Lá polémica del aborto.

Muy buen artículo de Rosa Montero sobre este tema que va a mantener ocupada a la Iglesia católica estos meses.

ROSA MONTERO. “Mala gente”.

No creo que el PSOE de Zapatero destaque por lo bien que hace las cosas: suelen enfangar ideas atinadas con ejecuciones chapuceras. Pero me gusta cómo están llevando lo del aborto. Aído ha sabido escuchar los argumentos críticos: no habrá referencias a las taras, sólo se podrá abortar tras la semana 22 si el feto es incompatible con la vida… De hecho, será una ley más restrictiva que la actual. Y no me parece mal, porque el aborto es un acto grave y angustioso. No hay nadie que esté a favor del aborto: estamos a favor de su legalización y regulación porque así se evitan sufrimientos mayores. Además, por mucho que se potencien los anticonceptivos para no tener que llegar a esos extremos, siempre habrá embarazos catastróficos, problemas de salud y violaciones. El aborto es una maldita y triste necesidad.

Y también es un tema que evidencia la ruindad de las personas. Ese arzobispo brasileño que se opuso ferozmente a que abortara una niña de nueve años, violada por su padrastro y embarazada de gemelos, es a no dudar muy mala gente: carece por completo de compasión, la virtud esencial del ser humano. Los obispos del lince, que usan la imagen de un bebé crecido cuando lo que está en cuestión es un grumo de células, manipulan demasiado para ser buenos tipos (por cierto que, según santo Tomás y san Agustín, el feto masculino no recibía el alma hasta los 40 días y el femenino hasta los 90). Mostrar vídeos de fetos descuartizados a alumnos adolescentes, como ha pasado en Logroño, es propio de seres morbosos y malos. Y, ya que estamos, digamos que también hace falta ser muy duro de corazón para condenar el condón en África. Pero el problema no es la religión: el mundo está lleno de cristianos maravillosos y compasivos. Estos tipos no son así porque sean católicos, sino simplemente porque son mala gente.

El País, 31/03/2009.

Homosexuales y biología.

Se ha escrito una enorme cantidad de material sobre el tema de la homosexualidad, pero por ahora no existe consenso alguno. En mi opinión, sólo puedo agregar que la homosexualidad es muy común en la naturaleza. Las gatas criadas sin contacto con machos exhiben patrones de conducta que indican la existencia de excitación homosexual. Las gaviotas hembra a veces se aparean como las parejas lesbianas. Los gorilas macho se juntan en bandas y tienen relaciones homosexuales. Las hembras de chimpancé pigmeo matienen relaciones homosexuales con frecuencia. Incluso los peces espinosos de ven en cuando se comportan como hembras, así como los patos silvestres y otras aves. En realidad, la homosexualidad es tan común en otras especies-y se manifiesta en circunstancias tan variadas- que la homosexualidad humana llama la atención no por su frecuencia sino por su rareza.

Sospecho que tanto las hormonas como el medio ambiente tienen importantes efectos en las preferencias sexuales de la humanidad y de otros animales. Pero sólo un aspecto guarda relación con el presente estudio: los hombres y las mujeres homosexuales experimentan las mismas sensaciones de amor romántico de las que hablan los heterosexuales, y sufren los mismos problemas del circuito romántico. Es evidente que dichas emociones aparecieron mucho tiempo atrás.

Helen E. Fisher, “Anatomía del amor. Historia natural de la monogamia, el adulterio y el divorcio“.

¿Cuestión de estilo?

¡Ah, Pepe Ortega! Tenemos que hablar de él. Pese a lo que digan los libros, no crea usted que en aquellos años todo el mundo leía a Pepe, a Juan Ramón Jiménez, o que todos adoraban a Lorca; o que Unamuno era conocido por todos los españoles. Entonces la gente era como ahora. ¿Conoce hoy todo el mundo a García Hortelano, a Claudio Rodríguez, a Cela, a Juan Marsé o a ese chico joven, Eduardo Mendoza? No. Pues entonces, lo mismo. La gente leia a Álvaro Retana o a Alberto Insúa, autores de novelas que el público, la masa, como decía Pepe, devoraba. Paquito Ayala las llama ahora-lo he leído en sus memorias-novelas pornográficas. Supongo que se refiere al hecho de que podían vender hasta 100.000 ejemplares en una semana. A mí me encantaban”

Antonio Orejudo, “Fabulosas narraciones por historias“.

Más que de estilo, es una cuestión de gustos y de épocas. Este pequeño fragmento de la novela de Orejudo me recuerda a una absurda discusión que tuve hace poco sobre autores olvidados, autores famosos y autores “enterrados” y “censurados” por la “progresía”. Ganas de marear la perdiz y tonterías al servicio de ciertas personas con pensamiento fanático y monotemático. Dejemos la recuperación de los autores secuestrados por el tiempo en manos de gente con espíritu crítico.

Muñequitas.

Tamara de Lempicka, “Autorretrato”

NORA. You’ve never really loved me. You just thought it was fun to be in olve with me-that´s all… It’s true Torvald. When I lived at home with papa, he would tell me what he thought about eveything, so I never had any opinions of my own. And if I ever had any ideas of my own I made sure to keep them absolutely secret and hidden, because he wouldn’t have wanted it any other way. He used to call me his little doll, and he’d play with me just I played with my own dolls. Then I came to live with you in your house…What I mean is, that I passed directly from papa’s hands into yours. You’ve always arranged things just so, the way you wanted them, and I simply adopted the very same tastes as yours-well, at least I pretended I did-I can’t quite remember- Anyway, I suppose it was a bit of both really-first one-then the other. But now, looking back, it’s as if I were a beggar living here-from hand to mouth. I survived by performing tricks for you, Torvald. But that’s the way you preferred it. You know it’s a terrible wrong that you and papa have done me. It’s your fault that I’ve made nothing of my life… Our home’s been nothing but a play-pen. I’ve been your doll-wife, just as I was papa’s doll-child. And then in their turn the children have been my dolls. I used to think that it was fun when you’d come in and play with me, just as the children think it’s fun when I go in and play with them. But that, Torvald, is all that our marriage amounts to.

Henrik Ibsen, “A doll’s house

Ficción y realidad.

¿Ella (Blanca Sánchez) inspiró a la Candela (María Barranco) de ‘Mujeres…’, ¿no?

Sí. Yo no pude poner la verdad, que los chiíes (algo que con el tiempo casi ha resultado más acertado) habían sido terroristas etarras. Pero sí, ella se enamoró de un hombre sin saber que era un terrorista y que la estaba utilizando. Él metió a otros etarras en su casa, porque Blanca era generosísima, y allí prepararon sin ella saberlo un asalto a la cárcel de Carabanchel para liberar a otros presos. Aquello le costó a Blanca, que era inocente, nueve meses de cárcel. Cuando salió, ya nunca fue la misma. Yo iba a visitarla y volvía hundido. Pero lo increíble era su ingenuidad para el amor. Cuando se destapó lo de los etarras, lo que ella no podía entender, y lo que la destrozó, era que aquel hombre no hubiese confiado en ella, le daba igual todo lo demás. Lo que le dolía era que su amante no había tenido la confianza suficiente como para decirle en la cama la verdad. Yo no daba crédito y le decía: “Pero Blanca, mujer, que era un etarra”. Aquello cambió de manera radical su relación con los hombres y la cárcel la marcó. Recuerdo que antes de entregarse al juez me llamó por teléfono para que sacara de la casa, de mi vieja habitación, porque yo viví bastante tiempo con ella, las cajas y cajas de turrones y chocolates que los etarras habían comprado para llevarse por Navidad. Ella sólo me decía que no me preocupara por ella, pero que, por favor, sacara todo aquello de su casa. Lo absurdo, esas paradojas que me pasan en la vida, es que yo, que no sabía qué hacer con aquel arsenal de dulces navideños, se los di a mi cuñado, que era guardia civil y que se pasó las navidades papeándose los turrones y chocolates que habían comprado los etarras.

Pedro Almodóvar en “El País“.

Soltería.

“Lector”, Laura Vinader.

En la noche profunda
En la noche fría, absorto en la lectura
de mi libro, olvidé la hora de acostarme.
Los perfumes de mi colcha bordada en oro
se han disipado ya y el fuego se ha apagado.
Mi bella amiga, que hasta entonces a duras penas
había dominado su ira, me arrebata la lámpara
y me pregunta: ¿Sabes qué hora es?

Yan Tsentsai, citado por Kafka en una de sus cartas a Felice Bauer.

La duda.

Para mí éste es uno de los mejores cuentos sobre la duda y sobre todos los miedos que produce. De lo mejorcito en el campo de los relatos.

Sobre a morte de Bieito.

Foi preto do camposanto cando eu sentín boligar dentro da caixa ó pobre Bieito.(Dos catro levadores do cadaleito eu era un). ¿Sentino ou foi aprensión miña? Entón no podería aseguralo. ¡Foi un rebulir tan maiño…! Como a teimosa puvulla que rila, rila na noite, rila de entón no meu maxín afervoado aquel maiño rebulir.Pero é que eu, meus amigos, non tiña seguranza, e polo tanto — comprendede, escoitade — polo tanto non podía, non debía dicir nada.

Imaxinade nun intre que eu dixese:

– O Bieito vai vivo.

Tódalas testas dos velliños que portaban cirios ergeríanse nun babeco aglaio. Tódolos pícaros que viñan estendendo a palma da man baixo o pingotear da cera virían en remuíño arredor meu. Apiñocaríanse as mulleres a carón do cadaleito. Escorregaría por tódolos beizos un murmurar sobrecolleito, insólito:

– O Bieito vai vivo, o Bieito vai vivo…!

Calaría o lamento da nai e das irmáns, e axiña tamén, descompasandosea gravedosa marcha que planxía nos bronces da charanga. E eu sería o gran revelador, o salvador, eixo de tódolos asombros e de tódalas gratitudes. E o sol na miña face cobraría unha importancia imprevista.
¡Ah ! ¿E se entón, ó ser aberto o cadaleito, a miña sospeita resultara falsa? Todo aquel magno asombro viríase inconmensurable e macabro ridículo. Toda a arelante gratitude da nai e das irmán, tornaríase despeito. O martelo espetando de novo a caixa un son sinistro e único na tarde estantía. ¿Comprendedes? Por iso non dixen nada.

Houbo un intre no que pola face dun dos compañeiros de fúnebre carga pasou a insinuación leviá dun sobresalto, coma se el estivese a sentir tamén o velaiño boligar. Mais non foi máis que un lampo. De seguida ficou sereo. Eu non dixen nada.
Houbo un intre en que case me decidín. Dirixinme ó da miña banda e, acobexando a pregunta nun sorriso deretrouso, deslicei:

– ¿E se o Bieito fose vivo?

O outro riu picaramente coma quen di: “Que ocorrencias temos”, e eu amplifiquei o meu falso sorriso de retrouso.

Tamén me vin a rentes de decilo no camposanto cando xa pousarámo-la caixa e o crego requeneaba.

– “Cando o crego remate” pensei. Mais o crego acabou e a caixa deceu á cova se que eu puidese dicir nada.

Cando o primeiro cadullo de terra, bicado por un neno, petou dentro da cova nas táboas do ataúde, rubíronme ata a gorxa as verbas salvadoras…. Estiveron a punto de xurdiren. Mais entón acudiu novamente o meu maxín e case seguranza do arrepiente ridículo, da rabia da familia defraudada, se o Bieito se topaba morto e ben morto.ñ Ademais o dicilo tan tarde acrecía o absurdo desorbitante. ¿Cómo xustificar non o ter dito ante? ¡Xa sei, xa sei, sempre se pode un explicar!¡Si, si, si todo o que queirades! Pois ben ….. ¿e se tivese morto despois, despois de o sentir eu remexerse, como quizais puidese adiviñase por algún sinal? ¡Un crime, si, un crime o me ter calado. Oíde xa o rebumbio da xente….

– ¡Pediu auxilio e non llo deron, malpocado….!

–El sentía chorar, quíxose erguer e non puido….

–Morreu de espanto, saltoulle o corazón o se sentir decer na cova…

–¡Velaí o tendes, coa cara torta do esforzo!

–¡E ese que o sabía, tan campante, aí a sorrir coma un pallaso!

–¿E parvo ou qué?

Todo o día, meus amigos, andei tolo de remorsos. Vía ó probe Bieito grafiñando nas táboas nese espanto absoluto, máis alá de todo consolo e de toda conformidades, dos enterrados en vida. Chegoume a parecer que todos lían nos meus ollos adormiñados e longanos a obsesión do delito.
E alá pola noite – non o poide evitar – funme camiño do camposanto, coa solapa erguida, ó arrimo dos muros.

Cheguei. O cerco por unha banda era baixiño: unha pedras mal postas, apreixadas por hedras e silveiras. Paseino e fun dereito ó sitio…. Deiteime no cha, apliquei a orell, e axiña o que oín xioume o sangue. No seo da terra unha unllas desesperadas rabuñaban nas táboas.
¿Rabuñaban? Non o sei, non o sei. Alí preto había un sacho… Ía xa cara a el cando fiquei suspenso.
Polo camiño que pasa a rentes do camposanto sentíanse pasadas e rumor de fala. Viña xente. Entón si que sería absurda, tola, a miña presenza alí, daquelas horas e cun sacho na man.
¿Ía a dicir que o deixara enterrar sabendo que estaba vivo?

E fuxín coa solapa erguida, pegándome ós muros. A lúa era chea e os cans latricaban lonxe.

Rafael Dieste, “Dos arquivos do trasno“.

Almodóvar vuelve al corto.

Almodóvar vuelve al corto y nos regala “La concejala antropófaga”, con una Carmen Machi que borda el papel y que, como el propio director comentó, hace comedia de algo que en boca de otra actriz sonaría de los más ordinario. Este monólogo se rodó durante la grabación de la próxima película del director español.

Y el trailer de su próxima película “Los abrazos rotos”, que se estrenará el 18 de marzo.

Lo que sí que sería apetecible es que Almodóvar rodase una comedia, comedia. Hace tiempo que no se da el caso y se echa de menos. El corto es un poco una vuelta a los orígenes, especialmente al universo de “Mujeres al borde de una ataque de nervios”.