La familia en Navidad

(En el jardín de la casa)

Junon: ¿Estás bien?

Henri: Sí.

Junon: Toma. (Le pasa un cigarrillo)

Henri: Gracias.

Junon: Sigues sin quererme, ¿eh?

Henri: Nunca te he querido.

Junon: Yo a ti tampoco.

No he sido una buena madre.

Henri: No.

Junon: He querido un poco a tus hermanos pero menos que a tu padre.

Henri: Abel adora a Elizabeth. A los dos chicos…

Junon: Yo también estaba enamorada de ella.

Tal vez haya querido también a Iván porque era tan feo de niño… Yo también lo era.

Henri: ¿Tú? ¡No!

Junon: Sí.

Henri: ¿Y yo?

Junon: ¿Tú?

Henri: Cuando nací.

Junon: De bebé, ya no sé. No lo recuerdo. ¿Tú me recuerdas?

Henri: Sí, recuerdo cuando murió tu hermano. ¿En qué año fue?

Junon: En el 71.

Henri: En esa época sí te quería. Estabas sentada en la veranda. Me senté en tus rodillas. Recuerdo tu vestido, beis, como de terciopelo. Trepé… Sí, creo que entonces te quería.

Junon: Tenías 3 años. 
¿Y después?

Henri: La guerra.

Junon: Total.

Henri: Pero he ganado yo.

Junon: Aún no, hijo mío.

Henri: Perdona, pero tienes una mielodisplasia y yo estoy como un roble. Y vas a necesitar mi médula.

Junon: Serás pretencioso… Tu sobrino es compatible.

Henri: ¿Paul? ¿El chalado? ¿Bromeas? Es gilipollas perdido.

Junon: Eso lo dices tú.
Pues sí, soy compatible con mucha gente. Soy una mujer de carácter abierto, la gente aprecia mi compañía. Hasta mi nieto, al que apenas conozco, es compatible conmigo. Tú estás sólo y yo soy muy popular.

Henri: Y no excluyes encontrar otros donantes.

Junon: Me desagrada que me inyecten esa cosa blanca. Que encima saldrá de ti. Puede cambiarte el grupo sanguíneo.

(volviendo a la casa)

Junon: Mi pequeño judío.

Henri: ¿Por qué dices eso?

Junon: Porque lo eres.

Henri: Justo donde duele.

Junon: ¿Qué?

Henri: Sí, donde duele cuando te das un golpe. Encima del radio. Andrée lo llamaba «el pequeño judío». El olécranon.

Junon : Tenía un hijo cristiano y te has convertido en judío.

Henri: No sé. Pero no me llames así con tu tufillo antisemita.

Junon: Mi guapo judío.

Henri: Soy el único que sigue siendo católico.

Junon: Y un poco judío.

Mathieu: No.

Junon: Buenas noches.

Henri: Buenas noches.

«Un cuento de Navidad» (2008) de Arnaud Desplechin, que hasta este diálogo prometía y después se fue cayendo a pedazos.

Pastores

Joseph Palmi: Let me ask you something… we Italians, we got our families, and we got the church; the Irish, they have the homeland, Jews their tradition; even the niggers, they got their music. What about you people, Mr. Wilson, what do you have?

Edward Wilson: The United States of America. The rest of you are just visiting.

The Good Shepherd (2006), película eterna.

Hatred

Plainview: Are you an angry man, Henry?

Henry Brands: About what?

Plainview: Are you envious? Do you get envious?

Henry Brands: I don’t think so. No.

Plainview: I have a competition in me. I want no one else to succeed. I hate most people.

Henry Brands: That part of me is gone… working and not succeeding- all my failures has left me… I just don’t… care.

Plainview: Well, if it’s in me, it’s in you. There are times when I look at people and I see nothing worth liking. I want to earn enough money that I can get away from everyone.

Henry Brands: What will you do about your boy?

Plainview: I don’t know. Maybe it will change. Does your sound come back to you? I don’t know. Maybe no one knows that. A doctor might not know that.

Henry Brands: Where is his mother?

Plainview: I don’t want to talk about those things. I see the worst in people. I don’t need to look past seeing them to get all I need. I’ve built my hatreds up over the years, little by little, Henry… to have you here gives me a second breath. I can’t keep doing this on my own with these… people.

There Will Be Blood.

¡Indignaos!

Yo también nací en 1917. Yo también estoy indignado. También viví una guerra. También soporte una dictadura. Al igual que a Stéphane Hessel, me escandaliza e indigna la situación de Palestina y la bárbara invasión de Irak. Podría aportar más detalles, pero la edad y la época bastan para mostrar que nuestras vivencias han sucedido en el mismo mundo. Hablamos en la misma onda. Comparto sus ideas y me hace feliz poder presentar en España el llamamiento de este brillante héroe de la Resistencia francesa, posteriormente diplomático en activo en muchas misiones de interés, siempre a favor de la paz y la justicia.

¡INDIGNAOS! Un grito, un toque de clarín que irrumpe el tráfico callejero y obliga a levantar la vista a los reunidos en la plaza. Como la sirena que anunciaba la cercanía de aquellos bombarderos: una alerta para no bajar a guardia.

Al principio sorprende: ¿Qué pasa? ¿De qué nos alertan? El mundo gira como cada día. Vivimos en democracia, en el estado de bienestar de nuestra maravillosa civilización occidental. Aquí no hay guerra, no hay ocupación. Esto es Europa, cuna de culturas. Sí, ése es el escenario y su decorado. Pero ¿de verdad estamos en una democracia? ¿De verdad bajo ese nombre gobiernan los pueblos de muchos países? ¿O hace tiempo que se ha evolucionado de otro modo?

Actualmente en Europa y fuera de ella, los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado ya el bache y prosiguen su vida como siempre sin grandes pérdidas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el trabajo ni su nivel de ingresos. El autor de este libro recuerda cómo los primeros programas económicos de Francia después de la segunda guerra mundial incluían la nacionalización de la banca, aunque después, en épocas de bonanza, se fue rectificando. En cambio ahora, la culpabilidad del sector financiero en esta gran crisis no sólo no ha conducido a ello; ni siquiera se ha planteado la supresión de mecanismos y operaciones de alto riesgo. No se han eliminado los paraísos fiscales ni se acometen reformas importantes del sistema. Los financieros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros. Es decir, el dinero y sus dueños tiene más poder que los gobiernos. Como dice Hessel, «el poder del dinero nunca ha sido tan grande, tan insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general».

¡INDIGNAOS!, les dice Hessel a los jóvenes, porque de la indignación nace la voluntad de compromiso con la historia. De la indignación nació la resistencia contra el nazismo y de la indignación tiene que salir hoy la resistencia contra la dictadura de los mercados. Debemos resistirnos a que la carrera por el dinero domine nuestras vidas. Hessel reconoce que para un joven de su época indignarse fue más claro, aunque no más fácil, porque la invasión del país por tropas fascistas es más evidente que la dictadura del entramado financiero internacional. El nazismo fue vencido por la indignación de muchos, pero el peligro totalitario en su múltiples variantes no ha desaparecido. Ni en aspectos tan burdos como los campos de concentración (Guantánamo, Abu Ghraib), muros, vallas, ataques preventivos y «lucha contra el terrorismo» en lugares geoestratégicos, ni en otros mucho más sofisticados y tecnificados como la mal llamada «globalización» financiera.

¡INDIGNAOS!, repite Hessel a los jóvenes. Les recuerda los logros de la segunda mitad del siglo XX en el terreno de los derechos humanos, la implantación de la Seguridad Social, los avances del estado de bienestar, el tiempo que les señala los actuales retrocesos. Los brutales atentados del 11-S en Nueva York y las desastrosas acciones emprendidas por Estados Unidos como respuesta a los mismos, están marcando el camino inverso. Un camino que en la primera década de este siglo XXI se está recorriendo a una velocidad alarmante. De ahí la alerta de Hessel a los jóvenes. Con su grito les está diciendo: «Chicos, cuidado, hemos luchado por conseguir lo que tenéis, ahora os toca a vosotros defenderlo, mantenerlo y mejorarlo; no permitáis que os lo arrebaten».

¡INDIGNAOS! Luchad, para salvar los logros democráticos basados en valores éticos, de justicia y libertad prometidos tras la dolorosa lección de la segunda guerra mundial. Para distinguir entre opinión pública y opinión mediática, para no sucumbir al engaño propagandístico. «Los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente», señala Hessel. Y yo añado: ¿quién es la gente pudiente? Los que se han apoderado de los que es de todos. Y como es de todos, es nuestro derecho y nuestro deber recuperarlo al servicio de nuestra libertas.

No siempre es fácil saber quién manda en realidad, ni cómo defendernos del atropello. Ahora no se trata de empuñar las armas contra el invasor ni de hacer descarrilar un tren. El terrorismo no es la vía adecuada contra el totalitarismo actual, más sofisticado que el de los bombardeos nazis. Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracán destructor del «siempre más», del consumismo voraz y de la distracción mediática mientras nos aplican los recortes.

¡INDIGNAOS!, sin violencia. Hessel nos incita a la inserrucción pacífica evocando figuras como Madela o Martin Luther King. Yo añadiría el ejemplo de Gandhi, asesinado precisamente en 1948, año de la Declaración de los Derechos Humanos, de cuya redacción fue partícipe el propio Hessel. Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Negaos. Actuad. Para empezar, ¡INDIGNAOS!

José Luis Sampredo prologando a Stéphane Hessel en «¡Indignaos».

Y evitando caer en la trampa del «enemigo», habría que rebelarse contra uno mismo, contra los que abusan del sistema de beneficios, contra el que accede al puesto opositor sin méritos, contra la simplificación de la educación, contra el corrupto y el votante del corrupto en cuanto beneficia, contra el consumidor de créditos que sabe que no puede pagar, contra el que busca el perpetuo amparo de un «no» que como adulto tendría que saber dar y así ad infinitum hasta regenerar los valores de la sociedad.

Nada dos veces

Nada dos veces

Nada ocurre dos veces
y nunca ocurrirá,
Nacimos sin experiencia,
moriremos sin rutina.

Aunque fuéramos los alumnos
más torpes en la escuela del mundo,
nunca más repasaremos
ningún verano o invierno.

Ningún día se repite,
no hay dos noches iguales,
dos besos que dieran lo mismo,
dos miradas en los mismos ojos.

Ayer alguien pronunciaba
tu nombre en mi presencia,
como si de repente cayera
una rosa por la ventana abierta.

Hoy, cuando estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Es flor? ¿O tal vez piedra?

¿Y por qué tú, mala hora,
te enredas en un miedo inútil?
Eres, pues estás pasando,
pasarás- es bello esto.

Sonrientes, abrazados,
intentamos encontrarnos,
aunque seamos distintos
como dos gotas de agua.

Wislawa Szymborska.