Derechos

Releyendo mi libreta de apuntes, me encuentro con algunas anotaciones sobre el caso de Ramón Sampedro y la eutanasia. Me encuentro con una «sentencia moral» del amigo Fraga, que dice al respecto: «Fraga lamenta que tetrapléjicos que aceptan seguir viviendo no tengan el mismo tratamiento mediático que Sampedro. El líder del PP ve a Ramón Sampedro como un icono para los defensores de la eutanasia»

Dos apuntes:

1. Nadie les está prohibiendo a esos tetrapléjicos que sigan viviendo. Su elección es seguir viviendo, con la diferencia de que la sociedad ni les juzga por ello ni ningún juez les niega ese derecho.

2. Jesucristo fue un líder religioso, radical en la defensa de sus ideas y que ofreció su muerte como forma de redención. Eligió morirse (o eso nos cuentan) y nadie le acusa de nada. Es más, muchos lo consideran un hecho elogiable, algo «imitable» y hasta podemos encontrar una cultura de la sangre como liberadora (esas procesiones de Semana Santa…) Fraga tiene miedo de que Ramón Sampedro sea un icono para los tetrapléjicos. Y yo me pregunto, ¿de qué tiene miedo? ¿de que la gente pueda elegir?, ¿de que la gente ponga en duda lo establecido?, ¿de que podamos disponer de lo único que en realidad es nuestro? Nuestro cuerpo y nuestra vida, nuestra elección de seguir viviendo o no es lo único que, por desgracia, es realmente nuestro. Negar el derecho a morirse es ridículo, producto de creencias culturales que funcionaron en otras épocas y que ahora ya están más que obsoletas (San Pablo, San Pablo, cuánto daño le hizo a este mundo)

Si posees un poco de «cultura televisiva» (véase, películas cutres de tres de la tarde y otros programas sobre la fuerza del vivir), nos hemos pasado años y años viendo el elogio constante a esas personas que después de tener un terrible accidente quieren seguir viviendo. Lo entiendo y lo comparte. Nunca he visto que a «Superman» lo hubiesen insultado o ridiculizado por queres seguir viviendo. Es más, es un hecho encomiable su ejemplo de fortaleza.

En este caso, Ramón, su elección era no seguir viviendo. Tan fácil como eso. No quería seguir viviendo en esa situación. Y esa decisión no era fruto de un día ni de dos. Era el fruto de una experiencia, del día a día, de 30 años pleiteando. En la propia película «mar adentro» (por cierto, sobrevalorada) en un momento aparece un cura tetrapléjico que viene a iluminar con su verdad. Pero de eso se trata… de su verdad, no de la de otros minusválidos en su misma situación.

Las libertades están ahí para que se usen de forma responsable o para que se usen simplemente. Lo que tú hagas con tu vida y tu cuerpo no significa que sea algo que tenga que hacer necesariamente tu vecino o tus conciudadanos. Nadie obliga a nadie. Y el señor Fraga siempre ha tenido un miedo visceral a que la gente pueda elegir de manera libre, sin planteamientos religiosos pero sí éticos.

Los que hemos sufrido educación católica (y tampoco es que haya mucha queja de mis monjas) sabemos cómo funciona la cosa. Además, lo que diga este personaje (sabemos de su aprensión hacia el condón) hay que aceptarlo pero no compartirlo. Puede expresarse libremente, pero no puede negarse a que los demás también demos nuestra opinión.

El derecho a la vida es importante pero también lo es el derecho a la muerte. No se les puede negar a los seres humanos que así lo piden.

ROJO

Rojo es el color predominante en las películas de Almodóvar. Rojo es el color de pelo de Kika y de Huma, rojo es el abrigo de Manuela y de su jersey debajo de su gabardina de luto, roja es la ropa de Raimunda, rojo es el color del traje de Pepa y rojo el teléfono de Marina… Aparecen otros colores en sus películas, colores vivos, presentes, acordes con lo que se cuenta aunque el rojo sigue siendo el color «primario», el color de su cine.

ROJO.

El rojo es el color de la vida, el fuego y la sangre. También simboliza lo brillante, la luz luminosa de la vida y la energía vital. Por esta razón se asocia con la acción, la vitalidad, los impulsos, los deseos y los sentimientos violentos, todo lo que anima a expresarnos. También es un color sagrado, secreto debido a su conexión con la sangre: sagrado, porque en las antiguas culturas lo consideraban una substancia de la vida y del alma- aquellos que pierden su sangre pierden su vida y su alma- y secreto, porque la sangre que fluye por las venas y arterias es invisible a nuestros ojos.

Aunque es un símbolo de la vida y la energía vital, el rojo también representa la muerte, el sacrificio supremo y la purificación (en un sentido místico) La salida del sol es roja mientras que no lo es la puesta. Por lo tanto el rojo no sólo indica el despertar de la consciencia sino también el sacrificio último, necesario para el renacimiento.

El rojo es también el color de la pasión, de lo extremo (a menudo destructivo), de las emociones e del impulso instintivo que hombres y mujeres tratan de controlar lo mejor que pueden o que tratan de reprimir (si se diese el caso) aunque algunas veces caen presa de él a pesar de sus esfuerzos. De cualquier manera, hay que hacer hincapié en que estos impulsos humanos se regeneran por naturaleza y que son esenciales para la vida y la supervivencia.

Cuando el color forma parte de un sueño, se debe interpretar como la manifestación de nuestra sed de conocimiento o poder, necesidad de acción para poder así crear. También puede revelar un intenso e irrefenable sentimiento de excitación que pudiese delatar nuestros deseos, necesidades o pasiones ocultas o el hambre por vivir que nos mantiene pero al que no damos rienda suelta. Soñar con el color rojo también indica la existencia de un secreto o un misterio por revelar.

Colin, Didier, «Dictionary of symbols, myths and legends», Hachette Livre, 2000