Aquella mitad

Porque lo cierto es que, a la vez que uno es consciente de sus posibilidades, o de su probable duración, estamos instalados en la vida de tal manera que se nos hace muy costoso abandonar la idea a la que estamos acostumbrados, a saber: la de que tenemos siempre, si no todo, mucho tiempo por delante; y de que lo pasado, lo que ya admite sólo el recuerdo, puede ser otra cosa que —indefinidamente— la mitad, «aquella mitad».
Javier Marías, Aquella mitad de mi tiempo.