricidas» no se podría clasificar como un relato de terror en sí­ mismo sino como un relato de humor negro que produce terror. En él, Bierce nos muestra en una serie de pequeñas estampas las diferentes historias de una serie de personajes que, en primera persona, narran cómo se han desecho de sus padres o de algún familiar. A continuación transcribo los primeras lí­neas de «Aceite de perro» (primera de las secuencias):

Me llamo Boffer Bing. Mis respetables padres eran de clase muy humilde: él fabricaba aceite de perro y mi madre tení­a un pequeño local junto a la iglesia del pueblo, en donde se deshacía de los niños no deseados. Desde mi adolescencia me inculcaron los hábitos de su trabajo: ayudaba a mi padre a capturar perros para sus calderos y a veces mi madre me empleaba para hacer «desaparecer» los restos de su labor. Para llevar a cabo esta última tarea tuve que recurrir con frecuencia a mi talento natural, pues todos los guardias del barrio estaban en contra del negocio materno. No se trataba de una cuestión política, ya que los guardias que salían elegidos no eran de la oposición; era sólo una cuestión de gusto, nada más. La actividad de mi padre era, lógicamente, menos impopular, aunque los dueños de los perros desaparecidos le miraban con una desconfianza que, en cierta medida, se hacía extensible a mí(…)

«Una conflagración imperfecta»

En junio de 1872, una mañana temprano, asesiné a mi padre, acto que me produjo una tremenda impresión. Fue antes de mi boda, cuando aún vivía en Wisconsin con mi familia. Estábamos mi padre y yo en la biblioteca de casa repartiéndonos el producto de un robo que habíamos cometido aquella noche. Se trataba, en su mayor parte, de enseres domésticos, y la tarea de dividirlos equitativamente se presentaba difí­cil. Al principio nos entendimos muy bien sobre el reparto de las servilletas, toallas y cosas así­, e incluso el reparto que hicimos de la plata fue bastante justo; pero cuando le tocó el turno a una caja de música, vimos que era muy problemático dividirla entre dos sin que esta división diera mucho resto. Aquella caja fue la que ocasionó el desastre y la desgracia de mi familia: si no la hubiéramos robado, mi padre aún estaría vivo.

Y es que como bien dice una amiga mía, la Navidad es un momento propicio para pensar en el parricidio.

Bierce tampoco debía tener una buena opinión sobre los abogados y el mundo legal.

Después de haber asesinado a mi padre en circunstancias singularmente atroces, fui arrestado y enjuiciado en un proceso que duró siete años. Al exhortar al jurado, el juez de la Corte de Absoluciones señaló que el mío era uno de los más espantosos crímenes que había tenido que juzgar.

A lo que mi abogado se levantó y dijo:

Si vuestra Señoría me permite, los crímenes son horribles o agradables sólo por comparación. Si conociera usted los detalles del asesinato previo de su tío que cometió mi cliente, advertiría en su último delito (si es que delito puede llamarse) una cierta indulgencia y una filial consideración por los sentimientos de la víctima. La aterradora ferocidad del anterior asesinato era verdaderamente incompatible con cualquier hipótesis que no fuera la de culpabilidad, y de no haber sido por el hecho de que el honorable juez que presidió el juicio era el presidente de la compañía de seguros en la que mi cliente tenía una póliza contra riesgos de ahorcamiento, es difícil estimar cómo podría haber sido decemente absuelto. Si Su Señoría desea oírlo, para instrucción y guía de la mente de Su Señoría, este infeliz hombre, mi cliente, consentirá en tomarse el trabajo de relatarlo bajo juramento.

Sobre el asesinato, el protagonista dice.

Sin excepción, no puedo dejar de pensar que en punto a atrocidad artística, mi asesinato del tío William ha sido superado pocas veces.

La estética de la violencia no es patrimonio único del cine. Se puede ser mucho más atroz con la pluma.

Ambroso Bierce nació en 1842 en Horse Cave Creek, Ohio. Sus padres eran calvinistas y a todos sus hijos (13 en total) les pusieron un nombre que comenzase por la letra «A». Bierce se crió en un ambiente pobre y sórdido. En el relato anterior, el escritor norteameticano plasma su odio a toda su familia.

En 1861 entra a formar parte del Instituto Militar de Kentucky. En 1861 participa, enrolandose con el ejército de la Unión, en la Guerra de Secesión. De esta experiencia nace sus «Cuentos de soldados y civiles»

En 1871 viaja a Londres donde trabaja como periodista. Tiene bastante éxito y, debido a su ácido estilo, le apodan «Bitter». Su abundante obra se caracteriza por su humor mordaz y sus magníficos relatos de terror que lo sitúan al lado de maestros como Poe.

En 1913, a los 71 años, asmático, abandonado por su mujer y solo tras la muerte de sus hijos, decide viajar a México y unirse a la revolución mejicana. Se une a las tropas de Pancho Villa y se desconoce dónde murió. En su última carta, del 26 de diciembre de 1913, escribe a un familiar: » Adiós-si oyes que he sido colocado contra un muero de piedra mejicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en Méjico-¡ah, eso sí es eutanasia

Toda su obra se caracteriza por su pesimismo y misantropía. Destaca entre todas su Diccionario del diablo, editado en España por Valdemar. Este libro es una obrita de arte del ingenio. Lo usaré para cerrar ciertas entradas. Como ejemplo:

«Muerto, adj. Dícese del que ha concluido el trabajo de respirar; de lo que ha acabado para todo el mundo; de lo que ha llevado hasta el fin una enloquecida carrera; y de lo que al alcanzar la meta de oro, ha descubierto que era un simple agujero«

Este diccionario me lo compré justo cuando estaba haciendo que estudiaba para el último examen de mi carrera (problemas, problemas): Gramática española II (lexicografía)

Diccionario,s. Perverso artificio literario que paraliza el crecimiento de una lengua además de quitarle soltura y elasticidad. El presente diccionario, sin embargo, es una obra útil(el de la RAE, no).

Lexicógrafo,s. Individuo pestilente que so pretexto de registrar un determinado estadio en el desarrollo de una lengua, hace lo que puede para detener su crecimiento, quitarle flexibilidad y mecanizar sus métodos. El lexicógrafo, después de escribir su diccionario, se convierte en autoridad, cuando su función es simplemente hacer una recopilación y no dictar una ley. El natural servilismo de la inteligencia humana, al investirlo de un poder judicial, renuncia a su derecho a la razón y se somete a una mera crónica como si fuera un estatuto legal. Basta, por ejemplo, que el diccionario catalogue a una palabra de buena ley como obsoleta u obsolescente, para que pocos hombres se atrevan a usarla en adelante, por mucho que la necesiten y por conveniente que sea. De este modo, el escritor audaz y cultivado que sabe que el idioma crece por innovación-cuando crece-, y fabrica nuevas palabras o usa las viejas en un sentido poco familiar, encuentra pocos adeptos. enseguida le señalan agriamente que eso no está en el diccionario, aunque antes de aparecer el primer lexicógrafo (¡que Dios lo perdone!) nadie había usado una palabra que estuviera en el diccionario. En la época de oro del idioma inglés, cuando eran posibles un Shakespeare y un Bacon, y el idioma, que hoy muere rápidamente por una punta y se renueva despacio por la otra, crecía vigoroso y se conservaba dulce como la miel y fuerte como un león, el lexicógrafo era una persona desconocida, y el diccionario una obra para cuya creación el Creador no lo había creado.

Libros varios

Pues hoy me apetece comentar alguno de los libros que me he leído últimamente, muchos de ellos traídos de España y otros, rescatados en tiendas de segunda mano.

Ayer acabé de leer Por la gracia de Franco, del escritor Daniel Arasa. En sus casi 300 páginas trata de hacer un recorrido por las distintas etapas del franquismo y dar una idea objetiva de lo que fue ese período (desde la óptica de los dos bandos) Se agradece que, en estos momentos de polémicos historiadores (véase César Vidal o Pío Mora- a los que yo llamaría pseudohistoriadores-) uno tenga la fortuna de leer un libro que enjuicia una de las épocas más oscuras de la presente historia española. Merecen especial atención la reflexión que se hace sobre el , en muchos casos, «mal papel» realizado por una oposición exiliada, torpe en momentos claves o, simplemente, incapaz de controlar el clima de alianzas que trajo la posguerra del 45. Me hizo mucha gracia apartados como el de la bomba atómica de Franco, algo inventado por el gobierno republicano para hacer quedar mal al régimen internacionalmente. Bomba atómica en un país muerto de hambre (¿armas de destrucción masiva en España??? No hay nada nuevo bajo el sol)

Después de tantas páginas, uno se queda con la sensación de que la época franquista se pudo mantener gracias al azar, a la tozudez de un dictador, (como no) incapaz de reconocer que tiene que dejar el poder, y a la coyuntura internacional tras la segunda guerra mundial. Baste recordar que el despegue o milagro español no es sino obra de las directrices dictadas por organismos internacionales (directrices que no necesitan de un dictador sino de un gobierno democrático fuerte)y no es algo que se deba al ingenio de Franco (que ya demostró que con sus políticas autárquicas sólo hizo que el país involucionase)

Hay un apartado en el que se recogen frases de famosos sobre Franco (el club de fans para entendernos). Merece detenerse en las palabras de Carmina Ordóñez, que demuestran… bueno, judguen ustedes mismos: «Yo soy muy franquista y también muy de derechas y, por lo tanto, antidemocrática cien por cien«. Por lo menos esta mujer dice las verdades como son (franquismo, falangismo, comunismos radicales=dictaduras=no democracias) y nos ahorramos la parafernalia franquista sobre la democrácia orgánica y demás memeces.

En fin, libro recomendable para regalar en Navidades o para comprárselo uno por gusto. Como no, el libro tiene peros: uno de ellos es el desorden que encuentro en muchos capítulos, con repeticiones (ya sé que comprensibles en muchos casos) que detienen la lectura y, a veces, te hacen dudar de la etapa en la que estás. Lo que sí ha hecho el libro por mí es abrirme más la curiosidad sobre ciertos personajes: uno de ellos es Nicolás Franco, el hermano playboy de Francisco (todo lo opuesto jajaja)

Otro libro relaciona con el anterior es el genial La guerra civil en 250 términos del profesor e investigador de la universidad de Bordeaux François Godicheau, especialista en el tema. Es un diccionario de gran utilidad ya que da una imagen global del conflicto, ordenado por entradas y sin dejar de hacer incapié en las barbaridades cometidas por ambos bandos. No he encontrado yo ningún «partidismo» en el libro sino gran objetivismo de historiador serio y riguroso. Todo lo que usted quiso saber sobre la guerra civil y nunca se atrevió a preguntar lo encontrará aquí. Puedes leer desde el humor en la guerra, papel de las mujeres, el Nin, canciones de ambos bandos, batallas famosas, hambre, fuero del trabajo, nacionalismos, caciquismos, cárceles, paracuellos (para aquellos que se piensan que un historiador serio se niega a tomar el tema) y un largo etc. Fundamental para ordenar un poco las ideas.

El siguiente libro, Virginibus puerisque y otros ensayos de R.L. Stevenson me sorprendió gratamente (aunque no tanto como otros libros que comentaré el 23 de diciembre cuando llegue a casa por vacaciones y los pueda tener delante Uf, que me quedo sin aire) En el libro, y tomando las palabras de Calítoe, Stevenson se dedica a la noble tarea de la metafísica del perogrullo. El libro recoge una serie de ensayos del autor de El extraño caso del Dr. Jeckill y Mr.Hyde (algún día hablaremos de este libro y de uno de los mejores ilustradores de cuentos de terror), La isla del tesoro y de otros muchos libros y cuentos (de ahí que le llamasen Tusitala).

Los ensayos que más me han llamado la atención son Aes Triplex, El Dorado, La gruñona vejez y la juventud, Defensa de los desocupados y Juego de niños. De todos ellos, voy a citar una serie de párrafos de El Dorado, que trata sobre la esperanza:

Poseer muchas aspiraciones es ser espiritualmente rico / Curiosidad y deseo son los dos ojos a través de los cuales vemos el mundo con los más encantados colores/Nuestras esperanzas están colocadas en un inaccesible El Dorado/ Hay un deseo nada mñas que se pueda realizar en la vida: una sola cosa que sea perfectamente asequible: la muerte. Y por una serie de circunstancias, no hay nadie que pueda decirnos si merece la pena de alcanzarla/ Porque un viajar lleno de esperanza es mejor que el llegar.

De Aes Triplex me gustó mucho su reflexión sobre la muerte y sobre los funerales y demás. Libro interesante aunque muchas veces, Stevenson da muchas vueltas al asunto y parece que se pierde un poco de vista el objeto de estudio.

De los libros rescatados en la tiendas retro de Londres, hubo uno que me hizo mucha gracia: Historia del Virgo, de Ramón Irigoyen, no apto para mojigatos. El libro (de la colección Biblioteca erótica de Temas de hoy) es un divertido recorrido a través de la complicada historia del virgo y de las relaciones sexuales. El libro consigue que muchas veces te rías bastante pero, al final, resulta un poco pesado con tanta referencia a los miembros de ambos sexos (hace gracia al principio, después cansa). Del libro, me quedo con la reinterpretación erótica-hiperbólica de los mitos griegos (aunque ahora cierto historiador lo pone en duda). Parrafito de ejemplo:

Minos se enamoró, pues, de la virginal Britomartis y, preso de la calentura de aquella polla suya insaciable, se la quería follar a cualquier precio. Durante nueve meses persiguió a la ninfa a lo largo de más de ocho mil kilómetros cuadrados de la isla de Creta, a través de los valles y los escarpados montes del Ida. Como ya se sabe la tozudez de que es capaz un dios con la polla en llamas, Minos no se dio por vencido- no llevaba aún, decía, ni siquiera un año en el empeño- y siguió acosando a la ninfa, hasta que por fin un día la sorprendió en el borde del mar. Cuando se vio ya cogida, Britomartis prefirió suicidarse y saltó al mar desde una roca. Pero la virtud, al menos una vez en la vida, recibió premio, y cuando la ninfa iba ya a darse un tortazo hollywoodiense contra un peduscro de granito, cayó providencialmente en la redes de unos pescadores, que estaban pescando merluzas, y logró así salvarse. Por este episodio, Britomartis recibió el sobrenombre de Dictrina, que en griego significa la chica de la red y, en consecuencia, se convirtió en la patrona de los trapecistas

Para acabar (ya que me puedo tirar entradas y entradas sobre el mismo tema) decir que me gustó un libro sobre Rembrandt titulado El desnudo de Rembrandt , de Simon Schama. Este señor, personaje conocido en el mundo anglosajón (es un renombrado historidor) tiene ahora un programa en la BBC (The power of art) interesante pero un poco flojo ya que, o no cuenta nada nuevo, o sólo se preocupa de temas personales de los pintores. El tono del libro es muy didáctico y se lee fácilmente.

Curiosa fue la lectura de El jardín de los frailes de Manuel Azaña. Me gustó bastante pero también se deja notar la prosa de principios del siglo XX, con influencias de la novela realista(prosaico de narices). Es un libro interesante porque habla de la vida en un colegio de jesuítas, aunque muchas veces no se diferencia de las clases que uno recuerda haber surido: «Entre su saber incomunicable y nuestra desgana, quedaba una zona muerta que ninguno intentó salvar«.

Entretenidas por malas fueron las lecturas de El enigma Vivaldi de Peter Harris y El Rabino de Noah Gordon. He de reconocer que el primero es el típico libro basura, de lectura en el tren u otro viaje, que de tan malo que es hasta te lo pasas bien: diálogos cursis e imposibles, situaciones rocambolescas, ciudades famosas, un genio universal y un enigma. Todo lo anterior es lo típico en el bestseller de ahora.

De los libros en inglés mejor ni hablar. Aún estoy en ello y tengo que empezar a ponerme las pilas a partir de enero con el idioma: hay que mejorar mucho más. De entre ellos, el libro que más me gustó es mi The illustrated encyclopedia of the Kings and Queens of Britain. De este libro (mezcla entre el Hola y un libro de historia) rescato la historia de Eduardo II, conocido como el príncipe amanerado de Braveheart, película de Mel Gibson donde ya se ve de qué pie cojea este personaje. Pues bien, aquí la más mala de la película es su mujer Isabel de Francia, que, muy fastidiada ella porque a su marido le gustasen más los hombres que a un niño un caramelo, se encargó de matar al amante del rey y de encarcelar y asesinar de una manera muy cruel al propio rey. Como soy muy chula, traduzco directamente del inglés:

La muerte del rey Eduardo II.

Después de que llegase al trono Eduardo III, la reina Isabel y Roger Mortimer ordenaron que Eduardo II fuese retenido en el castillo de Berkeley en Glouscestershire y se le matase de hambre. Pero el rey, cuyo espíritu permanecía fuerte, tardaba bastante en morir. Los carceleros del rey encontraron una forma sádica de matarlo sin dejar marcas en su cuerpo: después de que un embudo de metal fuese insertado en el ano del rey, empujaron un hierro de soldar al rojo vivo en sus entrañas. Sus gritos de agonía llenaron el aire.

Sobre el amante del rey, la reina decidió que Despenser (apellido del muchacho) fuese brutalmente asesinado: «En Hereford, el 24 de noviembre de 1326, fue brutalmente ejecutado. Le cortaron los genitales porque, según los informes de la época, era culpable de práctica antinaturales con el rey. Le arrancaron las entrañas y se las quemaron. Finalmente fue decapitado y descuartizaron su cuerpo. Enviaron su cabeza a Londres y los pedazos de su cuerpo se repartieron por diferentes partes del reino».

Por hoy creo que es suficiente.