El desencanto.

Acabo de terminar de ver esta película de Jaime Chavarri, que hacía años que no caía en mis manos. La decadencia, la familia, la locura, las drogas, los demonios personales, el fin de la inocencia, los rencores, las cuentas pendientes, el ingenio desmedido, la inteligencia “fracasada”, el aislamiento, la incomunicación, los reproches, el hastío, las frustraciones, las envidias, los fracasos, los éxitos, las soberbias, los iluminados, las idioteces, el regusto amargo de una época mediocre, el querer y no poder, etc, tienen cabida en esta maravillosa película. La familia trapisonda en versión intelectual: los Panero.

La película al completo, gracias al buen hacer de Cristina.

Desamor.

Gustav Klimt. “El beso“.

En un periódico gratuito y con mucho titular escandaloso como es el 20minutos, sorprende encontrar un blog sobre poesía y más teniendo en cuenta los rebuznos que le vienen a una al leer según qué comentarios.

Uno de los últimos poemas publicado es “Y no hay más que sentarse”, de Belén Reyes. Me ha encantado y quiero compartirlo con todos los que se pasan de vez en cuando por aquí.

Y NO HAY MÁS QUE SENTARSE
y esperar que suceda…

Ponerle un bozal al corazón.

Meterte en los ojos dos esponjas.

Suturarte los poros.

Quitarle los bafles al deseo.

Dos tapones de cera en los oídos.

Un somnífero al sexo y una amnesia.

Tragarte los versitos.

Atarte las caricias.

La leche calentita…

y un peluche en el pecho.

Que conozco la copla…

Y no hay más que sentarse y esperar que suceda…

Quien nos cubrió de besos azules y promesas.

Quien abrió nuestro cuerpo y nos sorbió la esencia.

Quien reprochó constante nuestra muda presencia.

Quien nos amó a lo loco…

nos dejará a lo bestia.

Dos tipos de fracaso.

George Grosz, “Metrópolis”

Era de distinto orden, empero, nuestro fracaso. El mío obedecía a voluntarismo, al estricto sometimiento a los imperativos de la épica de la inconstancia, a mucha lucidez tozuda, patética a estas alturas del partido, medio viejo ya. El suyo era radiante, un fracaso épico en sí mismo, el del rico, el del listo, el de quien ha llegado a ser lo que no le tocaba gracias al difícil mecanismo de, sencillamente, dejarse vivir.

Rafael Sender, “El muerto que fuma“.

“Esos refugiados promiscuos”

Buen artículo de Pérez-Reverte sobre las chorradas con las que nos deleita la Iglesia un día sí y otro también. No quiero pensar en otras religiones del libro…

Es que tienen razón. Vaya si la tienen, porque las cosas ya están pasando de castaño oscuro. La jerarquía vaticana acaba de echarle un chorreo de padre y muy señor mío a las Naciones Unidas, y en concreto al Alto Comisionado para los Refugiados, alias ACNUR, por promover la confusión moral, el sida y el aborto químico. Fíjense ustedes cómo estará el patio que, en estos tiempos de inmoralidad y libertinaje galopante, a los canallas del ACNUR no se les ocurre, para rematar el gorrino, otra cosa que distribuir un folleto en los campos de refugiados, que son unos cuantos y los que te rondaré morena, recomendando el preservativo, la píldora del día siguiente para quien la tenga, y distinguiendo muy clarito entre sexo y procreación. Tela. Todo eso, cuidadín, en vez de plantear valerosamente el indisoluble y sagrado vínculo entre sexo y preñez. O sea: nunca pólvora en salvas, sino poner la bala donde se pone el ojo, e ir a la legítima –nunca a la zorra que no lo es– no con torpes ganas de arreglarle el cuerpo con un selecto homenaje, sino dispuestos a incrementar los índices de natalidad, asumiendo con responsabilidad y alegría –du, duá, fondo de guitarras de amigas Catalinas y Josefinas, qué alegría cuando me dijeron– la paternidad consciente e inevitable, a razón de una criaturita por cada disparo, y que sea lo que Dios quiera. Condición sine qua non, según el magisterio de la Santa Madre, para que la humanidad progrese y luego, además, vaya directamente al cielo. Ese es el verdadero amor. La verdadera entrega de templo a templo, etcétera.

«Por eso son del todo inaceptables –reza el texto eclesiástico que gloso y aplaudo– los medios de control de natalidad que indica el manual de ACNUR. En vez de ser educados en el verdadero amor, en la perspectiva del matrimonio y en el porvenir de una familia, los refugiados son introducidos en un mundo de placer sexual». Y es que ahí está la madre del agnus. El quid de la cuestión. Porque imagínense ustedes ese caos social, ese marasmo promiscuo de los campos de refugiados, con todos esos hombres y mujeres disfrutando sueltos por el monte o durmiendo juntos en tiendas de campaña con el pretexto de que huyen de algo. Esos hacinamientos humanos tan proclives a las bajas pasiones y a los sucios instintos, hala, todos revueltos, sin freno, sin control, sin pudor. Esas mujeres haciendo sus necesidades de cualquier manera, a la vista de todos. Esas copulaciones incontroladas. Esas viudas, trasuntos de Jezabel, a las que ya dan igual ocho que ochenta. Y para poner coto a las espantosas consecuencias que tal paisaje facilita, en vez de una vigilancia rigurosa que preserve el orden moral, de un control férreo y un adoctrinamiento cristiano que los mantenga a todos alejados de la tentación, obligándolos a emplear sus meses, años y vidas de ocio a estéril en fortalecer el alma disciplinando el cuerpo, a ACNUR no le ocurre otra cosa que atizar las bajas pasiones repartiendo preservativos, esterilizando, facilitando –me tiembla la tecla sólo de escribirlo– el aborto no ya sólo a mujeres violadas –que ya es perverso de suyo, y algo habrán hecho esas individuas para verse en tal coyuntura– sino al aborto en general. Con medidas que atentan contra la ley divina en dos órdenes, o categorías: primero, porque «impiden la procreación y facilitan el sexo irresponsable»; y segundo porque ese reclamo del placer, vía desenfreno carnal, «aumenta el riesgo de que se extienda el sida». Con dos cojones. Por eso la Iglesia –Dios aprieta, pero no ahoga– propone, apurando mucho la casuística y como máximo, «los métodos naturales que respetan el cuerpo y la relación de la pareja, así como favorecen el diálogo y el comportamiento responsable de los cónyuges». Como debe ser. Es decir: que una refugiada afgana, kosovar o mozambiqueña sea analfabeta y viva hambrienta y en la miseria no debe ser obstáculo, u óbice, para que, in extremis, consulte las tablas de Ogino –que eso sí puede bajo especiales condiciones– o, lo que es más hermoso, en caso de duda se abstenga de conocer varón, incluido el suyo; todo en el marco del diálogo y el comportamiento responsable con su legítimo cónyuge Ibrahim, o Bongo, o Marianoski. Y si su legítimo cónyuge u otros la violan sin animus procreandi, que aplique entonces el infalible método anticonceptivo natural de Santa María Goretti: antes morir que pecar. Eso incluye, supongo, a las monjas negras violadas por sacerdotes africanos, que luego, claro, cuando las echan del convento con su vergonzosa panza a cuestas, tienen que meterse a putas. Por puro vicio.

Me tranquiliza mucho, como ven, que el Vaticano restablezca el orden de prioridades, incluso en medio del la pobreza, el hambre y la vorágine bélica. Ni siquiera en tiempo de guerras y catástrofes es tolerable que cada hoyo se convierta en trinchera. Ojito. De alegrías, las justas. El orden moral, que emana del natural, no puede vulnerarse bajo ningún pretexto. Y a los refugiados, amén de jodidos, los quieren castos.

Arturo Pérez-Reverte, “No me cogeréis vivo (2001-2005)“.

Fernán Gómez, poeta.

Aparte de actor, director, malhumorado profesional, guionista, escritor de novelas,libros infantiles, ensayo, artículos y un largo etcétera, Fernán- Gómez también fue poeta. He aquí un botón de muestra:

LOS POBRES.

No entienden de violines
en el tisú de la noche lujosa.
Ni entienden la medida de la falda
que apenumbra la curva de la pierna.

No entienden ese ritmo alegre.
No entienden esa mirada suave.
No entienden el perfumado cuello, la sonrisa,
ni la música de las enguantadas manos.

Sólo entienden un descanso ilimitado,
sin violines, ni versos, ni tisúes,
con sillones de hierba, limonada y abanico
y quizás un revólver de venganza.

Por ahora, escupen el acero,
amasan con sudor ese pan que tú te comes,
trabajan sin cesar en su tarea
aguardando su ocasión calladamente.

No dejarán en la historia ningún nombre,
sí el sudor en la piedra amaestrada:
no tendrán ese mármol con dorados,
sí la tierra, porque son nada más que ella.

Están en las afueras de las casas,
estrechando poco a poco nuestro cerco,
aguardando la ocasión desesperada
de arrojarnos a todos a la hoguera,

cortarnos en pedazos pequeñitos
como gotas de sudor,
jugarse al dado las doradas muelas,
y tener sillón de la hierba, el abanico.

Fernando Fernán Gómez, “El canto es vuelo“.

Sobre la toma de posesión del Mesías.

EL SISTEMA/ 1.

Los funcionarios no funcionan.
Los políticos hablan pero no dicen.
Los votantes votan pero no eligen.
Los medios de información desinforman.
Los centros de enseñanza enseñan a ignorar.
Los jueces condenan a las víctimas.
Los militares están en guerra contra sus compatriotas.
Los policías no combaten los crímenes, porque están ocupados en cometerlos.
Las bancarrotas se socializan, la ganancias se privatizan.
Es más libre el dinero que la gente.
La gente está al servicio de las cosas
.

Eduardo Galeano, “El libro de los abrazos”

El miedo.

El miedo es el camino más rápido hacia el control mecánico, robótico, ilógico. El respeto es el camino más largo hacia la conquista de la plenitud, el camino más largo para controlar esos impulsos que no nos dejan vivir en sociedad, es el camino más lógico para razonar el mundo y “razonarnos” a nosotros mismos.

La cultura del terror/4

Fue en un colegio de curas, en Sevilla. Un niño de nueve años, o diez, confesando sus pecados por vez primera. El niño confesó que había robado caramelos, o que había mentido a la mamá, o que se había masturbado pensando en la prima. Entonces, desde la oscuridad del confesionario emergió la mano del cura, que blandía una cruz de bronce. El cura obligó al niño a besar a Jesús crucificado, y mientras le golpeaba la boca con la cruz, le decía:

-Tú lo mataste, tú lo mataste…

Julio Vélez era aquel niño andaluz arrodillado. Han pasado muchos años. Él nunca pudo arrancarse eso de la memoria.

Eduardo Galeano, “El libro de los abrazos“.

Masaccio, “Adán y Eva Expulsados del Paraíso

Si te soy sincera…

SI TODO VUELVE A COMENZAR

Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.

Soy peor todavía de lo que muchos creen.

Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años en el mismo lugar
y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine
soy fuerte como un roble
pero me ando muriendo a cada rato
comprendo las cuestiones más difíciles
y no sé resolver lo que en verdad me importa.

Así puedo seguir hasta morirme:
ya ves soy lo que llaman
el clásico maníaco depresivo.

Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate.

José Agustín Goytisolo, “Bajo tolerancia“.

Vicent Van Gogh, “Old Man with His Head in His Hands”

Tierra de Dios.

En estos días de violencia desmedida, de guerras de religión y demás pamplinas… en esta época tan deprimente (y sin perder un poco de optimismo) la poesía hace más falta que nunca. Poesía para poetizar el horror que nos rodea, poesía para denunciar y entrar de lleno en la gente. Pero poesía con voz, poesía en su medio natural.

ESE GENERAL

-Aquí está el general.
¿Qué quiere el general?
– Una espada desea el general.
-Ya no existen espadas, general.
¿Qué quiere el general?
-Un caballo desea el general.
-Ya no existen caballos, general.
¿Qué quiere el general?
-Otra batalla quiere el general.
-Ya no existen batallas, general.
¿Qué quiere el general?
-Una amante desea el general.
-Ya no existen amantes, general.
¿Qué quiere el general?
-Un gran tonel de vino desea el general.
Ya no hay tonel ni vino, general.
¿Qué quiere el general?
-Un buen trozo de carne desea el general.
-Ya no existen ganados, general.
¿Qué quiere el general?
-Comer yerbas desea el general.
-Ya no existen los pastos, general.
¿Qué quiere el general?
-Beber agua desea el general.
-Ya no existe más agua general.
¿Qué quiere el general?
-Dormir en una cama desea el general.
-Ya no hay cama ni sueño, general.
¿Qué quiere el general?
-Perderse por la tierra desea el general.
-Ya no existe la tierra, general.
¿Qué quiere el general?
-Morirse como un perro desea el general.
-Ya no existen los perros, general.
¿Qué quiere el general?
¿Qué quiere el general?
Parece que está mudo el general.
Parece que no existe el general.
Parece que se ha muerto el general.
que ya, ni como un perro, se ha muerto el general,
que el mundo destruido, ya sin el general,
va a empezar nuevamente, sin ese general.

Rafael Alberti.

Paul Nash, “We are making a new world”.

Podéis escuchar este poema (el propio Alberti lo recita) en la biblioteca virtual Cervantes.