El perdedor radical.

Ese es el título de un pequeño ensayo «sobre los hombres del terror». A su autor, el alemán Hans Magnus Enzensberger, lo había descubierto con su «El hundimiento del Titanic» aunque para mucha gente es el autor de aquel librito sobre matemática, «El diablo de los números» (especie de «Mundo de Sofía» para los negados para las ciencias como yo)

Por la extensión del libro sabemos que no nos vamos a encontrar con un estudio sucinto sobre el tema de la violencia radical. El libro nos da una serie de pistas sobre su «origen», pistas de las que muchos nos hemos dado ya cuenta.

Aunque gran parte de la obra gira en torno a la violencia de los radicales islámicos, no se olvida el autor de los grupos autodenominados revolucionarios (también conocidos como gánsteres de barrio)

«De momento, los colectivos de perdedores que actúan a escala mundial constituyen una minoría, aunque pueden contar con canales de financiación y suministradores de armas internacionales. Abundan, por contra, los grupos que privatizan el hecho bélico y cuyos jefes reciben el nombre de señores de la guerra o líderes guerrilleros. Sus autodenominadas milicias y bandas paramilitares gustan de guarnecerse con el título de «organización de liberación» u otros atributos revolucionarios. Hay medios de comunicación que les llaman «rebeldes», un eufemismo que debe de halagarles. Sendero Luminoso, MLC, RCD (…) ETA (…), «izquierdistas», «derechistas» o lobos de la misma camada. La mayoría de estas cuadrillas armadas se aseguran la subsistencia a base de robos, secuestros o tráfico de drogas. Se definen a sí mismos como ejércitos, hacen alarde de brigadas y comandos, procuran darse importancia con comunicados burocráticos y grandilocuentes cartas de reivindicación y presumen de ser los representantes de no se sabe qué masas. Perdedores radicales, están convencidos de la falta de valor de su propia vida, por lo que tampoco les importa la vida de los demás; todo respeto a la supervivencia les es ajeno. Les da absolutamente igual que sus víctimas sean sus adversarios, partidarios o personas imparciales. Secuestran y asesinan con predilección a gentes que tratan de paliar la miseria en la zona que ellos aterrorizan, fusilan a colaboradores y médicos (…) les cuesta distinguir ente mutilación y automutilación

En el caso español, los susodichos (aparte de perdedores radicales, idiotas radicales y tercos radicales) muestran una gran falta de inteligencia. Pretenden dar argumentos lógicos, históricos o lo que sea a su lucha, pero no es más que la anulación de la razón: la sinrazón constante, el vicio de no pensar, la manía de no reflexionar. Muchas veces es mejor no poner en duda tu mundo y así vivir cómodamente en ese universo «perfecto. Quien tenga las cosas claras en este mundo que levante la mano y nos permita conocer a los demás su secreto. Lo único que debe ser permanente es una ética universal que nos permita vivir tranquilamente, sin tiranos (sean de corriente política o religiosa) que pretendan «orientar» nuestra vida siempre según sus intereses.

Sobre el terrorismo islámico critica su dependencia hacia ese Occidente que tanto odia. La decadencia de la cultura islámica y su hundimiento en un pozo de pobreza y atraso cultural radicaliza las posiciones de muchos que, en vez de buscar el origen de sus problemas dentro de su cultura, pretenden colgarle el muerto a los demás eternamente. Ese sentimiento lo hemos experimentado todos en nuestra vida: tener un problema, encontrarse fracasado y siempre usar coletilla de que «es que quizás sea por culpa del otro…» Uno se para a pensar, reflexiona e intenta encontrar su parte de culpa. Muchos no, muchos pretenden evitarse esa autoevaluación y miran a los demás. La posición cómoda, la salida más fácil. Ejemplo no nos falta también en nuestra cultura: tras el 11-M no se reflexionó sobre el problema sino que se intentó atajarlo por la vía fácil y del propio interés económico (y por supuesto con la ayuda de lo «políticamente correcto»)

«Al islamismo no le interesa buscar soluciones al dilema del mundo árabe; se limita a la negación. Se trata de un movimiento apolítico en sentido estrcito, puesto que no plantea ningún tipo de reclamaciones negociables (¡terrible!) Desea, en términos explícitos, que la mayoría de los habitantes del planeta, conformada por infieles y renegados, se rinda o sea exterminada«

Como siempre en estos casos, lo peor es el aprovechamiento que está haciendo la política actual para reconvertir la sociedad en un estado policial. Sin ir más lejos, donde yo vivo los atentados son otra excusa para cargarse algún derecho civil. En EEUU los presos son torturados, encerrados si juicios y las escuchas a los ciudadanos se duplican cada día (igual también se pasan por esta bitócaro. Por si acaso, les mandamos un «hola»)

Este mundo sigue yendo por sus derroteros de autodestrucción y salvajismo. Prefiero no dejarme llevar por esa corriente (aunque todos tenemos nuestros días de violentillos) y tomar aire antes de soltar burradas por la boca.