Agnus Dei.

De Samuel Barber. Música relajante y pacificadora. Una obra de arte.

Pontevedra.

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Pontevedra en una guía francesa sobre España del año 1952.

121 k. PONTEVEDRA (hôt: Engracia, calle Andrés Muruais, 4, près de la gare; pension Madrid, calle Andrés Mellado, 11; Progreso, Benito Corbal, 17; Comercio, etc.; -poste et tél., calle de la Oliva, 19; D.G.T., Michelena, 27), la Duo Pontes des Romains, ville de 45.167 hab. (dont 10.500 aggloméres), capitale de province, dans une situation pittoresque, sur la rive g. du Lérez, au fond de la ría, a conservé un cachet particulier, avec ses longues rues en arcades et ses maisons massives à écussons armoriés.

Par la calle del Obispo Malvar, à dr. on passe devant l’eglise de Santa María la Mayor (1520-1559) à façade sculptée par le Hollandais Cornélis, qui travaillé à Avila et à Santiago; à l’int., délicats ornements sculptés; tombeaux gothiques; peintures sur bois du XVIe s., Christ du XVIIIe s., par Ferreiro; retables churrigueresques. Prés de la porte latérale de dr., niche du Cristo del Buen Viaje.

On arrive ensuite sur le plaza de España où s’ouvre, à dr., l’Alameda de José Antonio (à l’entrée, monument des Héros de Puente Sampayo; à l’extrémité O. : monument de los Caídos et vue étendue sur le baie); à g., l’Ayuntamiento; en face, les ruines de l’église Santo Domingo, du XIVe s. (abside gothique et fragments de nefs latérales), convertie en musée lapidaire; stèles romaines, tombeaux du Moyen Age, écussons. Au S. de l’Alameda, derrière le palais de la Diputación, s’etendent les jardins de Vicenti; à l’O., la Escuela Normal; monument de Eduardo Vicenti (1921).

La Calle de Michelena, centre du movement, mène à la plaza de la Peregrina, en forme de coquille, qui montre une façade convexe surmontée de deux tours par Antonio Souto (1778-1792; à l’int., copie ancienne de L. de Vinci; coquille du bènitier offerte par l’amiral Méndez Núñez). Au N., sur la plaza del Generalísimo (arcades de la Herrería), s’élève l’ancien couvent de San Francisco; église des XIVe-XVe s., avec portail de 1229; tombeaux. Dans le jardin voisin, fontaine (reconstituée) de la Herrería (1554).

À l’extrémité de la calle Naranjo, qui sòuvre vers le N.-E. au fond de la plaza de la Estrella, dans la belle maison des Monteagudos (1760), se trouve le Musée (ouv. de 11 h. à 13 h. et de 17 h. à 19 h. ; gratuit), refermant une collection de croix procesionnelles du XIIIe au XIXe s., des bijoux pré-romains en or, des peintures de Zurbarán, Correa, Wonvermans, Lucas, Jordán, etc., des meubles, faïences, dessins et une section d’art galicien contemporain. Plus au N., près du Lérez, s’èleve l’église de San Bartolomé, de style baroque (à l’int., Madeleine, par Gregorio Fernández).

“Les guides bleus: Espagne”, Hachette, París, 1952.

Predicando con el ejemplo.

Endemia católica.
Nada puede resarcir los abusos sufridos por miles de irlandeses en instituciones de la Iglesia.

25/05/2009

¿Por qué Irlanda? ¿Qué tendrá el catolicismo irlandés -con su poderosa extensión a Estados Unidos- para que la Iglesia se despeñara por el vertedero de abusos sexuales, físicos y psicológicos que han arruinado las vidas de varias generaciones de niños y niñas, preferentemente de hogares humildes, desde los años treinta hasta casi el fin del siglo pasado?

Un informe, aparecido el pasado día 20 tras nueve años de trabajos, es la más devastadora acusación contra la Iglesia católica que jamás se haya hecho pública en el mundo. Cinco volúmenes, 2.600 páginas, más de 1.000 testimonios de pupilos, pacientes o asilados en 216 escuelas, reformatorios, orfanatos y hospitales, en gran parte gobernados por los Hermanos de la Doctrina Cristiana y las Hermanas de la Caridad, constituyen un alegato del que le va a costar reponerse a la Iglesia romana, con su vocación universal.

En los años treinta, Irlanda era ya independiente del Reino Unido, aunque el último lazo no se cortara hasta la proclamación de la República en 1948. Y su papel histórico de gran defensora de la nación contra Londres dio a la jerarquía local una autoridad insuperable, que puede explicar la impunidad con que se desplegó esa endémica y masiva canallada; pero nada permite comprender, en cambio, ese holocausto psicológico, que, notablemente, sufrieron más los varones que las niñas.

Las numerosas expresiones de desolación, comenzando por la condena del cardenal Sean Brady, primado de Irlanda, han sido tan estremecedoras como sinceras, pero ni todo el oro del mundo puede resarcir a los millares de irlandeses hoy de entre 30 y 80 y pico de años, de una ordalía de sevicias, sobre todo sexuales, que en ocasiones se prolongaron años. Y prueba de lo decisiva que sigue siendo la Iglesia en la isla, es el hecho de que de los 1.200 millones de euros fijados como indemnización, que debían haber sido abonados a partes iguales por el Estado y la institución, ésta sólo ha costeado 128, porque las autoridades fijaron en su día la compensación en sólo 300 millones.

Si, como se dice, la cárcel en vez de regenerar fabrica delincuentes, también cabe afirmar que la Iglesia católica de Irlanda ha sido el refugio de la frustración más envilecida. Y aunque otros muchos religiosos no sean culpables, ello no puede ser excusa para argumentar que solo había unos frutos podridos. Endemia o metástasis, el daño es incalculable.

El País.

La locura según Castilla del Pino.

Quijotesca y también un poco de la de todos los días.

Tabula Rasa.

Ese es el título de uno de los cedés que llevo escuchando bastante el último año. El compositor es Arvo Pärt. Para los que gustan de la música antigua como yo, es un lujo poder disfrutar de este tipo de composiciones pero desde un punto de vista morderno.

Polémicas antiguas de la SGAE.

Porque todas las polémicas que llenan las noticias todos los días no son tan actuales como nos creemos.

En el cojunto de la oferta de ocio en las ciudades españolas el teatro comienza a sucumbir ante el cine. Al menos, eso expresa la prensa de la época y afirma la propia Sociedad General de Autores. Ya en 1913 se afirma que la afluencia de espectadores al cine está matando el teatro (nota a pie de página: En cualquier caso, también la prensa se refiere a la crisis del teatro y culpa a la Sociedad General de Autores y a su empeño en cobrar los derechos de autor de la crisis del espectáculo de las tablas.)

Montero, Julio y Paz, María Antonia, “Ir al cine en España en el primer tercio del siglo XX” en Pelaz, José-Vidal y Rueda, José Carlos (eds.) Ver cine. Los públicos cinematográficos en el siglo XX, Madrid, Rialp.

Los nacionalismos.

Esta reflexión de Azúa es interesante para conocer esa “minoría” que puebla el país (los no nacionalistas). Es una pena que este hombre muchas veces en sus artículos se enmarañe en un lenguaje filosófico-vacío.

Razonamientos del Hola.

Una de las cosas que caracterizan al príncipe Joaquín de Dinamarca y a su ex-mujer, la condesa Alejandra de Fredenksborg, es que son dos divorciados muy bien avenidos. Podría decirse que son dos divorciados ejemplares (dentro de lo que de ejemplaridad pueda tener un matrimonio que se rompe, aunque siempre será mejor que una convivencia en continua guerra).

Uno espera leer frivolidades en el “Hola”, pero no cosas tan “sesudas”. :)

Razonamientos taurinos.

DECLARACIÓN DE INTENCIONES.

La fiesta de los toros es víctima de una doble incomprensión. Los que abominan de ella no entienden su sentido. No aspiramos a que lo compartan o defiendan; sólo a que sepan qué se encierra en el ritual cruento y violentísimo de la lidia. Creen los antitaurinos que el torero y el aficcionado sienten un elemental y primitivo placer sádico en el sufrimiento del toro, que imaginan similar al suyo de estar en el mismo trance. En ningún momento pretendo polemizar sobre este punto. Los animales (y los hombres entre ellos) sufren (sufrimos) de mil maneras y por las más variadas razones y sinrazones.

La fiesta de los toros es un rito y un espectáculo en que se conserva toda la violencia de la vida. Es-como se ha dicho-una tragedia en que los actores mueren de verdad. Fuera de la plaza, los toros y los hombres también mueren de verdad, pero esas matanzas no se ofrecen en espectáculo, al menos no se ofrecían hasta que la televisión inventó los realitichóus y los reportajes bélicos y de la naturaleza.

La fiesta de los toros somete a un protocolo rigurosísimo la lucha entre la vida y la muerte. La violencia del animal y del hombre se ciñen a unas normas estrictas. Cuando ocurre en esa lid se juzga como creación artítica, es decir, por la perfección formal con que se ejecuta.

Siempre ha existido en el hombre una atracción por el riesgo que pugna con el instinto de conservación. Desdichadamente, muchas veces esa pasión se ejerce contra terceros o redunda en perjuicio de personas que nada tienen que ver con la cuestión. En Río de Janeiro, por ejemplo, fue moda entre la juventud de las favelas viajar de pie sobre el techo de los vagones de tren, sorteando los cables de alta tensión que alimentan a la locomotora. No faltaban víctimas entre tan intrépidos acróbatas. Más lacerantes son las competiciones atomovilísticas en las vías urbanas (para eso no hace falta ir a Brasil) o las infracciones suicidas: conducir contra dirección, invadir el carril contrario cerca de un cambio de rasante… Estos amantes del peligro aspiran a una efímera y limitada notoriedad entre sus amigos y secuaces. Al fin, como dijo Tulio, “Honos alit artes” (’El reconocimiento social alienta las artes’). La fiesta de los toros, que no es un improvisado ejercicio de temeridad, canaliza esa pasión por el riesgo sin daño de barras. Permite al hombre urbano del siglo XX entablar un contacto simbólico con las fuerzas de la naturaleza y participar en un rito que aúna lo dionisíaco (lo irracional y telúrico, la sangre y la violencia, lo genésico y lo letal) con lo apolíneo (lo reglado y medido, el sometimiento de la razón y la técnica, la transformación de los impulsos vitales en formas que aspiran a ser perfectas).

No sería impertinente decir- parodiando a Napoleón- que, a las cinco de la tarde, en cada plaza de toros se contemplan muchos siglos de historia. Niegan los detractores que la fiesta sea arte o cultura. Sin duda, tienen un concepto idealizado y aséptico de lo que significan estas dos palabras. Cualquiera que haya deambulado algo por las creaciones humanas y por las realidades antropológicas, se ha topado, no ya con lo violento, sino con lo cruel, lo monstruoso y lo abominable.

Los ritos taurinos están lejos de la asepsia de museo. La lidia, como su nombre indica, es una lucha, un enfrentamiento a muerte. Tiene una emoción inmediata porque los espectadores viven vicariamente la tensión y el peligro. Además, se reviste de un significado simbólico que es reminiscencia del camino de la humanidad para dominar las fuerzas naturales. Y, por último, sus lances encierran un sentido técnico: en ellos concurren conocimiento y habilidades, labrados por una tradición secular, que permiten transformar en algo armónico lo que en su origen debió de ser una desesperada reacción del insitinto.

Y aquí nos encontramos con la segunda incomprensión. Muchos espectadores, más o menos fervorosos, pero en ningún caso taurófobos, conocen de forma vaga e imprecisa el significado técnico y el valor simbólico de lo que ven año tras año en las ferias y fiestas patronales de su localidad. Comulgan con el rito, pero desde una fe ciega o, al menos, poco ilustrada. (…)

Felipe B. Pedraza, “Iniciación a la fiesta de los toros”.

Sinceramente, profesor Pedraza, su argumentación no hay por dónde cogerla. Tres citas cultas, una referencia a la antropología y una disculpa para disfrazar el sadismo de la “fiesta” de los toros. Aspiramos a la cultura para domeñar lo salvaje que llevamos dentro. Tenemos un grave problema cuando la cultura se usa para justificar lo injustificable. Que tenemos instintos animales: por supuesto. Que es importante comprenderlos y apaciguarlos: también. Asesinar a una persona, planear una campaña militar, atarse los cordones de los zapatos… Todo eso también puede llegar a ser un arte.

Hastío.

L.S. Lowry, “Industrial landscape”.

WALKING AROUND.

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro el las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras y lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y de mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como un rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

Pablo Neruda, “Residencia en la tierra“.

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